Reseña de «El oído absoluto», de Manuel Longares

RESEÑA DE «EL OÍDO ABSOLUTO», DE MANUEL LONGARES (Galaxia Gutemberg, 2016), por
Manu López Marañón
Pertenece Manuel Longares (Madrid, 1943) a la selecta categoría de escritores en cuyas manos el idioma castellano no solo mantiene su más excelso rango salvaguardando la tradición, sino que, de paso, ve cómo se abre a la modernidad de la manera más exigente y accesible. Acostumbrados muchos lectores de hoy a tanta papilla narrativa servida en indigentes sintaxis (autores hay, cierto es, que no saben hacerlo de otra forma, pero junto a ellos coexisten otros que sabiendo escribir se rebajan para vender –y esto es lo realmente penoso–), acostumbrados a tanta mierda, creyéndose encima lectores, no es difícil suponer que ante «El oído absoluto», los miembros del cada vez más numeroso grupo abandonen pronto su lectura.

Fue Francisco Umbral un orfebre del lenguaje que nunca supo acertar a la hora de verter su principal hallazgo a la novela. Los grandes títulos que recordamos pertenecen, sin excepción, al género memorialístico («Retrato de un joven malvado» o «La noche que llegué al café Gijón» continúan siendo referencias señeras). Ejemplos de brillantes articulistas (así, el bilbaíno Martín Olmos o el valenciano Juan José Millás) y de lúcidos ensayistas (como Luis Antonio de Villena y Fernando Savater) que muestran en sus escritos un inimitable dominio del idioma tampoco faltan en España (con perdón). Aunque cierto es que alguno de ellos, también al pasarse a la novela, como en el caso de Umbral, no queda bien parado.

Como muestra de grandísimos estilistas que, a la vez, son excelsos narradores citaré dos. Uno –Luis Landero– es bien conocido y no hace falta que añada nada. Solo a modo de preferencia señalo dos obras suyas que me han conmovido especialmente: «Hoy, Júpiter» y su última, «La vida negociable». El otro escritor, también extremeño, y asimismo habitualmente publicado por Tusquets, es Gonzalo Hidalgo Bayal. Autor de la obra maestra «Paradoja del interventor» y de la inolvidable novela corta «Campo de amapolas blancas», este profesor de literatura en un instituto de Plasencia construye –por completo ajeno al boato literario– la que resulta ser una de las mejores trayectorias de nuestranarrativa, en un país, el nuestro, tan ajeno a dejarse tentar por este tipo de labores artísticas anónimas, casi ermitañas.

Sin conocer bien la trayectoria literaria de Manuel Longares, «El oído absoluto» es la primera obra suya que leo, no creo equivocarme si lo acomodo en el pódium que aúpa a esos grandes escritores que aúnan a su dominio del idioma una innegable sabiduría novelística.

Pero digamos ya algo de la novela que ha vuelto a transportarme al –hacía ya tiempo– olvidado goce del pleno placer literario.

Ambientada paralelamente en Madrid y un pueblo llamado Pagán (que no hallo en los mapas, por lo que supongo se tratará de un «territorio mítico») la trama principal se desarrolla entre el final de la dictadura de Primo de Rivera (reinando Alfonso XIII) y el final de la dictadura franquista, abarcando por tanto casi 50 años del siglo XX. Tomando como base, de un lado, el descubrimiento por la prima Paulina de sendos libros de memorias y, del otro, la propia biografía del protagonista («El autor al desnudo») pergeñada por la profesora Reina Landete, Longares articula la crónica de una familia artísticamente disparatada, una familia que a pesar de todos sus excesos y desatinos, o igual por ellos, capta de inmediato las simpatías del lector.

A la mítica llegada en tren de Max Bru, procedente de Pagán y dispuesto a comerse el Madrid de 1928, sigue su alojamiento en una especie de chabola-pocilga que nos hace entrar de lleno en el esperpento valleinclanesco. Sonestos iniciales episodios detalladamente preciosistas e hilarantes, abarrotados de un surrealismo miserable y de un hambre canalla, en los que Max fracasa como poeta pero también conoce a Eladia, con quien casará y marchará a vivir a una pensión. Emperrado en exhibir su estro, Max entra en contacto con la intelectualidad madrileña, que lo acoge con la retranca imaginada. Eladia, harta de que un cada vez más alunado Max no la haga ni caso, regresa a Pagán para tener allí a su primer hijo, Máximo. Tras enviudar, Max se convierte en huésped de Bernardo y su mujer Sacri –sus cuñados– en la madrileña calle Monteleón. Tras la derrota republicana se exiliará a Francia, concretamente a Montlieu, donde una pariente suya, una madre soltera llamada Otilia que vive con sus hijos –Talín y Talán– lo alojará. Vuelto a Madrid en 1945 Max enloquece del todo. Terminará sus últimos días en el manicomio de Pagán «convertido en una basura con boina y alpargatas».

Junto a la figura central del poeta lucen en esta saga familiar su hijo Máximo, joven hábil y tenaz que triunfa en el género chico y acabará dirigiendo «La España Musical», principal empresa zarzuelera del país heredada de su tío Bernardo, a la que moderniza y lleva a lo más alto. No queda desdibujada la esforzada mujer de Max Bru –Eladia– cuya brutal y atrabiliaria ejecución en Pagán en julio del 36 a cargo de unos cazadores levantiscos pone un nudo en la garganta. Estamos ante uno de esos episodios de nuestra lejana guerra que hoy, por fortuna, cualquier español contempla ya con adecuados sentimientos: casi indiferente por saber cuál de los dos bandos lo cometió, sientan sólo lástima porque nuestros brutales antepasados resolvieran sus problemas de semejante manera. En este caso del fusilamiento de Eladia el lector pasa las páginas sobrecogido pero resignado. Bernardo, su mujer Sacri, la profesora Reina Landete, Ignacia Rengifo, Otilia, la prima Paulina, etc., conforman la galería de personalidades que nutre las otras historias –de no menor trascendencia que la reseñada– de esta apasionante novela que deja poso en quien la acaba. Nuestra literatura está de fiesta con «El oído absoluto». Llegan fechas de hacer regalos. Con este libro quedarán de maravilla
.


Si quieres recibir un aviso cada vez que publiquemos una reseña en CITA EN LA GLORIETA, mándanos un mensaje a través del formulario de CONTACTO, indicando "Reseñas".

Muchas gracias por visitar La Glorieta.

nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


¿NOS ECHAS UNA MANO?
Si te gusta alguna de las secciones de este blog, ayúdanos a crecer, compartiendo CITA EN LA GLORIETA en las Redes Sociales.

También puedes seguirnos pinchando AQUÍ.

¡Muchas gracias por la ayuda!

Javier Alonso García-Pozuelo