Microrrelatos de Rubén Abella - ¡Feliz 2017!

Para despedir un año intensísimo, lleno de experiencias, de proyectos cumplidos y de nuevas amistades literarias, CITA EN LA GLORIETA y TOPmicrorrelatos os ofrecen, por cortesía de su autor, cinco microrrelatos de uno de nuestros más queridos escritores, Rubén Abella, quien precisamente el próximo año reeditará su primer libro de microrrelatos, No habría sido igual sin la lluvia.

¡Feliz 2017!

DUBLÍN
Rubén Abella
Toda una vida de amistad le había enseñado a interpretar los silencios, y Patrick sabía bien que aquel silencio era malo. Desde que llegaron al pub, Sean no había hecho otra cosa que beber y desmenuzar posavasos, y eso no era normal.

—¿Te pasa algo?

Sean miró a su alrededor con recelo. Al comprobar que nadie los oía, se inclinó sobre la mesa y susurró:

—Sheila está embarazada.

—¿Sheila? ¿Tu hija?

Sean hizo un gesto para que bajara la voz y, sin dejar de vigilar el entorno, continuó:

—¡Con quince años! ¿Qué te parece? Y no suelta prenda sobre el padre. Pero ya me enteraré yo, y cuando coja al desgraciado te juro que lo mato.

Los dos amigos quedaron de nuevo en silencio.

Patrick tomó un trago de Guinness y, con aire ausente, se puso a desmenuzar posavasos
.




FILOLOGÍA
Rubén Abella
—Todo lo que se ha contado es mentira —dice don Fabián espantando con la mano una mosca imaginaria.

Tiene cien años y durante la Guerra Civil fue barman en el mítico hotel Florida. Con él están su hijo Diego y un estudiante americano de doctorado que ha venido a verlo desde Massachusetts para que le hable de Hemingway.

—Para empezar, no se alojaba en la habitación 109, sino en la 236.
 

Diego traduce.

Don Fabián cuenta que, con todo lo grande que era, Hemingway se asustaba como un niño con el tableteo de las ametralladoras, y que no fue con Martha Gellhorn con quien tuvo un romance en el hotel, como se ha creído siempre, sino con un torero gringo llamado Franklin.

Diego traduce.

—No me mire con esa cara, joven. Los vi besarse en el ascensor.

Después de traducir la última frase, mientras el americano, visiblemente complacido, toma nota en un cuaderno de hojas amarillas, Diego se vuelve hacia don Fabián y le dice muy serio:

—Esta vez se ha superado, padre
.





HABLA CON NORMA
Rubén Abella
Solo en el cuarto de estar, Plácido escucha Habla con Norma, un consultorio radiofónico para atribulados insomnes. A través de las ondas, una mujer al borde del llanto se duele de la infeliz relación que mantiene con su esposo.

—Hace mucho que he dejado de quererlo —dice—. Estoy decidida. En cuanto cuelgue el teléfono, lo abandono.

Plácido piensa con satisfacción en lo bien que les va a él y a Dolores. No hablan mucho, las cosas como son, pero nunca discuten y hacen el amor casi a diario.

Bosteza. Mira el reloj. Apaga la radio. Se levanta del sillón y va hacia el dormitorio. Encuentra a Dolores sentada en el borde de la cama, llorando, con el teléfono aún en la mano
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010

SEGURIDAD
Rubén Abella
Los padres salieron y los niños aprovecharon su ausencia para convertir la casa en una película del Oeste. Tras varias escaramuzas sin víctimas en el cuarto de estar y en el pasillo, los confederados, superados en número por los siux, entraron al galope en el dormitorio paterno y se ocultaron bajo la cama. Esperaban el próximo ataque cuando Daniel se fijó en la caja de zapatos. La abrió y halló un revólver, más grande y mucho más pesado que el suyo.

—Con esto no hay quien nos gane —se dijo, maravillado por el hallazgo.

Emergió de su escondite girando sobre sí mismo, se puso de rodillas, alzó el arma con las dos manos y disparó a quemarropa a su hermana Patricia, que en ese momento irrumpía en la habitación lanzando gritos de indio
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010

SOS
Rubén Abella
Durante los cuartos televisados de la Nochevieja, al final de una cena atroz, llena de insultos y amenazas, Manuel perdió los estribos y descargó sobre Ruth una bofetada tan brutal, que la despegó de la silla y la lanzó volando como un muñeco contra el aparador. Luego agarró el cuchillo de trinchar el pavo y, fuera de sí, se abalanzó sobre ella para matarla.

Ruth esquivó el ataque por los pelos. Se levantó como pudo, salió dando tumbos del comedor y, mientras la televisión daba pausadamente las doce, se encerró con llave en el dormitorio. Manuel se puso a aporrear la puerta. Ruth abrió la ventana y pidió ayuda, pero para entonces ya había empezado el ceremonial de los cohetes y las tracas de petardos, y nadie oyó sus gritos en el fragor de las detonaciones. Desesperada, probó suerte con un recurso de urgencia. Acercó la lámpara de la mesilla a la ventana y, accionando el interruptor, lanzó a la noche un SOS.

Nicolás estaba con Dulce María y su hijo de tres años en el balcón, encendiendo la mecha de un cohete, cuando se fijó en las señales parpadeantes. Las interpretó como otra modalidad del festejo y en cuanto tuvo las manos libres se unió a ellas con una linterna de pilas. Otros vecinos siguieron su ejemplo. En cuestión de segundos las fachadas se llenaron de luces que se apagaban y se encendían, y la calle se convirtió en una gran antorcha, un sobrecogedor firmamento improvisado que refulgía de emoción por la llegada del Año Nuevo
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Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010



Rubén Abella (Valladolid)
es licenciado en Filología Inglesa y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. En 2011 publicó Baruc en el río. California (2015) es su cuarta novela. Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias sobre diversas materias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.