Biografía de Carlos I de España (III Parte), por Víctor Fernández Correas

Os ofrecemos el tercer capítulo de la vida del emperador Carlos I de España y V de Alemania, cuya biografía publicamos por cortesía del escritor extremeño Víctor Fernández Correas, autor de las novelas La conspiración de Yuste y La tribu maldita.


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GUÍAS LLAMADOS A DIRIGIR UNA VIDA
Víctor Fernández Correas
En la anterior entrega dejábamos al futuro Emperador disfrutando de su collar de la Orden del Toisón de Oro. Con el collar, pero sin trono, que se quedó su tía Margarita de Austria. Al crío le quedaba mucho por aprender hasta convertirse en lo que fue después. Y en ello tuvo mucho que ver la aparición de un personaje singular. Una de esas personas llamadas a ser el guía encargado de la formación de otra. En el caso del pequeño Carlos ese papel lo cumplió Guillermo de Croy, señor de Chièvres.

Que fue tela. Pero tela, telita.

—¿Y ése es el sustituye al Príncipe de Chimay, que Dios tenga en su gloria? —preguntó un tipo de la Corte a otro en voz baja. Ambos asistían a una demostración de clavicordio a cargo del pequeño Carlos y de su hermana Leonor.
—Es su primo —respondió, con idéntico tono de voz y encogiéndose de hombros, el que informó al otro de la identidad del nuevo chambelán del pequeño.
—Miedo me da… —aseguró el primero.
—¿Sólo a vos?

El segundo advirtió con un codazo al primero, que acompañó alzando la barbilla en una dirección. Los ojos del advertido se centraron en la figura de un tipo que aplaudía cada poco las maniobras del pequeño Carlos con el clavicordio. Decoraba su faz una sonrisa insana, interesada; la misma que dedicaba a los de su alrededor, a los que hacía partícipes de algún comentario.

—Me dicen que le ha sorbido tanto el seso que incluso duerme en su cámara —informó nuevamente el segundo al primero.
—¿A tanto llega?
—Según parece, por si necesita cualquier cosa —dijo el que llevaba la voz cantante de la conversación. Luego, carraspeó—: para servirle mejor, explica a quien quiera escucharle.

La escena sucedía en el palacio de Margarita de Austria en Malinas. El pequeño Carlos se desenvolvía a la perfección con el clavicordio, como también demostraba su hermana Leonor. Los ojos de todos los asistentes se concentraban en las dos pequeñas figuras que arrancaban notas musicales a sus instrumentos. Menos los de los protagonistas del anterior diálogo. Conocían el percal.

Y el percal no era ninguna tontería. Interesado, hábil, inteligente y con unas ansias de poder que no cabían en él, Guillermo de Croy se encargó de modelar la figura del pequeño Carlos desde el punto de vista político hasta que alcanzó la mayoría de edad. Lo que ocurrió a los 15 años, cuando lo establecido eran los 16. De Croy se las arregló para convencer al abuelo de la criatura y tío de la regente Margarita para que adelantara dicha mayoría de edad. A cambio, alegró los bolsillos de Maximiliano con una sustanciosa ayuda a cargo de los Estados Generales de Flandes. Maximiliano, tan contento, y no menos el del Croy. Que era la persona que, ojo al detalle, controlaba dicho órgano de poder. Para ir conociendo el pelaje del fulano.

Y es que ahí residía el temor de los dos cortesanos del diálogo inicial. No sólo las ansias de poder de Guillermo de Croy eran de sobra conocidas, sino más su manera de proceder, envenenada por la codicia. De la que no tardarían en saber en Castilla, sin ir más lejos, ya con Carlos gobernando y Guillermo de Croy convertido en su privado —el único que tendría el Emperador en toda su vida—, frotándose las manos. No era poco lo que estaba por llegar. De lo que hablaremos en la siguiente entrega
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© Víctor Fernández Correas

Carlos I de España
- Bernard van Orley -

Víctor Fernández Correas nac en 1974 y le dio por empezar a escribir a eso de mediados del año 2000, que fue cuando ganó un certamen de relato corto en su pueblo, Valverde de la Vera (Cáceres). Repitió al año siguiente y también ganó. Y asimismo fuera de su pueblo –por ver si sonaba la flauta-, como le ocurrió con el Primer Certamen de Relato Corto «Princesa Jariza» de Jaraíz de La Vera en ese mismo 2001. En 2008 se publicó su primera novela, La conspiración de Yuste, editada por La esfera de los libros. Cuatro años después, en 2012, volv a aparecer en el mercado literario con La tribu maldita, editada por Temas de hoy (Editorial Planeta). Hace unos meses terminó una tercera pendiente de publicar y ahora está con una cuarta encima de la mesa. También ha colaborado en la antología Cervantes tiene quien le escriba, editada por Ediciones Traspiés en 2016, con el relato «La del alba fue».



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