El Madrid de Carlos III: Del ¡Agua va! a las chocolateras de Sabatini

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en Onda Madrid

El Madrid de Carlos III: Del ¡Agua va! a las chocolateras de Sabatini
Javier Alonso García-Pozuelo

1. TREINTA AÑOS DE REINADO DAN PARA MUCHO
 

Tras fallecer Fernando VI, su hermanastro, Carlos III, deja el trono de Nápoles y regresa a la España que le viera nacer en 1716. El 9 de diciembre de 1759, Carlos III entra en un Madrid en el que seguía imperando la secular costumbre de arrojar a la calle desde las viviendas, desperdicios, orina y aguas fecales, inmundicias todas ellas que se recogían -con mucha menos frecuencia de la deseable- por carromatos. Eso cuando el tiempo era seco, porque en época de lluvias lo común era empujarlas mediante tablones arrastrados por mulas hacia los arroyos que terminaban en el Manzanares.

El Madrid que
Carlos III pisó aquel diciembre de 1759 era una ciudad de suelos enfangados, un Madrid prácticamente sin alcantarillado, estercolero en el que las piaras de cerdos campaban a sus anchas por calles en las que sobraban inmundicias que llevarse al hocico, un Madrid cuyo aire, en palabras de un noble canario que se instaló en la Corte en 1736, 
era tan insano que incluso descomponía la plata, ennegreciéndola como si fuera hierro
un Madrid, en definitiva, que con razón se había ganado el título de Corte más desaseada de Europa.

Curiosamente parte del vecindario de aquel Madrid del XVIII creía que el efecto sobre la atmósfera de la basura que infestaba las calles era beneficioso, ya que disminuía los efectos nocivos del frío aire de la sierra del Guadarrama, ese aire que, aunque no apagase un candil, era capaz de matar a un gigante.

Nada más instalarse en ese Madrid sucio, hediondo y atrasado, el déspota ilustrado llegado de la cosmopolita Nápoles tomó la determinación de dignificarlo y convertirlo en una ciudad moderna y saludable a la altura de las grandes capitales europeas.

 
Partida de Carlos de Borbón a España,
vista desde la dársena
- Antonio Joli (1759) -
Museo del Prado

Menos de treinta años después, cuando murió el monarca, aún quedaba mucho por hacer  en materia de higiene y salubridad pero la ingente labor llevada a cabo durante el reinado del que pasaría a la historia como el “Mejor alcalde de Madrid” era tan indudable que en 1797 un diplomático francés que residió en la Corte dijo que Madrid era 
una de las poblaciones más limpias de Europa.

2. EL MEJOR ALCALDE DE MADRID
 

Tras ocupar el trono de España, Carlos III, horrorizado con la suciedad, la incomodidad y el atraso de la Corte española respecto a otras cortes europeas, no tardó en poner en práctica sus ideas reformadoras de monarca ilustrado.
 
Carlos III
- Mengs -
Museo del Prado

Para llevar a cabo el ambicioso programa reformador con el que pretendía adecentar la Corte,
Carlos III hizo venir de Nápoles al ingeniero militar y arquitecto Francisco Sabatini, quien con toda celeridad se puso manos a la obra.

El 9 de mayo de 1761, tan sólo un año y medio después de regresar a su ciudad natal,
Carlos III recibe la «Instrucción para el nuevo Empedrado y Limpieza de las Calles de Madrid», proyecto de  Sabatini en el que se previene todo lo concerniente a pavimentación, evacuación de aguas menores y mayores (a las que se llama “inmundicia principal”) y recogida de basuras. Cinco días después el proyecto era aprobado por Su Majestad.

Entre las principales disposiciones de la propuesta de Sabatini estaban la prohibición de que los cerdos deambularan sueltos por las calles, el embaldosado de aceras y empedrado de calzadas, y la construcción de pozos negros en todas las viviendas a los que verter las aguas negras o mayores. (Por fin se acabaría con el incivilizado ¡Agua va!).
 

En gran medida la imagen de
Carlos III como el mejor alcalde de Madrid se debe a las actuaciones dirigidas por Francisco Sabatini para la mejora de las condiciones de salubridad de la Corte española, aunque el arquitecto palermitano también tuviera mucha parte en lo tocante al embellecimiento ornamental de la Villa y Corte de España.


3. LAS CHOCOLATERAS DE SABATINI

La construcción de pozos negros fue una medida provisional en tanto que se construía una red de alcantarillas en todas las calles de la Corte que permitiera verter directamente las aguas negras de las viviendas al alcantarillado.  Pero fue tal la profusión de pozos negros que se construyeron tras la Instrucción de 1761 que se hizo imprescindible ampliar de manera urgente la pobrísima red de alcantarillas con la que contaba Madrid.
 

Las órdenes reales que comprenden lo concerniente a el alcantarillado son dictadas en 1766, si bien ha de esperarse a que se calme la conflictividad social desatada a raíz del motín de Esquilache para dar comienzo  a las obras, las cuales estuvieron supervisadas por Francisco Sabatini, quien, entre los muchos cargos que ostentó, estaba el de Director del ramo de Policía de la Limpieza de Pozos.


Francisco Sabatini

La construcción de alcantarillas durante el reinado de Carlos III fue considerable, aunque no fue hasta casi un siglo más tarde, especialmente entre los años 1858 y 1867, reinando Isabel II, cuando el alcantarillado se extendió de manera generalizada por toda la ciudad.

Pero mientras se ampliaba la red de alcantarillas, los pozos sépticos debían ser evacuados y para realizar esta operación se empleaban unos carros que disponían de unos depósitos herméticamente cerrados en los que transportar la materia fecal.

El ingenioso pueblo madrileño, tan dado a poner apodos, terminó por bautizar a estos carros con el castizo y escatológico remoquete de las «chocolateras de Sabatini»
.

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Sabías que...

Francisco Sabatini fue recordado durante mucho tiempo por sus célebres chocolateras, pero el autor de la Puerta de Alcalá y de la Real Casa de la Aduana, entre muchas otras obras monumentales, el artífice de una de las mayores mejoras en las condiciones de salubridad que ha vivido Madrid,  también fue el responsable de la instalación del primer alumbrado público. En la zarzuela “El barberillo de Lavapiés”, estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 19 de diciembre de 1874, con libreto de Luis Mariano de Larra y música de Francisco Asenjo Barbieri, se hace alusión a este hecho en los siguientes versos:

Dicen que Sabatini pone faroles,
porque no ve los rayos de tus dos soles,
abre los ojos y él los irá apagando
poquito a poco, poquito a poco
.
Sabías que...

Los Jardines de Sabatini, situados frente a la fachada norte del Palacio Real de Madrid, no fueron diseñados por Francisco Sabatini.  Estos jardines fueron construidos, tras la proclamación de la II República, en el lugar que ocupaban las caballerizas del Palacio Real, las cuales sí fueron construidas por el arquitecto italiano.

Jardines de Sabatini
- José María Méndez -


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es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria, además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Compagina su actividad docente con su pasión por la literatura, la historia (mantiene desde hace años Cita en la Glorieta, blog colaborativo de historia y literatura) y la música, llevando a los escenarios sus propias canciones en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica. El 28 de febrero de 2017 ha publicado con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II.


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