Reseña de «Diez cuentos para iluminar talentos»

RESEÑA DE «DIEZ CUENTOS PARA ILUMINAR TALENTOS», DE VARIOS AUTORES (Luna Literaria, 2017)
Manu López Marañón
En estos duros tiempos que corren para la literatura, la oferta editorial no sólo se ha reducido dramáticamente, también se ha basurizado. Y ello no por falta de talentos o por la debilidad de las ideas de los escritores sino por la lógica misma de la cultura industrial. Según esa aplastante y mercantilista lógica, no hay diferencias entre la obra de un escritor y otro, y todas pueden ubicarse en un mismo eje, en un mismo catálogo, en un mismo esquema de distribución. Se trata de embutir, de manufacturar en cadena, para satisfacer los mediocres gustos de un lector eficazmente diseñado por los potentes grupos editoriales, un «lector-tipo» a los que pocos –muy pocos, en realidad– pueden, o por lo menos tratan, de modificar sus adocenados gustos para mostrarles por dónde respira aquello que un día se dio en llamar «Arte».

Frente a una sociedad que hace de la manipulación del sentido un punto clave de su dominación, aún quedan editores –siempre minoritarios, reconocidos hoy bajo la etiqueta de «independientes»– bajo cuya ala los autores pueden sostener un lenguaje definido por la ambigüedad, la complejidad y una relación íntima con la verdad. Trabajando con un lenguaje privado frente a los lenguajes públicos, estos afortunados escritores que –por desgracia– no se enriquecerán con sus obras, sí podrán al menos (lo que no es poco) desvelar otra sociabilidad y otra significación, la suya. Contra los usos del sentido impuestos por los mass media, el editor independiente (y valiente) aparece postulado como el único capaz de preservar la verdad del lenguaje de la tribu, el único capaz de construir hoy un espacio de resistencia ante esa homogeneización generalizada.

Dice el mejicano Juan Villoro: «Sorprende la creciente proporción de libros destinados a la personas que normalmente no leen. En todas las épocas han existido libros para quienes solo leen por excepción, casualidad, morbo o urgencia extrema; sin embargo, ahora la tendencia dominante consiste en hacer circular libros que deben cautivar a quienes normalmente no leen porque, naturalmente, son la mayoría. Es una situación enloquecida, como si los fabricantes de vino embotellaran para la gente que normalmente no bebe, o empezaran a hacer vino con sabor a chocolate o con sabor a té de hierbas para que tomaran vino. Este tipo de circulación es un fenómeno de los últimos tiempos al que tampoco somos ajenos como testigos.»

Txaro Cárdenas, Néstor Belda y Javier A. Bedrina han fundado la editorial donostiarra Luna Literaria. Debutan en este imposible mercado nada más y nada menos que con un libro de cuentos. Cuando compré «Diez relatos para iluminar talentos» con idea de leerlo y reseñarlo, este libro contaba ya con mi instintivo apoyo; ahora que lo he terminado puedo decirles sin reservas que pocas antologías reúnen talentos como los que aquí despuntan. Bajo el cobijo de sus tres osados –e iluminados– editores, estos escritores, aún no tan (re)conocidos como debieran, han hallado un techo consistente. Si alguien que me sigue tiene un manuscrito que haya sido sistemáticamente rechazado por esas editoriales «que hacen vino con sabor a chocolate» (el mejor síntoma de que no es malo), o si directamente quiere empezar su búsqueda de editor enviando el manuscrito a una editorial que lo estudie con el mejor criterio posible, no lo dude: remítalo a Luna Literaria.

Los editores han propuesto a sus autores un curioso reto: sus relatos deberán basarse en cinco imágenes ofrecidas. La primera es una panorámica del puente londinense Tower bridge; la segunda muestra a una pareja paseando por la orilla de una playa de aspecto tropical; la tercera es un importante entramado de vías en lo que parece la entrada a una estación ferroviaria; en la cuarta imagen tres ancianos con sombreros pajizos para protegerse del sol reposan en unas cómodas hamacas: dos conversan, el otro dormita, por último la quinta imagen retrata una mano agarrando el candado que resguarda un portón. La segunda foto ha sido elegida por dos escritores (cuentos 1 y 9); la tercera por otros dos (2 y 5); la cuarta ha contado con el apoyo de tres escritores (3, 4 y 6) y la quinta foto tuvo el apoyo de los que completan la nómina: cuentos 7, 8 y 10. Tower bridge no tuvo a nadie quien le escriba. En su inmensa mayoría los cuentistas han basado sus creaciones en las imágenes seleccionadas, aunque hubo quien lo hizo de forma tangencial, como adaptando algo terminado a las exigencias editoriales. Tampoco es tan grave.

