Ejecuciones públicas en la historia de Madrid (III), por Pablo Aguilera

Os ofrecemos la III parte de un interesantísimo artículo sobre los métodos y lugares de ejecución pública en Madrid a lo largo de su historia. Lo ha escrito para CITA EN LA GLORIETA Pablo Aguilera, miembro fundador de LA GATERA DE LA VILLA, una iniciativa sin ánimo de lucro que publica una revista gratuita sobre historia y urbanismo de Madrid.

Un fuerte abrazo,

Javier Alonso García-Pozuelo


Diseño: Pedro López Carcelén

EJECUCIONES PÚBLICAS EN LA HISTORIA DE MADRID (III parte)
Pablo Jesús Aguilera Concepción
Camino al cadalso

Como parte del ritual que conllevaba la aplicación de la pena de muerte figuraba el de obligar a los reos a vestir un determinado atuendo conforme al tipo de muerte que debía sufrir y al delito cometido.

«Era la hopa negra en las ejecuciones de garrote, y blanca con birrete azul en las de horca, pagando éstas la Caridad y Paz y obsequiando con las otras a los condenados y el cabildo y Ayuntamiento de Madrid.»20
«Enseguida, la cofradía vulgarmente dicha de la Paz y Caridad recibe al reo, que vestido de una túnica y un bonete amarillos»21
«[…] el condenado a muerte por traidor llevará atadas las manos a la espalda, descubierta y sin cabello la cabeza y una soga de esparto al cuello. El asesino llevará túnica blanca con soga de esparto al cuello. El parricida llevará igual túnica que el asesino, descubierta y sin cabellos la cabeza, atadas las manos a la espalda y con una cadena de hierro al cuello, llevando un extremo de ésta el ejecutor de la justicia, que deberá preceder cabalgando en una mula. Los reos sacerdotes que no hubieran sido previamente degradados llevarán siempre cubierta la corona con un gorro negro.»22

En su último viaje acompaña al reo una variopinta procesión en la que forman frailes, hermanos de cofradías dedicadas a la asistencia y consuelo de los condenados, autoridades civiles y miembros de las fuerzas encargadas de mantener el orden. La muchedumbre se apiña a su paso por las calles y observa desde sus casas su lenta marcha.

«Un pueblo entero obstruye ya las calles del tránsito. Las ventanas y balcones están coronados de espectadores sin fin, que se pisan, se apiñan, y se agrupan para devorar con la vista el último dolor del hombre»23

El paisaje sonoro que envuelve a la lúgubre comitiva lo conforman los gritos de la multitud, el rezo monótono de los frailes que prestan auxilio espiritual al condenado, el repique de la campanilla que un limosnero agita pidiendo “por el alma del que van a ajusticiar” y la voz del pregonero que, de tanto en tanto, proclama el nombre del delincuente, su causa y la pena impuesta.

«Al salir el reo de la cárcel, al llegar al cadalso, y a cada doscientos o trescientos pasos en el camino, publicará en alta voz el pregonero público el nombre del delincuente, el delito por el que se le hubiere condenado y la pena que se le hubiere impuesto.»24

Garrote Vil
- Ramon Casas -
(1894)
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

No siempre se seguía la ruta más corta al cadalso, si no que el condenado en ocasiones era paseado por la ciudad a modo de escarnio. Expresiones recogidas en las sentencias como “[…] Manda que con soga al cuello y pregón sea llevado por las calles públicas […]”, “[…] y puesto sobre una bestia de enjalma y llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que diga su delito […]”, “[…] condeno a que sea llevado por las calles públicas de esta ciudad, caballero en una bestia de albarda y con voz de pregonero que manifieste su delito, sea llevado al […]” reflejan esta práctica cruel.

Cuando el patíbulo distaba de la cárcel el reo no marchaba andando, sino que lo hacía montado en alguna caballería, que según fuera su estatus social, podía tratarse de un caballo o de un borrico. En el caso de que el ejecutado perteneciera a alguna familia importante o de recio abolengo solía adornarse el cadalso.

«Eran conducidos los reos al patíbulo en otro tiempo en caballerias; para lo cual embargaba el verdugo con frecuencia, cuantas hallaba, especulando con su rescate25: los villanos en burro, los nobles é hidalgos en mula con gualdrapa de bayeta negra, teniendo éstos el privilegio de [...] que se enlutase el cadalso y se expusiese el cadáver con blandones, si los parientes lo solicitaban; estos honores patibularios se estimaban mucho por las familias y poco por los reos.»26

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20. “El Liberal”, 13 de abril 1885. 
21. “Un reo de muerte”, de Mariano José de Larra. 
22. Código Penal de 1822, Artículo 40. 
23. Mariano Larra, Op. Cit.
24. Código Penal de 1822, Artículo 42. 
25. “Muchos de estos asnos que sirvieron á un ahorcado trajeron segun el vulgo muchísimas desgracias á sus dueños.  Algunas doncellas no se casaban porque alguien de su familia habia comprado estos asnos. Tales inconvenientes dieron ocasiona que se promulgara una ley por la que se ordenaba el cortar las orejas todos los asnos de que se habia servido el verdugo, quedando por cuenta del Estado la manutencion de los mismos” (“Misterios de la Inquisicion de España, por M. V. de Féréal”). 
26. “El Liberal”, 13 de abril 1885.

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es aficionado a la música y a la historia, socio fundador de la desaparecida asociación "Amigos del Foro Cultural de Madrid" y de la revista cultural "La Gatera de la Villa". 

Además de diversos artículos sobre la historia de Madrid, es autor del libro El levantamiento del 2 de mayo de 1808.