«Don Quijote» en la microficción, varios microrrelatos

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


DE CUERPO PRESENTE
Rogelio Ramos Signes
Sólo había tres libros: La Biblia, Don Quijote de La Mancha y Las mil y una noches.
   Para él, el enigma era fácil de resolver y se lo hizo saber al juez de paz con total convencimiento.
   –No sé cómo se llamaba el escritor fallecido –le dijo (al juez de paz)–, pero estoy seguro de que era un microrrelatista
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QUE TRATA DE LA INDAGATORIA AL INGENIOSO CABALLERO DON MIGUEL
José Cardona López
–¿Lugar?
–De la Mancha.
–¿Nombre?
–No quiero acordarme.
–¿Por qué?
–No sé. No quiero.
–¿Apellido?
–Hidalgo
–¿De cuáles?
–De los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…
–Gracias, eso es todo.
–… una olla de lago más vaca que carnero, salpicón las más noches…
–¡Basta!, ¡Basta!
–… algún palomino de añadidura los domingos…
–¡Basta! ¡BAS–TA! Que siga el próximo caballero
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La visión de don Quijote (detalle)
- Goya -

LA CUEVA DE MONTESINOS
Enrique Anderson Imbert
Soñó Don Quijote que llegaba a un transparente alcázar y Montesinos en persona –blancas barbas, majestuoso continente– le abría las puertas. Sólo que cuando Montesinos fue a hablar, Don Quijote despertó. Tres noches seguidas soñó lo mismo, y siempre despertaba antes de que Montesinos tuviera tiempo de dirigirle la palabra.
   Poco después, al descender Don Quijote por una cueva, el corazón le dio un vuelco de alegría: ahí estaba nada menos que el alcázar con el que había soñado. Abrió las puertas un venerable anciano al que reconoció inmediatamente: era Montesinos.
   –¿Me dejarás pasar? –preguntó Don Quijote.
  –Yo sí, de mil amores –contestó Montesinos con aire dudoso–, pero como tienes el hábito de desvanecerte cada vez que voy a invitarte..
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POR VENTURA
Marcial Fernández
Atacó a los molinos de viento. Y cayó herido un gigante.

Don Quijote y los molinos de viento
- José Moreno Carbonero -

PENSABA SANCHO
David Lagmanovich
Concluido el ciclo de sus aventuras, mientras el buen Quijano yacía en espera de la muerte, pensaba Sancho que tanto esfuerzo no debería ser en vano. Se decía: “¿Por qué no habría yo de continuar las hazañas del ingenioso hidalgo? No me lo impiden cuestiones de sangre, pues mi amo me enseñó que cada uno es hijo de sus obras. ¿Osaré proseguir su obra? Tal vez algún historiador futuro hablará de la primera salida de Sancho, el sucesor de don Quijote. Si no fuera tan difícil adelgazar...”.

AÑORANZA DE AQUELLAS LECCIONES CLANDESTINAS
Javier Alonso García-Pozuelo
Por dudar, mi señor, dudo hasta de mi nombre, que ya no sé si es María, Juana o Teresa. Y tres cuartos de lo mismo diríase del apellido. Mas si de algo no dudo, ni lo haré mientras viva, es de que nadie antes me enseñó tanto de la vida como vos me enseñasteis en aquellas noches en que mi Sancho andaba en escuderías con la promesa de ser nombrado gobernador de alguna ínsula.