Tikehau, del argentino Sergio Gaut val Hartmann, que ha resultado –en opinión del jurado– vencedor de esta justa internacional, relata cómo un marido, harto de su mujer y de la vida familiar, diseña un plan para romper con su asfixiante rutina sin que ello le suponga mayores remordimientos. En Ángel y el tren, del jiennense Rafael Vera Peinado, se narra un amor imposible entre dos pueblerinos. Ambos acabarán casándose con otras personas y siendo desgraciados. Entre versos de Ángel González se descubre que la chica nunca fue a Madrid, como ella anunció, sino que, en realidad, se tiró a las vías del tren. Una soledad en compañía, de la sevillana María del Rocío Fernández Sánchez, presenta a Jaime, Mario y Elías, tres ancianos cuya amistad se remonta a la juventud. Con poco que decirse, el recuerdo de un verano en el que apareció por el pueblo la bella Marina alborota su sosiego. Se descubre cómo, enamorados los tres, Marina prefirió a Jaime, pero también las funestas consecuencias de aquella elección. En Espejo en la lumbre el mejicano Giuseppe Olav Ortiz García describe el bloqueo literario de un escritor que trata de comprender el misterio oculto en una foto con tres viejos tumbados en hamacas. Para desbloquearse sale a la calle, y, en una ronda demoníaca, bailará y se emborrachará. El subsiguiente sueño etílico solucionará el enigma, aunque el precio a pagar es alto. Vía muerta, de la argelina Michèle Rodríguez Pastor, narra cómo un adolescente de familia bien se enamora de una chica «poco conveniente» a los ojos de sus padres. Karla que, en efecto, lleva a su enamorado por el lado salvaje de la vida, logrará que el chico adopte una drástica decisión. En La vida perra, de la gallega Manuela Vicenta Fernández, el minucioso plan para heredar de un pobre criado, hijo ilegítimo de su amo, parece cumplirse cuando éste muere. El criado se casa con la madrastra para, a su muerte, heredar su hacienda dejando en la calle a sus odiados hermanastros. Pero la vida es perra para los pobres. Ni héroe ni villano, del argentino Juan Pablo Goñi Capurro, cuenta cómo la desaparición de Teo enloquece a su mujer, Milena. Ayudados por unos amigos, Milena y el narrador fuerzan el cobertizo de una quinta, último lugar donde creen pueda encontrarse Teo. La aparición de latigazos y quemaduras en los pechos y espalda de Milena abren el relato en inesperadas direcciones. En Las manos del demonio, del murciano Manuel Sánchez-Campillo, el calambre en un brazo que impide a un escritor acabar su primera novela histórica (destinada a ganar un premio y convertirse en best-seller), acaba convirtiéndose en una potente metáfora sobre la mediocridad andante en que se transforma quien busca el éxito por encima de todo. Vacaciones en el paraíso, de la salmantina Amalia Hoya Grande, presenta a un matrimonio dominado por las ansias consumistas de ella. Su exhaustivo deseo de conocer las exclusivas islas del mundo desespera al marido. Una vez en el Caribe, él, convencido de cómo ella jamás le concederá el divorcio, idea un plan. En Criaturas peligrosas, del valenciano Pablo Hernández Pérez, un matrimonio mal avenido decide eliminarse utilizando animales venenosos. El sorprendente final descubre cómo ninguno estaba al tanto de las intenciones del otro, lo cual revela el desconocimiento mutuo en el que se sustentan muchas relaciones.

Reflejo del nivel de complicación y degradación al que han llegado las relaciones de pareja, 6 de los 10 cuentos que conforman «Diez relatos para iluminar talentos», hacen de este asunto su trama principal: abandonos, suicidios, incomunicaciones, torturas de todo tipo, y hasta eliminaciones físicas arrasan esas tremendas páginas. Otros dos relatos, de tipo digamos «metaliterario» (¡cómo odio esta palabra!), tendrán que ver con el complicado proceso creativo y con los inevitables bloqueos a los que suelen estar sujetos los escritores. Dos más, que no hacen familia, reflejan, por un lado, una imparable crisis adolescente y, por el otro, el inclemente destino al que viene sujeto quien nace pobre.

Todos los autores sin excepción han demostrado –con talento y solvencia narrativa– porqué fueron seleccionados para completar las 122 páginas de este imprescindible libro que solo tiene un fallo: se hace muy corto.


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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo