Microrrelatos del Club de lectura de Abusu

Os ofrecemos, por cortesía de sus autoras, una selección de microrrelatos escritos por integrantes del Club de lectura de Abusu (ayuntamiento de Arrigorriaga), que este 2017 ha cumplido su 5º aniversario.


Feliz semana, 

Javier Alonso García-Pozuelo

NIGERIA
MC Velarde
Mi madrastra siempre me odió. No soportaba mi espíritu libre. Junto con el imán de la aldea me sermoneaba sobre los peligros de que una mujer tuviera sus propias ideas. Por eso, el día que enterramos a mi padre, hincada de rodillas sobre su tumba lloré también por mi libertad perdida. Al principio, las señales fueron casi imperceptibles: me desaparecieron varios libros, mi vestido más llamativo apareció desgarrado. Después, mi madrastra me obligó a dejar la escuela y me presentó al que iba a ser mi marido. Cuando sus ojos lascivos recorrieron mi cuerpo temblé de asco y de miedo.

Buscaba cómo engañar al destino cuando Amiri apareció en mi vida, cargado de promesas. Me hechizó con sus palabras que me trasportaban a países lejanos, a una vida mejor.

Ahora, cada noche a las 12, se rompe el hechizo y me encuentro, maquillada y casi desnuda, recorriendo esta calle de un país extraño. Con el corazón tan frágil como unos zapatitos de cristal
.

TERRORES NOCTURNOS
Jíni Teshi
Echada en la cama boca arriba, los ojos abiertos como platos;  tiembla y se estremece. Escucha el sonido chirriante del cuchillo que se afila contra un esmeril. Está cada vez más cerca. Se tapa con la manta y aprieta los puños hasta hacerse daño. Cae rendida de cansancio. Despierta con la sensación de que un camión le ha pasado por encima.
«Estoy viva», piensa.
O no contesto yo.

UN MAL DÍA
Laura Guzmán
Son curiosos los impulsos.
 

Estaba seguro que había bajado la persiana del local como cada día pero no pude evitar ir a comprobarlo a pesar de que perdería media hora que no tenía.
 

De la misma manera, cuando el camión de la basura paró por tercera vez en aquel estrecho callejón no pude más que disparar.

DE DAR LA NOTICIA A SER LA NOTICIA
Malmasín
De niña me regalaron una Barbie. Las muñecas de princesa, mi pasión. El disfraz de reina, mi preferido. Fui una joven trabajadora y ambiciosa. Terminé periodismo, quería trabajar en la tele. Conseguí el trabajo; dar las noticias en TVE.  Era la chica de moda y logré muchos contactos; me invitaban a todo tipo de fiestas a las que acudía encantada. Así me hacía con  informaciones preciosas como perlas que sabría utilizar. Una tarde, me presentaron al  príncipe, ¿y si se encapricha de mí? Sentí mucho morbo.  Conversamos y de repente, afloró el recuerdo de mi infancia. Ilusionada, comencé a coquetear con esa idea, me dejé llevar. Las cosas se fueron complicando, murmuraban a mis espaldas, pero mi morbo aumentaba; yo plebeya sí, pero no una  cualquiera. Me sentía poderosa como una reina sin disfraz. Lucharía por el trono. Cuando llegó el día de la cita, los reyes me miraron con suficiencia. Por poco tiempo. En la mesa de negociaciones, presenté las pruebas y mi intención de utilizarlas. Encajaron el golpe. Aceptaron. Yo, la elegida, la más brillante del reino, ¡Flotaba! Por fin mi traje de novia-reina con corona de  verdad. A las doce firmamos el compromiso. El anuncio de una boda real fue la noticia bomba que no pude dar yo.

PELUCHES
Gotzone Butron
Despidió a su madre con un beso forzado y salió. En la parada del autobús sintió un hipo persistente, después notó cómo una burbuja de aire le subía por la garganta hasta escupir una bola roja con minúsculos puntitos negros. Se trataba de una mariquita.

Anduvo preocupada unos días pero, al no aparecer ningún síntoma más, se olvidó del incidente. Hasta una noche, en que el hipo reapareció con más fuerza dejando en su boca un grillo. Más tarde fue una mariposa. Luego un jilguero y una trucha. Ya no salía de casa ni respondía al teléfono por miedo a tener que interrumpir sus conversaciones. Hasta el día en que apareció un conejo blanco. Tan blanco como aquel peluche que ella le regalara no hacía tantos años.

Ya no pudo soportarlo más y, armándose del valor que los años de terapia no supieron infundirle, se dirigió a su casa, y con la voz chirriante por la falta de uso y los últimos contratiempos, casi gritó: ¡no soy tu niña; acabo de cumplir los cuarenta!

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