Reseña de «Te amo, destrúyeme», de Ana Grandal

RESEÑA DE «TE AMO, DESTRÚYEME», DE ANA GRANDAL (Amargord, 2015), por
Manu López Marañón
No es lo mismo disfrutar de microrrelatos publicados en una revista o un periódico que hacerlo en un libro. A la hora de su compilación, muchos autores de este género optan por la agrupación temática. Según esta modalidad, cada microrrelato vendría a ser como el «capítulo» de una particular «novela». Sumándolos, el lector completa un amplio mosaico que deja bien a las claras la idea central del escritor y sus intenciones. Un ejemplo magistral de esta manera de organizar decenas de microrrelatos –75 en concreto– lo tenemos en «Te amo, destrúyeme» de Ana Grandal (Madrid, 1969), texto enfocado en relaciones amorosas de todo tipo que hace un especial hincapié en las que acaban mal –o fatal–… porque cabe preguntarse si hoy en día alguna termina bien… En mi reseña para Cita en la Glorieta de «Vosotros, los muertos», resaltaba cómo el maestro Ginés S. Cutillas toma a la muerte como hilo argumental, desplegando su mortífero abanico para lo que sería otro egregio ejemplo de agrupación temática.

Dedica
Ana Grandal su libro, entre otros, «A todos mis ex». Ya algo sutilmente envenenado se adivina desde esta dedicatoria porque, si bien es cierto que muchas personas guardan grato recuerdo y mantienen correctas relaciones con sus ex parejas, pocos son, sin embargo, quienes basándose en experiencias frustradas componen libros para elogiar a los que consideran culpables de la ruptura. Suele ser justo lo contrario: ¡cuántos malvados personajes, femeninos o masculinos, de la literatura universal no procederán de infiernos propiciados por esas mismas personas de carne y hueso que tanto hicieron sufrir a sus creadores!

La androfobia –fobia o temor hacia los hombres– planea sobre muchos de los microrrelatos del libro de
Grandal. Presenta esta aversión una variada tipología: promiscuos y desaprensivos donjuanes; novios poco cuidadosos con los detalles; maridos a los que solo interesa el fútbol y los amigotes; hombres con el corazón vacío; eminencias profesionales que resultan desastrosos en la vida matrimonial; novios que a la hora de regalar no aciertan; maridos inapetentes; celosos patológicos y controladores obsesivos de la mujer; novios que se vienen abajo ante una propuesta cultural; hombres realmente sosos incapaces de arrancar una sonrisa a las mujeres; maridos dominados por su madre; psicópatas asesinos y maridos que encargan a sicarios eliminar a su mujer; maridos traidores; infidelidades varoniles; hombres ególatras echando a perder una primera cita; hombres que no conciben la monogamia, y hombres maleducados.

En una conversación mantenida con la autora le hago ver cómo, aun reconociendo que muchos hombres realmente son como los de sus relatos (todos los hemos conocido), su libro le ha quedado bastante androfóbico. Y le propongo, como un reto, un «Te amo, destrúyeme» misógino. Entendiendo mi masculina desazón,
Grandal me hace ver cómo las mujeres tampoco salen muy bien paradas: lo que pasa es que sus «faltas» no resultan tan evidentes. La crítica hacia ellas se hace quizá de un modo no demasiado rotundo, pero, por poner un ejemplo, su tradicional rol de pasivas sufridoras queda resaltado en varios microrrelatos.

Con esta nueva perspectiva releo el libro y, en efecto, hallo sobradas muestras de «faltas» femeninas. Sintetizo ahora varios de estos microrrelatos: una mujer que sabe de las infidelidades de su marido solo se atreve a manifestarlas con los platos de una cena especial; otra reprocha en alta voz a su marido mientras se ducha y sabe que no puede oírla; la monogamia femenina extrema aparece en esa mujer que traga disciplinadamente con la promiscuidad de su marido; mujeres torpes e incompetentes hacen naufragar una relación; mujeres a las que les pone el mejor amigo de su marido; mujeres celosas patológicas; mujeres que odian a su marido incluso en el cementerio; mujeres especialistas en quitar la ilusión a sus parejas; mujeres que asumen –y ponen en práctica– los consejos androfóbicos recibidos por su madre; mujeres crueles que abandonan a su pareja en el día de san Valentín; mujeres indiscretas de la intimidad de su pareja, y mujeres que permiten que su hombre haga todo para vivir ellas como reinas.

¡Qué razón tenía la autora! Es malo dejarse arrastrar por primeras impresiones: en realidad «Te amo, destrúyeme» roza la paridad a la hora de repartir culpas en los desengaños. Predominan microrrelatos en los que el hombre aparece como culpable, cierto es; pero, en una cantidad no muy inferior, es la mujer quien carga con el peso del siniestro.

Recomiendo desde aquí encarecidamente este personal libro. Duro, pero necesario en estos tiempos que corren (¡por favor, olvídense de comprar esos inservibles textos de autoayuda!), el lúcido análisis de las relaciones amorosas que plantea Grandal abrirá los ojos a más de uno –y una–: algo que viene pintiparado cuando se inicia un noviazgo o si se ha tomado la drástica decisión de romper con tu pareja
.


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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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