«Microrrelatos escogidos» por Javier Alonso García-Pozuelo (III)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida por el escritor madrileño Javier Alonso García-Pozuelo, director de Cita en la Glorieta y de la Semana negra en la Glorieta, co-administrador de TOPmicrorrelatos y autor de La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II.
@JavierAlonsoGP
en Onda Madrid
(pincha en la imagen para
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LA DISOLUCIÓN DE LOS MAPAS
Inés Mendoza
CÓMO EXTRAÑAR. A qué tanta brújula, tanto bosque, si nada va a salvarse, ni siquiera él. El silencio que acarrean las sombras, el soplo del frío, la respiración que al fin logra contener, ¿acaso podrían agotar lo frágil, lo inútil, lo súbito?

Cruza las manos.

Me pide que le vea dormir.

Explorando las frondas del sueño, siempre de puntillas, se ha perdido en la región irrevocable donde todo se funde.



TE RECUERDO
Patricia Nasello
Tenías estrellas en los ojos, estrellas que retozaban, o descansaban, o se burlaban del mundo, sobre una agüita verde mar.

Una noche —ojalá pudiera olvidarla— tus estrellas enloquecieron, se volvieron caníbales. Cuando sucumbió, herida de muerte, la última sobreviviente de aquella carnicería demencial, autoinfligida, vi a tu corazón hundirse en su propio oleaje como se hundiría un barco imaginario bombardeado por la realidad. Era una noche de noviembre, la luz aparente de la luna iluminaba las flores del único jacarandá de la cuadra.

A pesar de la tristeza y el espanto, acepté; o me resigné, como vos quieras decirlo. Incluso creí comprender. Todo. Excepto que el tiempo siguiera su curso y que luego amaneciera.



POR FAVOR, HÁBLAME, DIME ALGO, NO ME HAGAS ESTO...
Yolanda Rocha
Mi frente apoyada en la madera de la puerta y mis manos agarrando el pomo. Apenas le escucho. Noto un tambor salvaje retumbando dentro de mi pecho, como marcando el desquiciado ritmo de una galera de esclavos. Tengo frío y los pies descalzos. Sé que estoy tiritando, pero mi cuerpo arde por todas partes y siento caminos de fuego en mi pecho, en mis brazos, en mi vientre. Caminos que desembocan en valles oscuros de dolor que me enmudecen. No sé por qué he sido condenada pero sí sé que si hablo volveré a la oscuridad, esa que termina con las baldosas del baño como almohada.

Un golpe seco sacude con dureza la puerta y mi cabeza rebota llenándose de mil cuchillas que rasgan. Pero no suelto el pomo, aunque noto mis manos como hechas de madera helada. El temblor interno que me sacude es devastador porque las lágrimas que ya no pueden salir son un veneno que convulsiona y ruge, pero en silencio. Algo denso y caliente gotea desde mi costado, roto por dentro y por fuera, pero no quiero mirar. Otro golpe desde el otro lado. Más fuerte. El miedo es tan atroz que me impide respirar. Algo cederá, no sé si la puerta o mis manos amoratadas, y no tendré tiempo de pensar qué he hecho esta vez, qué he dicho, cómo le he mirado.

De todas formas soy culpable aunque no sepa de qué. Sólo quiero que esto acabe. Quiero cerrar los ojos y despertar en otro mundo, en otra vida. Quiero decidir, quiero respirar, quiero olvidar. Una brisa inesperada hace ondear mi camisón desgarrado. La ventana está abierta…
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Inédito

Doña Asunción quiere ir siempre con el mismo taxista. Guarda su número en la cartera, junto al carnet de identidad y la cartilla del seguro. Muchas veces lo llama con la excusa de ir al médico, y él le pregunta a qué hora tiene que estar en el centro de salud. A la hora que puedas, hijo –contesta ella–. Ya sabes, tengo el día entero para mí.
 
Inédito

CUADERNO DE CAMPO
Elena Casero Viana
A lo largo de mis años de estudio he demostrado que cada sujeto percibe la realidad según determinados niveles cerebrales y sensoriales. A través de los cinco sentidos logramos distintos estímulos. En este punto no voy a entrar en mayores consideraciones.

Habiendo avanzado que me dedico en cuerpo y alma a la ciencia, comprenderán que mi imaginación no suela desbordarse con facilidad.

Sin embargo, he de reconocer, aunque no desee probarlo científicamente, que cuando acompaño a mi hijo menor a cazar mariposas por los prados que rodean la casa, siento, percibo y disfruto de una extraña sensación de ingravidez. Unos instantes que pueden compararse, en mi caso particular, con cualquier pequeño avance científico en mi laboratorio.

Me dejo llevar porque sé que son las endorfinas las que están segregando su sustancia para que la realidad que veo (dos personas, una más mayor que la otra con un cazamariposas corriendo tontamente por un prado) es absolutamente absurda.

Y, como les decía, aunque sea poco científico, y jamás lo reconoceré por escrito, la  sonrisa de mi hijo me produce un peculiar estremecimiento, un calorcillo interior similar a eso que los poetas y los escritores dan en llamar ternura
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Me hiciste un regalo.

Me dejaste tu oscuridad.

Me llevó años darme cuenta.

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es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria, además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Compagina su actividad docente con su pasión por la literatura, la historia (mantiene desde hace años Cita en la Glorieta, blog colaborativo de historia y literatura) y la música, llevando a los escenarios sus propias canciones en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica. El 28 de febrero de 2017 ha publicado con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II.