Novelas ambientadas en Madrid (I)

La relación de 5 novelas ambientadas en Madrid que os ofrecemos a continuación ha sido elaborada con las recomendaciones de varios libreros, escritores y editores que colaboran con CITA EN LA GLORIETA. Podéis saber un poco más acerca de nuestros "recomendadores" pinchando en sus nombres. Las novelas seleccionadas abarcan, más o menos, los últimos cien años de nuestra historia. En próximas entregas de «Novelas ambientadas en Madrid» viajaremos a otras épocas más lejanas (siglo XIX, Siglo de Oro). Muchas gracias a tod@s los que han colaborado en la publicación de esta entrada. Saludos, Fernando Gómez Lamadrid

LA COLMENA
Camilo José Cela
NOTA DEL AUTOR A LA PRIMERA EDICIÓN
 

Mi novela «La colmena», primer libro de la serie Caminos inciertos, no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad.

Mienten quienes quieren disfrazar la vida con la máscara loca de la literatura. Ese mal que corroe las almas; ese mal que tiene tantos nombres como queramos darle, no puede ser combatido con los paños calientes del conformismo, con la cataplasma de la retórica y de la poética.
 

Esta novela mía no aspira a ser más —ni menos, ciertamente— que un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive —en nosotros o de nosotros—; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios.
 

Pienso que hoy no se puede novelar más —mejor o peor— que como yo lo hago. Si pensase lo contrario, cambiaría de oficio.
 

Mi novela —por razones particulares— sale en la República Argentina; los aires nuevos —nuevos para mi— creo que hacen bien a la letra impresa. Su arquitectura escompleja, a mí me costó mucho trabajo hacerla. Es claro que esta dificultad mía tanto pudo estribar en su complejidad como en mi torpeza. Su acción discurre en Madrid —en 1942— y entre un torrente, o una colmena, de gentes que a veces son felices, y a veces, no. Los ciento sesenta personajes que bullen —no corren— por sus páginas, me han traído durante cinco largos años por el camino de la amargura. Si acerté con ellos o con ellos me equivoqué, es cosa que deberá decir el que leyere.
 

La novela no sé si es realista, o idealista, o naturalista, o costumbrista, o lo que sea. Tampoco me preocupa demasíado. Que cada cual le ponga la etiqueta que quiera; uno ya está hecho a todo.


LA COLMENA (fragmento del capítulo II)
Camilo José Cela
… La dueña se ríe por lo bajo con una risita cruel. Hay gentes a las que divierte ver pasar calamidades a los demás; para verlas bien de cerca se dedican a visitar los barrios miserables, a hacer regalos viejos a los moribundos, a los tísicos arrumbados en una manta astrosa, a los niños anémicos y panzudos que tienen los huesos blandos, a las niñas que son madres a los once años, a las golfas cuarentonas comidas de bubas...

«La colmena» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Manu Espada, Valeria Correa Fiz, Sergio Rodríguez, Pedro López Fernández y Antonio Daganzo.

RIÑA DE GATOS (fragmento inicial)
Eduardo Mendoza
Capítulo 1             

4 de marzo de 1936        
 

   Querida Catherine:   
 

   Poco después de cruzar la frontera y de evacuar los enojosos trámites aduaneros, me he dormido arrullado por el traqueteo del tren, porque había pasado una noche de insomnio, acosado por el cúmulo de problemas, sobresaltos y agonías derivados de nuestra tormentosa relación. Por la ventanilla del tren sólo veía la oscuridad de la noche y mi propia imagen reflejada en el cristal: la efigie de un hombre atormentado por el desasosiego. El amanecer no trajo el alivio que a menudo acompaña el anuncio de un nuevo día. El cielo seguía nublado y la palidez de un sol mortecino hacía aún más desolado el paisaje exterior y el paisaje de mi propio espíritu. En estas circunstancias, al borde de las lágrimas, me quedé dormido. Al abrir los ojos, todo había cambiado. Lucía un sol radiante en un cielo sin límites, de un azul intenso, apenas alterado por unas nubes pequeñas, de una blancura deslumbrante. El tren recorría la yerma meseta castellana. ¡España por fin!

RIÑA DE GATOS (fragmento del capítulo II)
Eduardo Mendoza
A Anthony Whitelands siempre le ha gustado Madrid. A diferencia de tantas otras ciudades de España y de Europa, el origen de Madrid no es griego, ni romano, ni siquiera medieval, sino renacentista. Felipe II la creó de la nada estableciendo allí la corte en 1561. Por esta causa, Madrid no tiene mitos fundacionales que se remonten a una oscura divinidad, ni una virgen románica la acoge bajo su manto de madera tallada, ni una augusta catedral proyecta su aguzada sombra en la parte vieja. En su escudo no campa un aguerrido matador de dragones; su santo patrón es un humilde campesino en cuya memoria se organizan verbenas y ferias taurinas.

«Riña de gatos» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Javier Torras de Ugarte y Bego Loza.

