«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XL)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


CONSECUENCIAS DE LA ENSEÑANZA
Ricardo Alberto Bugarín
Mi tutor era un hombre riguroso y malvado. En la mirada ya se le notaba la intencionalidad de modelarnos a su antojo. Mi padre había dispuesto mi educación con la intención de sacar de mí un hombre letrado y dominador de alfabetos. Las jornadas de instrucción comenzaban con el alba y no se daban por concluidas hasta muy entrada la noche. El tutor todo lo supervisaba y si por alguna razón se le había faltado a la enseñanza recibida, a puro golpe nos lo hacía saber a la par que no dejaba de gritar su sagrada consigna: la letra con sangre entra. Mi padre, a quien no volví a ver hasta mi madurez, no hubiese aceptado de mí ni el más mínimo reproche.

No sé si ustedes compartirán conmigo el hecho de que hay aprendizajes que nos marcan para toda la vida. “La letra con sangre entra” retumba en mis oídos. Ahora, cuando entremos en Alejandría, vamos a saquear y quemar su renombrada biblioteca.


Bonsai en compota

CORRECCIÓN CINEMATOGRÁFICA
René Avilés Fabila
Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Fay Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla, y pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquinas hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos –y sin comprar boleto, con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el film y una vez dentro, ansiosamente buscó su verdadero amor: Chita.

Cuentos y descuentos

LA MUSA Y EL POEMA
Emilio Gavilanes
Es Garcilaso de la Vega, que, en el centro de su juventud, anda lamentoso. Piensa en el poema que acaba de dedicar a Isabel Freire. Se pregunta si alguna vez a él le escribirán poesías. Después de meditarlo, sus veinticinco años concluyen que escribir un poema es inferior a inspirarlo.


PENTESILEA
Rosalba Campra
Yo vivía con mi abuela, mis tías, mis primas, y otras parientes mujeres. Sólo mujeres había en nuestra población.

Era huérfana de madre, y mi padre y mis tíos —hermanos nunca tuve—, mis dos abuelos y los parientes que hubieran correspondido a las parientes mujeres se habían ido a construir el camino que llevaba o debía llevar más tarde a la ciudad, cuando estuviera terminado.

Así me habían dicho.

La ciudad debía quedar muy lejos, porque después de doce años, que es mi edad, ellos seguían sin volver y el camino sin terminar.

Un día mi abuela mandó abrir la puerta en la muralla e hizo entrar a un cantor de esos que van por los caminos. Nos sentamos alrededor de él en la plaza. A mí me hicieron sentar delante de todas, y él cantó la historia de Pentesilea, reina de las amazonas, que en el asedio de Troya murió por obra del airado Aquiles, el cual, viéndola tendida tan bella sobre su propia sangre, rompió a llorar y se maldijo.

Yo sabía desde antes el nombre de mi madre: Pentesilea. Ahora sé el nombre de todas nosotras. Me pongo de pie y, en silencio, lo mismo hacen las demás. Siento todas las miradas puestas en mí. Doy un paso hacia adelante, hacia mi abuela que me tiende el arco y el carcaj. Y me detengo, porque estoy preguntándome si puede haber algo, en los cielos o en la tierra, que me obligue a aceptar.

 
Después de Troya

OTRO DINOSAURIO
Eduardo Berti
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo. 

La otra mirada

SIN TÍTULO
Alfredo Álamo
El último mimo de la ciudad trabaja en el centro, siendo una atracción muy visitada por niños que ríen al ver su rostro pintado de blanco, su camiseta a rayas blancas y negras y su cara siempre triste. Su número más logrado es el de la caja invisible, a la que golpea, empuja y trata de atravesar sin éxito todos los días.

Al anochecer, cuando las calles se vacían, alguien se ocupa de recoger las monedas del día y de pasarle al mimo algo de comida, agua y un cubo de metal dentro de la pesada caja de plexiglás donde lo encerraron hace años
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Bestiario infame de la ciudad adormecida

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.