Reseña de «El domador de leones», de Camilla Läckberg

«LA HEREDERA», por
Antonio Parra Sanz
Es posible que Camilla Läckberg se haya convertido en una de las herederas de aquella narrativa nórdica que sorprendió a Europa hace ya algunos años, tras el camino que abriera Henning Mankell y que iluminara con sus fuegos de artificio Stieg Larsson. El caso es que, entrega tras entrega, es lo que parece traducirse leyendo las novelas de esta autora, en las que reúne las andanzas de la escritora e investigadora Erika Falck y su marido, el policía Patrick Hedström.

En este caso, el hallazgo de una niña que lleva un tiempo desaparecida es el hecho que desata todas las alarmas y pone en marcha una trama en la que se hablará de mucho más que de niñas raptadas.
Läckberg no renuncia, como no suele hacerlo ninguno de los autores nórdicos del género, a regalarle al lector todo tipo de detalles escabrosos, tales como las lesiones que se encuentran en el cuerpo de la pequeña Victoria, pero a ratos esa crudeza hasta parece necesaria, sobre todo porque al ir avanzando en la lectura, esos detalles nos llevarán a comprender una serie de aspectos fundamentales del argumento.



Siguiendo con más rasgos habituales, la investigación transcurre por unas pautas tranquilas, a ratos quizá demasiado, mientras Patrick lidia con un superior un tanto incompetente. De forma paralela, Ericka visita a una mujer acusada de haber asesinado a un marido del que no quiere hablar, y que sometió a la hija de ambos a una existencia verdaderamente espantosa.

Pero los mimbres nórdicos no terminan ahí, ni mucho menos, hay algunos rasgos que no podían faltar, y uno de ellos es la familia, a la que
Camilla Läckberg da siempre una importancia capital en sus novelas. Ericka y Patrick no son una simple pareja que a veces converge profesionalmente, son los pilares de un proyecto en común, cuyos tres hijos les pondrán más de una vez a prueba. Esos niños aparecen puntual pero inevitablemente en la novela, y quizá aumenten su presencia para hacer así más patente en el lector el contraste con el caso de las niñas desaparecidas.

Con todo ello, la novela va marchando hasta arrancarse a correr en el último tercio, y sin renunciar tampoco a otro de los temas que late casi siempre, en mayor o menor medida, en las páginas de estos autores: la sombra de los malos tratos. En ese tercio final todo se apresura, los nombres sospechosos parecen no serlo, y
Camilla Läckberg echa el resto para ir aproximándose a un final que no hace más que confirmar lo expuesto al inicio, que se está ganando novela a novela el título de gran heredera nórdica.


Esta reseña ha sido escrita por Antonio Parra Sanz para la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.


es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES “Mediterráneo” de Cartagena, profesor de Escritura Creativa en ISEN Centro Universitario. Crítico literario del suplemento cultural Ababol, del diario La Verdad, miembro del Grupo Promotor del Proyecto Mandarache de Jóvenes Lectores y también del ELACT (Encuentro Literario de Autores en Cartagena). Es uno de los organizadores de Cartagena Negra (CTN). En su blog http://gomesycia.blogspot.com.es/ ejerce la crítica literaria y desgrana la actualidad con artículos de opinión. Ha publicado las novelas Ojos de fuego y La mano de Midas (ambas de la serie del detective privado Sergio Gomes), Apocalipsis 17,1 y Acabo de matar a mi editor. Es autor de los libros de relatos Desencuentros, El sueño de Tántalo y Polos opuestos. Es autor también del volumen de artículos La linterna mágica, y del ensayo Tres heridas (Aproximación didáctica a la Antología poética de Miguel Hernández), así como del guión cinematográfico Mala reputación. En 2017 ha publicado Butaca de patio (MurciaLibro) y Cuentos suspensivos (La Fea Burguesía)