Como historiador me siento conmovido siempre que leo cualquier texto que tenga que ver con el pasado, pero más aún cuando éste es tratado no solo con rigor sino también con imaginación y habilidad. «Riña de gatos» es una de esas novelas donde la historia, nuestra historia, cobra vida y los personajes de los libros que estudiábamos en el colegio tienen voz y una personalidad propia… todo ello bajo el prisma del autor y su habitual destreza para la ironía.



TROTERAS Y DANZADERAS (fragmento inicial)
Ramón Pérez de Ayala
I
 

Teófilo Pajares, «el príncipe de los poetas españoles, a cuyo paso debía tenderse por tierra un tapiz de rosas» al decir de algunos diarios de escasa circulación, el autor de Danza macabra  y  Muecas espectrales, bajaba poco a poco y como embebecido en cavilaciones por la calle de Cervantes, cara al Botánico. Era una mañana de otoño; el cielo, desnudo, y la luz, agria. Neblina incierta, de color hez de vino, saturaba sombras y penumbras.
       
Lo primero que se echaba de ver en la persona del poeta Pajares era lo aventajado de su estatura, lo insólito de su delgadez y el desaliño de la indumentaria: desaliño de penuria económica y también por obra de cierto desdén hacia las artes cosméticas. Las botas y los pantalones, en particular, delataban con sañuda insolencia la inopia y desaseo de Teófilo. Sin duda, éste lo echaba de ver, porque, según caminaba con las manos a la espalda y la cabeza caída hacia el pecho, miraba pertinazmente pantalones y botas, y su rostro aguileño, cetrino y enjuto, languidecía con mueca de consternación —una mueca espectral hubiera dicho él—, como si encarándose con aquellas prendas tan deleznables y mal acomodadas a los miembros las motejase de falta de tenacidad ante el infortunio y de adhesión a su amo.

«Troteras y danzaderas» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Álex Chico.
 
«Historias del Kronen», de José Ángel Mañas
Javier Torras de Ugarte
Hace unas semanas Fernando Gómez Lamadrid me pidió que le eligiese cinco novelas ambientadas en Madrid para una entrada de su blog de historia y literatura CITA EN LA GLORIETA. No importaba el género, pero sí me sugirió que las novelas transcurriesen en épocas distintas. Pues bien, ésta, «Historias del Kronen», es la que escogí como novela actual. Algunos pensarán que no es una novela actual y ¿quién soy yo para llevarles la contraria? Pero para mí no perderá jamás ese carácter, esa vigencia, porque su forma de expresar lo que yo veía a mí alrededor cuando era joven fue tan precisa que por momentos parecía tener tintes autobiográficos. Creo que tuvo en mí un efecto similar a «El guardián entre el centeno», salvando las enormes distancias, claro; una radiografía humana de la juventud que vivía y me rodeaba. Y Madrid, mi Madrid, de fondo.


EL AMOR ES UN REVÓLVER CARGADO POR EL DIABLO
(fragmentos)
José G. Cordonié
Imagina que entras en tu casa y te encuentras a tu mujer follando con un payaso. Aunque pienses que se trata de un hecho imprevisto, de algo que no esperas que pueda llegar a ocurrir nunca, en el fondo sabes que existe la probabilidad de que pueda llegar a pasar, como cualquier otra cosa en la vida. Así que imagínate por un momento esa escena, aunque nunca antes se te haya pasado por la cabeza. Digamos que se trata de una probabilidad entre millones de sucesos aleatorios que pueden sobrevenir, pero que de repente sucede, porque el azar, en ocasiones, se presenta de esta manera; de la forma más imprevista que uno ni siquiera es capaz de sospechar.

...

Decido no quedarme a tomar ninguna copa con mis amigos, que se marchan al café Doré, porque siento un cansancio amargo que está comenzando a llenarme de vacío. Cuando me encuentro así, prefiero estar solo. No dar esa parte de mí a aquellos que no tienen por qué soportar mi mal rollo. Y hoy no lo merecen. Tengo el deseo de estar solo y reflexionar sobre cómo debo actuar a partir de ahora en mis días, que necesitan un orden y una organización que perdí desde la marcha de Ella. Busco mi parte más racional para detener el caos y el desgobierno donde me he adentrado sin pretenderlo y que ahora pienso que me gustaría enmendar. Recomponer y arreglar para evitar ser un perdido, un hombre desrumbado avanzando a tientas y sin sentido por la vida en el que, en ocasiones, me parece que me estoy convirtiendo.

Atravieso Atocha y subo por la avenida de la Ciudad de Barcelona. En el smartphone suena How You Went So Far de Frank Black and the Catholics, y me encuentro de frente con la luna llena que cuelga en la noche sobre la silueta de sombra y luz de los edificios.


...

Pongo música.
 

Bakunin se tumba en el suelo junto a mis pies, como una extensión de mi soledad. El salón se llena del sonido de Alice in Chains, Heaven beside you, trayendo la calma a mi marea interior; sosiego y serenidad para desvanecer mi preocupación, que se esfuma muy lentamente.
 

Pienso que, en un momento así, me gustaría estar sentado en la silla de una habitación de hotel frente a una puta desnuda, sólo para preguntarle si cree en Dios. Para nada más.

«El amor es un revólver cargado por el diablo» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Ana Grandal.