Reseña de “Adiós, princesa”, de Juan Madrid

RESEÑA de «ADIÓS, PRINCESA» (Ediciones B, 2008) de JUAN MADRID, por
Rafael Guerrero
Juan Madrid se parece mucho al escritor de culto norteamericano Henry Miller. Y no solo en el estilo literario que manejan sin florituras, brusco, directo, a veces sórdido y las más tierno sin ternura aparente; sí, pero que también se dan un aire en el aspecto físico, en la pose, en las gafas, en las facciones esculpidas de sus rostros jodidos, cabreados, asumidos a regañadientes de los que sacan buen partido los fotógrafos de las editoriales para las contraportadas de sus obras. Dos tíos serios, de una pieza, uno de Málaga y el otro del Imperio, que se regodean en lo chusco por si hubiera belleza, un poco de belleza allí.

Como el personaje de Antonio Carpintero, alias Toni Romano en recuerdo al gran púgil italoyanqui Rocky Marciano, me tengo por un buen fisonomista (me tengo por tantas cosas que alguna será verdad) y por eso me atrevo a decir que el autor de ‘Adiós, princesa’ y el de ‘Trópico de Cáncer’ intercambian sus caretas, miserias y puñetazos, aunque ellos no lo sepan. Ya vendrá otro articulista a refutar esto.

El tal Carpintero-Romano, tan ficticio que te lo puedes encontrar en cualquier esquina del Foro interpretando a su creador, es un exboxeador (Juan lo fue como aficionado), expolicía de noche, excobrador de impagos, detective sin licencia a sueldo de un abogado chungo como todo abogado que se precie, portero de discoteca, que le ha lanzado a la fama y a la mierda —ambos destinos a su pesar, aunque no se queje demasiado de ello— en una saga de novelas policiacas, reciente padre ausente de un muchacho crecido y problemático al que sacará las castañas del fuego por que los genes son los genes y la conciencia aún peor, rojeras trasnochado por vocación, coherencia y dejadez, sospechoso en cualquier asunto que huela a podrido en el mismo centro del Madrid más hondo, presunto buen tipo, un duro de confianza, seguramente junto a su pistola, sus heridas y su hartazgo.

Es, además, uno de los antihéroes más sólido de la narrativa española de género, un claro ejemplo de que envejecer en esta profesión desgasta más que envejecer en la vida. El individualismo en el que se curtió ya no juega a su favor; ante las bandas criminales organizadas y encorbatadas el ímpetu de lobo solitario se torna en poco más que gimoteo de perro apaleado. Con la honradez en los bolsillos apenas logra sobrevivir, no es competitivo, no se forra, no consume, no sirve al sistema y el sistema le pega donde más duele. Aunque todavía le quedan muelas sanas, ojo.

Así que, este perdedor orgulloso secretamente de serlo pulula por el libro porque su discurrir se lo escribe otro. Él preferiría ejercer de exprotagonista pues a estas alturas de la derrota no se tiene por nadie ni quiere ser nadie y por eso es tan de verdad en todo lo que hace y dice y rompe y calla y perdona. A sí mismo no, no se perdona, pero ha aprendido a sobrellevarse de tasta en tasca, de caso en caso, de princesa en cadáver.

Con estos mimbres deshechos, “¿Qué pasaría si una joven promesa del periodismo conociera a un príncipe y soñara con ser princesa? ¿Y si esa joven tuviera un pasado turbio? ¿Y si fuera asesinada? Cuando la presentadora de telediario Lidia Ripoll aparece muerta, Antonio Carpintero se ve obligado a hacerse todas esas preguntas. Su amigo el escritor Juan Delforo ha sido acusado del crimen. El diario de la periodista lo incrimina en el caso y la investigación policial señala a Carpintero como posible cómplice. Desde la cárcel, Delforo buscará la ayuda de Toni. Pero el escritor no es quien Toni ha creído durante todos estos años. De hecho, nada ni nadie es lo que parece y Toni Romano tendrá que descubrir quién está detrás de las redes de poder y de influencia”. Hete aquí el meollo de ‘Adiós, princesa’. Buena les espera a Toni y al lector, doy fe.

Y claro, a mí también me gustaría parecerme a Henry Miller (en París o en el Big Sur), aunque bastante más a mi compadre Juan Madrid, en Malasaña, en Esparteros, en sus relatos, en su compromiso con la novela negra, con lo negro en realidad. Con la realidad al fin y al cabo, porque para Toni, Antonio y Juan la memoria es una invención, como el futuro. De ahí que sus últimas apariciones suenen a leyenda del que desea marcharse y desea quedarse.


Esta reseña ha sido escrita por Rafael Guerrero para la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013) y Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015).