«Luna de perigeo», libro de microrrelatos de Elena Casero Viana

Os ofrecemos, por cortesía de su autora, cinco de los microrrelatos incluidos en el maravilloso libro «Luna de perigeo», de Elena Casero Viana, publicado recientemente por la editorial ENKUADRES.

Espero que os gusten tanto como a mí,

Un abrazo, Javier Alonso García-Pozuelo.


CUADERNO DE CAMPO
Elena Casero Viana
A lo largo de mis años de estudio he demostrado que cada sujeto percibe la realidad según determinados niveles cerebrales y sensoriales. A través de los cinco sentidos logramos distintos estímulos. En este punto no voy a entrar en mayores consideraciones.

Habiendo avanzado que me dedico en cuerpo y alma a la ciencia, comprenderán que mi imaginación no suela desbordarse con facilidad.

Sin embargo, he de reconocer, aunque no desee probarlo científicamente, que cuando acompaño a mi hijo menor a cazar mariposas por los prados que rodean la casa, siento, percibo y disfruto de una extraña sensación de ingravidez. Unos instantes que pueden compararse, en mi caso particular, con cualquier pequeño avance científico en mi laboratorio.

Me dejo llevar porque sé que son las endorfinas las que están segregando su sustancia para que la realidad que veo (dos personas, una más mayor que la otra con un cazamariposas corriendo tontamente por un prado) es absolutamente absurda.

Y, como les decía, aunque sea poco científico, y jamás lo reconoceré por escrito, la  sonrisa de mi hijo me produce un peculiar estremecimiento, un calorcillo interior similar a eso que los poetas y los escritores dan en llamar ternura
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INCOMPRENSIÓN
Elena Casero Viana
Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, como lo he hecho todo por ti. Pusiste cara de susto, pero te duró poco tiempo. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te podía ver, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Entonces te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, que parece hecho de productos abrasivos, de los que arañan el corazón. Te cambiaste de ropa, te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.


LA SOMBRA DE LUISA
Elena Casero Viana
A la Luisa la seguía, más que nadie,  su propia sombra. Andaba el sol pendiente de sus movimientos, fiel a sus pasos, colgado de su perfil de moño altivo, atado como un perrito blanco y dócil a su cuello de cisne. Las miradas ajenas vagaban, indecisas,  entre sus pechos como remates agrestes y su talle imposible.

La Luisa clavaba el taconeo sobre la acera, corto, seguro. La falda, bien prieta al cuerpo, rompía alientos, anestesiaba conciencias y  trastornaba las entendederas. Ella caminaba indiferente, con la vista lejana, desoyendo los piropos.

Así era la Luisa, la mujer más guapa de mi barrio. Aunque algunas, por purita envidia, cuchicheaban a sus espaldas y susurraban su nombre, comiéndose, con la peor idea del mundo, la última de sus letras
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NUEVAS TECNOLOGÍAS
Elena Casero Viana
Una vez al mes, sin previo aviso, el cielo se ensombrece. Es la señal para que los habitantes del pueblo, como si fueran autómatas, salgan a la calle. Unos, muy sonrientes, llevan mantas y pequeños capazos de mimbre. Otros, con el semblante serio, tan sólo lo puesto. Todos, acompañados de familiares, amigos y vecinos, se reúnen en la plaza formando una masa compacta. Con la cabeza levantada hacia el cielo observan con curiosidad el movimiento de los mensajeros. Estos, en dos grupos, descienden lentamente con un ronroneo metálico que cubre el expectante silencio.

Los drones más pequeños dejan caer en los capazos el hatillo blanco que sujetan entre sus patas metálicas. Los más grandes alzan el vuelo llevándose a los enfermos y a los más  ancianos.  Una vez cumplida la misión, los mensajeros desaparecen y el cielo vuelve a brillar. La gente regresa a sus hogares hasta el mes siguiente. Si alguien dirigiera su mirada hacia el portal de la iglesia, podría ver a la parca llorando desconsolada. Y a las cigüeñas encaramadas en sus nidos del campanario crotorando de pena
.



ERA UN DÍA DE ESOS
Elena Casero Viana
La luz apacible. Tímida. El aroma del primer café de la mañana. La contemplación del inicio de la vida en las calles del barrio.

Los sonidos familiares: la salida apresurada de la vecina con los niños. El ladrido afónico del perrillo de Carmen. El chirrido de los hilos del tendedero de la del quinto.  La primera llamada para entrar al colegio de la esquina. “Do-mi-sol-do. Do-sol-mi-do”. El mismo acorde que suena en el teatro antes de comenzar un concierto.  Esos momentos de soledad calmada.

Era, sí, un día de esos que apenas duraban, que se repetían escasamente. Uno de esos en los que ella no salía de casa, que gustaba de permanecer envuelta en el silencio, sin escuchar la radio, ni ver la televisión, hasta la tarde.

Un día de esos en los que la luz va dando paso a una penumbra angustiosa, lentamente, como un collar frío de perlas que ahoga el cuello, hasta que el silencio se rompe de manera abrupta con el ruido de una llave en la cerradura
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Elena Casero Viana (València, 1954) es técnico de Empresas Turísticas y jubilada parcial en la multinacional Ford España S.L, aunque hubiera preferido ser músico. Hasta la fecha ha publicado Tango sin memoria (Mira Editores, 1996; reeditado en 2013 por Talentura Libros); Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004); Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009); Discordancias (Talentura Libros, 2011); Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), y Luna de perigeo (Enkuadres, 2017). Ha colaborado también en distintos libros colectivos de relatos, publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores, La Esfera Cultural o Generación Bibliocafé.