Fundamentos del nacionalismo español en el siglo XIX, por Eduardo Montagut

Os ofrecemos una nueva entrega de Historia del Siglo XIX escrita para CITA EN LA GLORIETA por Eduardo Montagut y Javier Alonso García-Pozuelo. Puedes acceder a todos los artículos publicados hasta la fecha pinchando AQUÍ.

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Fundamentos del nacionalismo español en el siglo XIX. 
Eduardo Montagut
Cuando tratamos del nacionalismo en España siempre dirigimos nuestras miradas a los nacionalismos sin Estado, es decir, los nacionalismos catalán, vasco y gallego, obviando que existe otro que no es periférico y sí tiene Estado. Nos referimos al nacionalismo español. En este artículo hacemos un breve recorrido sobre su historia en el siglo XIX.

El nacionalismo español surge, en gran medida, en las Cortes de Cádiz, es decir, viene asociado al primer liberalismo, en reacción, además al dominio francés, como ocurrió en otros lugares de Europa. En la Constitución de 1812 la nación española es definida como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. La nación sería libre e independiente y no patrimonio de persona o familia alguna, rompiendo con el concepto patrimonial del Estado del Antiguo Régimen. La soberanía residiría en la nación, por lo que solamente a ella le correspondería el derecho a establecer leyes fundamentales. Sería, por fin, obligación de la nación la conservación de los derechos legítimos de todos los ciudadanos. Pero, posteriormente, las Constituciones del reinado de Isabel II1837 y 1845– obviaron que la nación fuera sujeto –o su representación parlamentaria– del Estado. La situación cambió en el Sexenio Democrático, con el texto constitucional de 1869, fruto de la Revolución “Gloriosa” del año anterior, porque se retomó con fuerza la soberanía nacional en el mismo preámbulo. Ya no era el rey o reina el que decretaba y sancionaba la Constitución, sino la nación española. De forma parecida, aunque organizando España de manera federal, comienza el proyecto constitucional de 1873. La Constitución de 1876 de Cánovas del Castillo retomó el modelo isabelino.

Esta indefinición constitucional, predominante en el liberalismo moderado español, se correspondería con una construcción muy fragmentaria del nacionalismo español en el siglo XIX. Ni la escuela, ni el ejército ni la administración consiguieron vertebrar un sólido nacionalismo español, aunque el Estado sí estableció un rígido centralismo, sin posibilidad alguna de contemplación jurídica de las particularidades territoriales, aunque se mantuvo ambivalente con la situación foral vasca y navarra, cuestión que tiene mucho que ver con la fuerza del carlismo. Se puede considerar que este fracaso del liberalismo español conservador es causa y efecto de la débil integración de la sociedad civil en la vida política, muy al contrario de lo que ocurrió en Francia. Aún así, la burguesía española se interesó mucho por la construcción de un imaginario nacionalista con todos sus símbolos, como se puso de manifiesto en la historiografía decimonónica y en el arte, tanto en la pintura de historia como en las esculturas que comenzaron a levantarse en los espacios públicos de las ciudades españolas. Se construyó un pasado para demostrar que los españoles eran miembros de un pueblo con una identidad común, al menos desde la Edad Media, aunque algunos llevarían este origen a la época antigua, especialmente en aquellas situaciones o personajes que protagonizaron encarnecidas resistencias frente a los romanos, como Numancia o Viriato, entre otros.
 
Numancia
-Alejo Vera y Estaca-
(1881)

Pero en la época de la Restauración surgieron los regionalismos y los nacionalismos sin Estado, primero reivindicando las particularidades culturales de sus regiones y luego planteando reivindicaciones políticas autonómicas o de mayor calado. Estos regionalismos y nacionalismos, con claro protagonismo catalán y vasco, pero también gallego, valenciano, aragonés y andaluz, suponían una alternativa al nacionalismo español y demostraban el fracaso de éste a la hora de imponerse totalmente, dada la fragilidad de los instrumentos que el Estado tenía para hacerlo, como hemos expresado anteriormente.
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Eduardo Montagut (Madrid, 1965)
es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.