Reseña de “Desde la eternidad”, de Susana Martín Gijón

RESEÑA de «DESDE LA ETERNIDAD» (Editorial Anantes, 2014) de SUSANA MARTÍN GIJÓN
Rafael Guerrero
Cuando un libro te agarra desde el principio y es capaz de mantener esas dosis de intriga y entretenimiento a medida que avanza el relato y al final no te decepciona, dejándote con ganas de más, de más misterios por resolver, de más emociones y contradicciones, de más historias en definitiva, hay que agradecérselo mucho a la autora y a la editorial por haber apostado y sacado el proyecto a la luz. Así que, gracias a Susana Martín Gijón y a Anantes, por las horas de inmersión en la Augusta Emirita imperial y la Mérida actual, en Nápoles, en Pompeya, en las tramas que esos personajes van tejiendo a veces de manera consciente y otras arrastrados por el azar o el destino o por aquello que el gran escritor W. Somerset Maugham tituló como “servidumbre humana”.

“Desde la eternidad”, segunda entrega de una incipiente saga que comenzó con la también exitosa “Más que cuerpos” es sobre todo una novela de emociones. La podríamos etiquetar dentro del género negro o policíaco, sí, esa es la intención de quien la ha perpetrado, pero es un ejercicio narrativo que va más allá de ese canon literario y se adentra en horizontes más lejanos y frescos para lo que se estila. Aborda el pasado y la gestión de su legado, la actualidad corrupta y alienante, la ponzoña del crimen y la inercia codiciosa, la frustración contra la perseverancia, las relaciones de pareja y los vínculos rotos, la miseria de las personas ensimismadas y fanáticas, la bondad de los que a pesar de los pesares empatizan y ayudan a sus semejantes sin anotarlo en la cuenta de resultados.

Todo en ella es coral, los escenarios —ya he mencionado algunos más arriba—, el elenco, las sinuosas y complementarias tramas, los nexos entre estas y hasta el reparto de golpes y laureles. Hay una protagonista que no sería posible sin sus compinches y un caso que se complica y bifurca y que, por tanto, requerirá de diversos puntos de vista e intervenciones para que sea destripado y finalmente cerrado.

Annika, recientemente ascendida a oficial de policía, carga con el mayor peso argumental, aunque no es la única ni se erige en una heroína infalible capaz ella sola de descubrir al asesino, el móvil de este y lo que no puedo desvelar. La protagonista, pues, necesitará tanto en su vida personal como en el desempeño profesional apoyarse en los suyos, compartir sus cuitas y escuchar lo que los demás piensan. Lo hace con su pareja, Bruno, un periodista freelance sagaz y colaborador, con sus compañeros en la comisaría mientras toman un café de máquina, con su mezquino jefe y con los testigos que se cruza en el curso de las pesquisas. Ella es valiente, incluso temerosa, audaz, metódica, tozuda e idealista. No le importa chocar por defender sus convicciones pero sabe también contemporizar y mantener el tipo. Su origen, aspecto y raza dificultan que pase desapercibida en una pequeña ciudad y menos con el uniforme y la placa, sin embargo, no esa su intención, no pretende llamar la atención ni ser el centro de su universo, para Annika es más importante conciliar familia y trabajo, cree en la meritocracia e intuye que la felicidad reside en compartir un paseo o un viaje con su hija, su chico y su perro labrador Wolf. Para ser alguien poco común se empeña bastante en normalizar su vida, en disfrutar de los momentos y en sonreír a los que quiere. No es un cliché andante como los tantas veces leídos en este tipo de obras.


Su contrincante mantiene en vilo a los investigadores y a la población hasta el último instante valiéndose de su refinado talento y amplia cultura sobre la época romana de la urbe para cometer los delitos y desviar las sospechas. Es un rival, un antagonista, de altura, que mata tan diestramente como disimula o prepara un buen muslum con hierbas letales.

Con una impecable labor de documentación y un lenguaje sencillo a la par que elegante, sin tecnicismos ni alardes efectistas, al lector poco le cuesta pasear por esas mismas calles que se describen e identificarse con aquel o aquella, desear que Alma halle a su amiga Sabina —ambas bosnias afincadas en España y víctimas de la trata de personas y de la explotación sexual—, que Víctor abandone Tarragona y se instale con su amor en Montijo, que Carla cuide de su enferma prima napolitana y se reconcilie con el país que dejó por culpa de la mafia, que la soberbia de Daniel se tope con la horma de su zapato, que Celia crezca sana y olvide su tragedia, que Mati siga tan borde, que la ciudad romana de Lolo se construya en su memoria y que Annika se apunte a las clases de baile de Luisa. En realidad, lo que nos apetece es que vuelvan y así hasta la eternidad.


Puedes leer la reseña que Rafael Guerrero escribió para la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, pinchando en la imagen.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013) y Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015).