¿Cuál es el origen de la expresión «Las cuentas del Gran Capitán»?

La expresión «Las cuentas del Gran Capitán» se emplea para referirse a las cuentas exageradas, a las hechas de forma arbitraria o las presentadas sin ningún tipo de justificante.

El origen de este dicho está en el enfrentamiento que tuvo lugar entre el rey Fernando II el Católico y don Gonzalo Fernández de Córdoba -el prestigioso militar que pasara a la historia con el sobrenombre de «El Gran Capitán»- a propósito de la II Guerra de Nápoles.

Tras la muerte de Isabel la Católica en 1504, la relación entre
Gonzalo Fernández de Córdoba y el rey Fernando se deterioró considerablemente, si bien lo que provocó la desunión definitiva entre ambos fue que el monarca diese crédito a ciertos rumores que acusaban al militar de haber malversado fondos durante la II Guerra de Nápoles, la cual tuvo como resultado que Nápoles pasase a ser un virreinato de la corona de Aragón.


Según parece, movido por el temor de que el virreinato napolitano pudiese independizarse a causa del enorme prestigio del que gozaba su virrey, Gonzalo Fernández de Córdoba, el rey Fernando decidió hacerle volver a España. Lo de que le pidiese cuentas por los gastos en que había incurrido durante la campaña napolitana no queda tan claro. De lo que sí hay prueba documental es de las cuentas que el heroico militar presentó a su católica majestad, entre las que estaban éstas:
«Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo. Por reponer y arreglar campanas, destruidas de tanto repicar a victoria, ciento sesenta mil ducados».

Y para rematar sus “cuentas”, «El Gran Capitán» no pudo evitar hacer alusión al enorme gasto de paciencia al que se había visto obligado por tener que descender a las pequeñeces del monarca aragonés. A las pequeñeces de un rey a quien él “había regalado un reino”.

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Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar nació en Montilla, Córdoba, el 1 de septiembre de 1453 y falleció en Loja, Granada, el 2 de diciembre de 1515, hoy hace 500 años.

El rey Fernando murió en Madrigalejo, Cáceres, en enero del año siguiente.


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