«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XLIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


ELECTRA
Rubén Abella
Hilaria levanta los ojos de la labor y observa risueña cómo Abigaíl, su nieta de seis años, se entretiene recortando una revista.

—Y dime, vida mía, ¿tú qué quieres ser de mayor? —le pregunta.

Abigaíl aplica pegamento al reverso de una modelo en bikini y aplasta el recorte contra un folio en blanco.

—Yo de mayor quiero ser mamá —responde, sin ningún asomo de duda.

Enternecida, Hilaria retoma la labor. Al cabo de un rato, vuelve a levantar la vista.

—¿Y cuántos hijos vas a tener, cielo?

Abigaíl termina de recortar un adonis con chaqué y lo fija junto a la modelo en bikini.

—A mí los hijos me traen sin cuidado —contesta en un tono didáctico, como si ella fuese la abuela, y la abuela una niña—. Yo lo que quiero es dormir con papá.



DE JOHN DONNE
Juan José Arreola
El espíritu es solvente de la carne. Pero yo soy de tu carne indisoluble.

Minificción mexicana

LITERATURA
Julio Torri
El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del Sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.

La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural
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Meditaciones críticas, prosas dispersas

OBSERVANDO LA TRAMA
Patricia Nasello
Por orden del rey se ha construido un laberinto, para encerrar al Minotauro.
   
—Tenemos bajo control al enemigo —anuncia el pregón.

Me pregunto cómo surgió una bestia semejante.

A qué clase de individuo le convendría su desarrollo, alguna vez fue cachorro, alguien tuvo que alimentarlo.

Qué pasa si su majestad es un imbécil que trata con constructores mediocres, y el enemigo se descontrola, se escapa.

Y qué si el minotauro no existe. Si el monarca lo inventó para distraer la atención de la plebe, encubriendo un peligro mayor. Del que debería estar cuidándome.

 

TODO
Cristina Díaz
Amedio ama su biblioteca, enorme y heredada tras la muerte de su abuelo. Siempre la ha amado: esos libros viejísimos, escritos a mano, que huelen a otras culturas. Su abuelo decía que ahí estaba el secreto del Universo.

Amedio elige un libro grande con trozos de madera por tapas, que muestran una inscripción grabada a cuchillo: «Todo».

Amedio abre el libro en la primera página; comienza a leer. «Saludos, tú que me lees. Felicidades. Éste es El Libro. En el principio era la palabra. De la palabra nace la vida. Este unicornio que lees es real en algún lugar ahora mismo gracias a tu lectura; lo mismo ocurre con estas sonrisas y este problema y estos ángeles y estas balas [...]»
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I Concurso de Microrrelatos LdN

UN NOTARIO IRLANDÉS
Álvaro Cunqueiro
Un día de noviembre llamaron a la puerta del notario de Armagh.
   
Lo llamaban para un testamento. Se embozó en su cuatremuz el letrado, y en una mula muy reducida y cristiana —de la Abadía de Beryl venía— se puso en viaje. Llegó a la casa donde yacía el enfermo, el testador, y la halló muy iluminada de velas de cera virgen. El portal, las escaleras y las habitaciones estaban abarrotadas de velas encendidas. El testador estaba en el lecho, y le dijo lo que sigue al señor notario de Armagh:

—Estas luces son las Benditas del Purgatorio, a las que lego toda mi fortuna. Haced el testamento.

Hizo el testamento el notario, todo él en letra inglesa, y firmó el enfermo, que, no más firmar, dio el alma a Dios. Del lecho brotó una lucecilla, y con todas las velas, con la luminosa compaña, voló. De testigos del testamento actuaron dos de aquellas velas, que, en lugar de la firma, dejaron caer dos gruesas gotas olorosas de cera
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Flores del año mil y pico de ave

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.