«Te amo, destrúyeme», libro de microrrelatos de Ana Grandal

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.

Los microrrelatos que os ofrecermos a continuación pertenecen al libro «Te amo, destrúyeme».

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AFRODITA
Ana Grandal
Solo la ama un minuto al día. El resto del tiempo la desprecia.

Desprecia su boca caída, su pelo sin gracia, sus ojos siempre apagados, su piel mustia y desvaída, su figura encogida. Cada día, él espera hasta que el sol se pone; ese último rayo moribundo la ilumina con la luz justa, la luz perfecta, la luz que cincela sus rasgos y realza sus colores y la convierte en una diosa.

COBARDÍA
Ana Grandal
Primero se asea ella. Mientras termina de arreglarse frente al espejo del lavabo, él entra en la ducha y se sumerge en el rugiente estruendo del agua que hierve con furia en torno a su cuerpo.
 

Ella aprovecha esos momentos para reprocharle con acritud todos los defectos que han ido conformando su tremenda desilusión. Sabe que no la puede oír.

EL HOMBRE CEBOLLA
Ana Grandal
Aquel hombre enigmático le fascinaba. Mujer valiente, decidió desentrañar su incógnita más profunda. Procedió con tiento, destapando, una a una, las capas con las que él se había protegido, descortezando el espeso blindaje, ahondando cada vez más.

Pero en su corazón no halló nada. En todo ese tiempo, la única verdad que ella encontró fueron sus propias lágrimas derramadas.

LA FELICIDAD
Ana Grandal
Desde que está con él ha dejado de reír. Ella, antes tan risueña, siempre con la carcajada en los labios, escandalosamente alegre. Todos le preguntan, se extrañan. Y ella les repite, una y otra vez, que sí, que es feliz. Muy feliz.

No miente. Él la colma de regalos y atenciones, se preocupa por su bienestar, es generoso en la cama y respetuoso con su intimidad. Y, sobre todo, es honesto: con toda sinceridad, le ha rogado que acalle su risa, cuya estridencia él es incapaz de soportar
.

PARA ACORDARME SIEMPRE
Ana Grandal
En un bonito cuaderno decorado con corazones, ella va pegando pequeños recordatorios de su historia de amor: la entrada de la primera película que vieron juntos, la tarjeta del restaurante en el que disfrutaron de una romántica cena, el folleto del delicioso hotel en la playa donde se alojaron en Semana Santa…
 

Termina de pegar el papel que se le cayó a él inadvertidamente del bolsillo y cierra el cuaderno para no volver a abrirlo jamás. Es un comprobante de compra de una caja de doce condones.
 

Ella toma anticonceptivos orales.