«La maestra rural», poema de Gabriela Mistral (1889-1957)

LA MAESTRA RURAL 
Gabriela Mistral
A Federico de Onís

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos»,
decía, «de este predio, que es predio de Jesús
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

La Maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel).
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
tal sonrisa, la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor.
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

¡Oh, labriego, cuyo hijo de su labio aprendía
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor
del lucero cautivo que en sus carnes ardía:
pasaste sin besar su corazón en flor!

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste
su nombre a un comentario brutal o baladí?
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste
¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

Pasó por él su fina, su delicada esteva,
abriendo surcos donde alojar perfección.
La albada de virtudes de que lento se nieva
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

Daba sombra por una selva su encina hendida
el día en que la muerte la convidó a partir.
Pensando en que su madre la esperaba dormida
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

Y en su Dios se ha dormido, como en cojín de luna;
almohada de sus sienes, una constelación;
canta el Padre para ella sus canciones de cuna
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

Como un henchido vaso, traía el alma hecha
para volcar aljófares sobre la humanidad;
y era su vida humana la dilatada brecha
que suele abrirse el Padre para echar claridad.

Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta
púrpura de rosales de violento llamear.
¡Y el cuidador de tumbas, cómo aroma, me cuenta,
las plantas del que huella sus huesos, al pasar!

Escuela de la Compañía Baja
donde Gabriela Mistral
trabajó como maestra
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Gabriela Mistral (seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga) fue una poetisa, diplomática, feminista y pedagoga chilena, y la primera iberoamericana premiada con el Premio Nobel.

Su actividad docente comenzó en 1904, con un puesto de profesora ayudante. Por falta de medios económicos, no pudo realizar estudios para obtener el título de maestra, aunque años más tarde, en 1910, convalidó sus conocimientos ante la Escuela Normal, pudiendo así, con el título oficial de «profesora de Estado», ejercer la docencia a nivel secundario. Pese a no haber asistido al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, su valía profesional hizo que fuese contratada para participar en la Reforma del sistema educativo de México. Entre sus postulados pedagógicos estaban la defensa de una educación activa, práctica y creativa, y el otorgar una mayor importancia al papel de la Escuela en la sociedad.


Su consagración poética tuvo lugar en los Juegos Florales de Chile de 1914 con «Los sonetos de la muerte», versos que más tarde aparecieron en «Desolación» (1922). Fue entonces cuando comenzó a utilizar el seudónimo literario «Gabriela Mistral». En 1917 se publica «Selva lírica», una de las más importantes antologías poéticas de Chile, una de las últimas publicaciones en la que utiliza su verdadero nombre.

Gabriela Mistral fue merecedora del Premio Nobel de Literatura por «una obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano». Lo recibió el 10 de diciembre de 1945.

Gabriela Mistral nació en Vicuña, Chile, el 7 de abril de 1889 y falleció en Nueva York, EEUU, el 10 de enero de 1957.

 

Federico de Onís Sánchez (Salamanca,1885 - Puerto Rico,1966) fue un crítico literario e hispanista español, profesor de literatura española en la Universidad de Columbia en Nueva York y fundador del Instituto de las Españas (1920), institución que publicó el primer libro de Gabriela Mistral, «Desolación», que incluye el poema «La maestra rural».

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