Reseña de «El negro y la gata», de Antón Arriola

El negro y la gata, del asesinato a la levedad del ser Maya Velasco
He de reconocer que hasta hace unos meses no conocía el magnífico grupo de escritores vascos dedicados principalmente a la novela negra. Tras Alcohol de 99º (Manu López Marañón) vinieron Perversidad, El asesino de reinas (Javier Sagastaberri) hasta llegar a El negro y la gata (Antón Arriola, 1967) que me regaló mi gran amigo Manu (que además ha escrito una excelente reseña de esta novela).

Las semejanzas de El negro y la gata con estas novelas es la trama que te engancha desde el principio, la pericia en el lenguaje,  la ubicación en el País Vasco y posterior desenlace en otra población, y los personajes salidos de aquella sociedad que vivió la desindustrialización y cuya juventud se vio abocada a la droga y el trapicheo como medio de vida. Si bien las novelas de Sagastaberri presentan la perversión de una clase alta que juega con las drogas y la maldad más refinada, tendrá en común con ellas la introducción de elementos mágicos, vudú, etc.

Nos encontramos en un pueblo del País Vasco donde se acusa al Negro del asesinato de Fidel. El padre Azurmendi que le conoce de la cárcel de Basauri cree firmemente en su inocencia y junto a su amigo Kundera, irá desentrañando la verdad mientras intentan desgranar la esencia de la vida y la muerte.

Al comenzar la novela conocemos al Negro, personaje con antecedentes delictivos que creemos va a ser el protagonista de la novela. Tras un extraño altercado en la autopista, acude destrozado al padre Azurmendi, párroco de Berango que, además, acude a la cárcel de Basauri a confortar a los reclusos que lo necesitan. La narración es contada por el párroco que nos presenta a través de sus ojos al Negro como un ser bueno e indefenso cuya principal característica es haber tenido mala suerte en la vida. Le considera un amigo. En diversos flashbacks, el padre Azurmendi nos cuenta su historia que refleja la de tantos niños españoles del medio rural que son enviados al seminario ante la imposibilidad de mantenerlos y de paso, darles estudios gratuitos. Poco a poco, irá relatando sus días en el seminario y cómo, sin quererlo, se ha convertido en un cura ateo, reflejo fiel de San Manuel Bueno, mártir, pero totalmente identificado con la ideología católica y sus valores (“honradez, disciplina y exigencia personal”). Su principal característica será su deseo de ayudar al prójimo y su innata bondad. A todo ello hay que añadir su afición por el deporte y por Ane, herborista de la zona.

El otro personaje principal que nos acompaña en la trama es Kundera que, como se puede suponer, está obsesionado con La insoportable levedad del ser y que será el alter ego de Azurmendi. Su obsesión por la dicotomía levedad/peso que traslada a todos los aspectos de la existencia actuará en la novela como hilo conductor. No será hasta el final de la historia cuando comprendamos su verdadero yo escondido detrás de sus grotescos disfraces y el porqué de su “levedad”.

El resto son personajes más o menos secundarios (Fidel, el ertzaina Barrutia, los lugareños que les ayudan en la playa de Máncora) salvo la Gata, mujer bellísima, peruana, bruja y sospechosa del crimen.

Pero no nos engañemos, detrás del formato de la novela negra con unos detectives bastante fuera de lo usual, encontramos toda una filosofía de la vida y el catolicismo desarrollada a través de las conversaciones del sacerdote Azurmendi y su amigo Kundera. El padre Azurmendi en varias ocasiones denomina la vida como un “ser arrojado al mundo” y al vivir “todos nos enfrentamos, consciente o inconscientemente, a la realidad de nuestro destino final: la muerte”.  El hombre debe elegir entre vivir la vida como vienen sin darle demasiada importancia a nada (levedad) o enfrentarnos a nuestras propias contradicciones y luchar incansablemente (peso): “Es parte de nuestra querencia innata a rechazar la levedad y optar por el peso”.

De forma más o menos velada el autor nos propone el amor como única fuerza capaz de salvarnos del terrible sufrimiento que es la vida: “Mi alma sensible y soñadora llegó muy pronto a la conclusión de que, por encima de las filosofías y las religiones, lo único que nos puede salvar es el amor”.
 

Claro ejemplo de estas dos últimas afirmaciones son Josune y Asier.

El final de la novela es un tanto rápido y utiliza el recurso de “Deus ex Machina” para resolver  un conflicto aparentemente sin solución y una explicación al crimen desde luego inesperada para el lector. La frase final no puede menos de recordarnos al Quijote pues a lo largo del camino la pareja de amigos acaba adoptando algo del carácter del otro, impregnándose de su espíritu.

Definitivamente, la novela te engancha, está bien construida, los personajes son creíbles. Os aconsejo que os deis un paseo con el párroco de Berango por las preciosas playas del País Vasco y decidáis si os quedáis con el peso o la levedad.


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Maya Velasco
Nací en Madrid (1962) y crecí rodeada de libros. Estudié Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid. Al terminar la carrera, impartí clases de literatura española a través de una ONG realizando dos de mis sueños que son compaginar mi pasión por la literatura con la enseñanza, compartiendo lo que esta me aportaba con ellos. En este periodo también organizaba obras de teatro en las que actuaban sus alumnos. Actualmente trabajo en un Despacho de Abogados de Madrid y escribo reseñas literarias para el blog colaborativo de Historia y Literatura  Cita en la Glorieta.

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Javier Alonso García-Pozuelo