Reseña de «Manual para mujeres de la limpieza», de Lucia Berlin, por Rubén Abella

PROFUNDA NOCHE OSCURA
Rubén Abella
Cuando me preguntan por mis lecturas, suelo establecer una distinción entre los autores que admiro y aquellos por los que, como escritor, siento envidia. Lucia Berlin —junto con Faulkner, Shakespeare o Rulfo, por poner otros ejemplos— está sin duda en la segunda categoría. ¿Por qué? Pues porque es una escritora fuerte, como diría Harold Bloom. Es lúcida, carece de fisuras y tiene una potentísima pegada estética. Por si eso fuera poco, en ningún momento se aparta de lo humano. Dicho de otra forma, la envidio porque es la encarnación —una de varias posibles— de lo que para mí es un Escritor con mayúsculas.

Lo que viene a continuación es un análisis personal de “Inmanejable”, uno de los cuentos incluidos en su magnífico libro Manual para mujeres de la limpieza. Pero la conclusión a la que llego es aplicable, creo, al conjunto de su obra.

 
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El arranque de “Inmanejable” es una introducción perfecta al universo narrativo de Lucia Berlin:
En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados. La mujer palpó debajo del colchón; la botella de medio litro de vodka estaba vacía. Salió de la cama, se puso de pie. Temblaba tanto que tuvo que sentarse en el suelo. Respiraba agitadamente. Si no conseguía pronto algo para beber, le darían convulsiones o delírium trémens.
Destaca en la primera frase el contraste entre lo metafórico, en este caso con claras connotaciones religiosas (la profunda noche oscura del alma), y lo concreto (las licorerías y los bares cerrados). Este choque conceptual hace que el lector entienda de inmediato el infierno en que vive la protagonista. No se puede decir más con tan pocas palabras. El resto del párrafo es una elaboración, una lacónica acumulación de detalles que apuntalan la impresión inicial.
 

Son las cuatro de la mañana. La mujer, temblorosa, hace cálculos. A las seis abre la licorería Uptown de Oakland. Caminar hasta allí le llevará unos cuarenta y cinco minutos. Le da tiempo, estima, a ir y volver antes de que se despierten sus hijos. El infierno se hace más crudo, más ardiente si cabe. La mujer, nos damos cuenta, sufre su adicción a escondidas en un entorno doméstico inocente.

Mientras se prepara para salir, la mujer abre el bolso y descubre que no tiene dinero. Alarmada, busca en el bote del escritorio, en los bolsillos del abrigo, en un cajón de la cocina, en los bolsos que tiene en el ropero. Al final logra reunir los cuatro dólares que el dueño de la licorería cobra por una botella de media pinta a esas horas. Sale a la calle preguntándose si logrará llegar a su destino. Camina con dificultad, concentrándose en las grietas de la acera para mantener el equilibrio, apoyándose en los arbustos y los troncos de los árboles.

Cruzar las calles era aterrador, parecían tan anchas, con sus luces parpadeantes: rojo, rojo, ámbar, ámbar. De vez en cuando pasaba una furgoneta de ATESTADOS, un taxi vacío. Un coche de policía a toda velocidad, sin luces. No la vieron.
“Apreciad los detalles, los divinos detalles”, aconsejaba Nabokov en sus clases de escritura. Una furgoneta de atestados, nos dice Berlin. Un taxi vacío. Un coche de policía sin luces… Más adelante, cuando la mujer llega por fin a la licorería, el dueño le hace contar el dinero sobre el mostrador solo para darse el gusto de ver cómo tiembla. La crueldad encapsulada en un gesto. Es improbable que Nabokov leyera a Berlin. Le habría gustado: su narrativa es una celebración del detalle.

En “Inmanejable”, como en el resto de los cuentos incluidos en Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin muestra una enternecedora piedad con las debilidades de sus personajes, con las suyas propias y, por extensión, con las de todos nosotros. Dueña de un estilo llano y esencial, poderosamente efectivo, la autora explora con desgarradora lucidez los rincones más penumbrosos de nuestra naturaleza, la profunda noche oscura de nuestra alma
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Rubén Abella © 2017

Fuente de las citas:

Lucia Berlin. Manual para mujeres de la limpieza. Alfaguara, 2016


Ruben Abella (Valladolid, 1967)
Fotografía: Rosa Jiménez
es licenciado en Filología Inglesa y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. En 2011 publicó Baruc en el río. California (2015) es su cuarta novela. Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias sobre diversas materias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.


Encuentro con María Fasce, editora de Lucía Berlin en la Librería MUGA (Madrid)

Lunes 6 de marzo, 19.30 horas.


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