La memoria de la Comuna en la España de fines del siglo XIX, por Eduardo Montagut

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La memoria de la Comuna en la España de fines del siglo XIX
Eduardo Montagut
La Comuna de París fue la primera experiencia de gobierno obrero al margen del orden establecido, y así fue reconocida por muchos revolucionarios contemporáneos.

La Comuna quedó en la memoria del movimiento obrero. En España, los socialistas realizaron actos en su recuerdo hasta bien entrado el siglo XX. En el segundo número de El Socialista se insertó una referencia a la Comuna, ya que el día anterior, el 18 de marzo, se cumplía el decimoquinto aniversario de su proclamación. Pablo Iglesias consideraba fundamental este hecho histórico porque constituía la base de la emancipación obrera. Los que lucharon y se sacrificaron en mayo eran los precursores. El artículo planteaba una interesante interpretación de la Historia de los vencidos, que siempre había sido escrita por los verdugos. Por eso se habían lanzado todo tipo de injurias sobre los defensores de la Comuna, muertos, presos o confinados en remotos lugares. Insistía en que algunas interpretaciones alteraban las opiniones de los protagonistas de la Comuna en varios sentidos, tergiversando las mismas, o despojando el contenido social de las ideas que allí se desarrollaron, dejando solamente la parte política. Para los primeros, la Comuna habría sido una revolución comunista, pero esta ideología no había sido, precisamente, la más numerosa entre los protagonistas de la misma. Para los segundos, simplemente constituía un movimiento federalista, autonomista o “comunalista”. Como era de suponer, ambas interpretaciones eran consideradas erróneas.


Pablo Iglesias
- Manuel Compañy -

En el socialismo español se incidía en la idea de que la Comuna había fracasado porque sus actores carecieron de un espíritu plenamente revolucionario y de un plan de transformación económica y social, por lo que no hubo unidad de acción. Había imperado la espontaneidad y surgido todo desde la improvisación. La Comuna se había puesto en marcha con elementos muy heterogéneos, con todos los sectores opositores al Segundo Imperio de Napoleón III: burgueses radicales, jacobinos, proudhonianos, y socialistas internacionalistas, aunque pocos. Pero también se insistía, de nuevo, en que no había sido un movimiento federalista.
 

En conclusión, la Comuna, un movimiento del proletariado de París, había fracasado por falta de preparación, aunque en su germen se podían rastrear principios de la Conspiración de los Iguales de Babeuf y de la Revolución de 1848. Además, había dejado patente la división de clases, ya evidente en lo económico, y ahora de forma pública a través del baño de sangre derramado. Por fin, otro aspecto que se destacaba era que había sido un movimiento que había alimentado el internacionalismo, al estrechar los lazos entre los proletarios de todos los países. Por todo eso, no había sido un fracaso, sino un triunfo. Esta interpretación entronca, en gran medida, con parte de la que hizo Marx de la Comuna, cuando criticó, entre otras cuestiones, su carácter prematuro, al mismo tiempo que ensalzaba a los comunards por su acción, y por el alcance histórico de su movimiento, por el significado que tenía para el movimiento obrero internacional, un paso más en el camino de la revolución.

En ese mismo número de El Socialista comenzó a publicarse, por entregas, la Historia de la Comuna de París, escrita por Marx. En el tercer número de El Socialista se publicó la carta que Engels envió al Partido Obrero Francés con motivo del aniversario de la Comuna.


Los socialistas comenzaron a celebrar la conmemoración de la Comuna de forma pública a partir de 1886, y los actos se repitieron anualmente, así como los artículos sobre esta efeméride en El Socialista. Como ejemplo podemos aludir al banquete del 18 de marzo de 1887 en Madrid, que costaría a los asistentes una peseta con cincuenta céntimos, anunciándose en El Socialista, para que los interesados pudieran apuntarse en su redacción. El socialismo español tuvo en sus comienzos un vivo interés por mantener viva la antorcha de la Comuna. El 18 de marzo se convirtió en una fiesta propia. El Partido se identificaba con la Comuna porque coincidía con el principio básico del socialismo, la conquista del poder político. La Comuna era consideraba como el hecho revolucionario más importante hasta ese momento. Pero, además, esta fiesta debía demostrar el empuje del Partido en España, ya que a la altura de 1887 ya se habían podido celebrar más banquetes y reuniones para conmemorar la Comuna en distintos lugares de la geografía española, frente a lo que había ocurrido hasta entonces. El banquete madrileño se celebró en el café del Teatro Príncipe Alfonso. Fue presidido por Juan Gómez, que brindó por los héroes de la Comuna. Se leyó la comunicación que los socialistas españoles enviaron a los franceses, así como telegramas de algunas Agrupaciones españolas, especialmente la de Barcelona, donde también se realizó un banquete. En el acto madrileño pronunciaron distintos discursos destacados socialistas, incluido el propio Pablo Iglesias.

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Eduardo Montagut (Madrid, 1965)
es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.

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