«Madame Bovary», de Gustave Flaubert (1821-1880)

Gustave Flaubert fue un escritor francés nacido en Ruan, Alta Normandía, el 12 de diciembre de 1821. Falleció en Croisset, Baja Normandía, el 8 de mayo de 1880.  

Su novela «Madame Bovary», una de las cumbres de la narrativa decimonónica, es una obra crucial para el realismo francés e influyó en numerosos escritores posteriores. Esta novela –publicada por entregas en «La Revue de Paris» en el otoño de 1856– retrata con crudeza las costumbres de la burguesía francesa, incluyendo el adulterio, motivo por el cual su autor fue llevado ante los tribunales acusado de un delito contra la moral pública y la religión.


La obra de Flaubert, escasa si la comparamos con la de alguno de sus prolíficos coetáneos, destaca por su incansable búsqueda de la perfección formal –(«le mot juste», «la palabra exacta»)– y por una rigurosísima documentación de los temas sobre los que trataba.
 

Además de la novela citada, entre sus obras, cabe destacar las novelas «Memorias de un loco» (1838), «Salambó» (1862), «La educación sentimental» (1869), tres relatos breves publicados con el título de «Tres cuentos» (1877), y dos trabajos editados póstumamente, la inacabada novela «Bouvard y Pécuchet» (1881) y el «Diccionario de lugares comunes» (1913).


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MADAME BOVARY
Gustave Flaubert
Capítulo VII (fragmento)

   El señor Rodolfo Boulanger tenía treinta y cuatro años; era de temperamento impetuoso y de inteligencia perspicaz; habiendo tratado mucho a las mujeres, conocía bien el paño. Aquélla le había parecido bonita; por eso pensaba en ella y en su marido.
   Me parece muy tonto. Ella está cansada de él sin duda. Lleva unas uñas muy sucias y una barba de tres días. Mientras él va a visitar a sus enfermos, ella se queda zurciendo calcetines. Y se aburre, ¡quisiera vivir en la ciudad, bailar la polka todas las noches! ¡Pobre mujercita! Sueña con el amor, como una carpa con el agua en una mesa de cocina. Con tres palabritas galantes, se conquistaría, estoy seguro, ¡sería tierna, encantadora!... Sí, pero ¿cómo deshacerse de ella después?
  Entonces las contrapartidas del placer, entrevistas en perspectiva, le hicieron, por contraste, pensar en su amante. Era una actriz de Rouen a la que él sostenía; y cuando se detuvo en esta imagen, de la que hasta en el recuerdo estaba hastiado, pensó:
   ¡Ah!, Madame Bovary es mucho más bonita que ella, más fresca sobre todo. Virginia, decididamente, empieza a engordar demasiado. Se pone tan pesada con sus diversiones. Y, además, ¡qué manía con los camarones!
   El campo estaba desierto, y Rodolfo no oía a su alrededor más que el leve temblor de las hierbas que rozaban su calzado junto con el canto de los grillos agazapados bajo las avenas; volvía a ver a Emma en la sala, vestida como la había visto, y la desnudaba.
   –¡Oh! exclamó, aplastando de un bastonazo un terrón que había delante de él.
   Y enseguida examinó la parte política de la empresa. Se preguntaba:
  ¿Dónde encontrarse? ¿Por qué medio? Tendremos continuamente al crío sobre los hombros, y a la criada, los vecinos, el marido, toda clase de estorbos considerables. ¡Ah, bah!  dijo , ¡se pierde demasiado tiempo!
   Después volvió a empezar:
  ¡Es que tiene unos ojos que penetran en el corazón como barrenas! ¡Y ese cutis pálido!... ¡Yo, que adoro las mujeres pálidas!
   En lo alto de la cuesta de Argueil, su resolución estaba tomada
    No hay más que buscar las ocasiones. Bueno, pasaré por allí alguna vez, les mandaré caza, aves; me haré sangrar si es preciso; nos haremos amigos, los invitaré a mi casa... ¡Ah!

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