La visión catatónica de «Periférica Blvd.» de Adolfo Cárdenas Franco, por Gustavo Forero

LA VISIÓN CATATÓNICA DE «PERIFÉRICA BLVD.», DE ADOLFO CÁRDENAS FRANCO, por Gustavo Foreno
La novela de crímenes boliviana de los últimos años constituye una de las propuestas más originales de la novela hispanoamericana contemporánea. Juan de Recacoechea Sáenz (1935), autor de American Visa (1994); Gonzalo Lema Vargas (1959), de Que te vaya como mereces (2017); Edmundo Paz Soldán (1967), de Iris (2014); y Wilmer Urrelo (1975), de Hablar con los perros (2011), son ejemplos de esta interesante expresión literaria.

Periférica Blvd. (La Paz: 3600, 2013), de Adolfo Cárdenas Franco (La Paz, 1950), es otra muestra de ella. Parodiando las pautas tradicionales del género, la novela ofrece una visión fragmentaria pero vehemente de la corrupción de las fuerzas policiales en la Bolivia contemporánea. Relata la correría de dos oficiales de policía de la ciudad, el teniente R. Villalobos y el gendarme Severo Fernández, que buscan al presunto responsable de la muerte de El Rey, gurú del grafiti callejero, a quien se iba a homenajear en la noche de marras pero sorpresivamente resulta asesinado. Con unidad de acción, tiempo y espacio aristotélicas, la novela da cuenta de la investigación adelantada por el homicidio del grafitero en una noche, en medio de la vía periférica de la ciudad. La Paz nocturna es descrita entonces a partir de su historia –“ese espacio mítico entre las montañas del oeste” (122)— pero sobre todo a través de esta vía marginal donde confluyen personajes de la más disímil condición.

El título de la novela responde perfectamente a ese propósito puesto que con la metáfora de una vía periférica se ofrece el panorama social de sus habitantes. El subtítulo Ópera Rock-ocó precisa el propósito paródico del texto aproximándolo a otros formatos culturales y sobre todo a la música, representada tanto con géneros clásicos como la opera pero también populares como las zambas, las baladas pop (“silénecio en la nochieeeee, ya todo está en calama…” (161) o melodías de rock jocosamente castellanizadas –“Ay can si de pen livin in your ass/ An ay nou jau jar yu tray…” (192). Sobre este fondo melódico van reuniéndose las múltiples expresiones lingüísticas de los personajes que van de un español estándar a la mezcla casi incomprensible del español y el aimara (“Y asé la Semón vive con el uija saltenera” (146). Todo aunado a las numerosas ilustraciones, que son grafitis urbanos de la más original naturaleza (“Jaque mate al rey” (13), señala el inicial). En esta parodia del sistema se debe subrayar el carácter transgresor del humor que sirve para desvelar tal anomia.

En tal contexto, los agentes Villalobos y Fernández inician la frenética persecución del único testigo del crimen de El Rey pero no con la pretensión de hacer justicia sino de evitar asumir la responsabilidad en los hechos. Como en las novelas propias del género (que he estudiado ampliamente en La novela de crímenes en América Latina: un espacio de anomia social (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2017)), en Periférica Blvd. la sanción brilla por su ausencia, mucho más cuando quienes son los encargados de imponerla lo hacen arbitrariamente. En un mundo de anomia social, nada más evidente que la descripción de una realidad donde la autoridad misma hace parte del problema.

El personaje de Severo es en este espacio la parodia misma del detective justo y racional de la novela clásica. Su condición de mestizo, con conocimiento del español y raíces indígenas (“si de aymara solo sé contar hasta el diez y decir cuatro o cinco huevadas: jutam, acaru, ani, siñani, china jampatita…” (244)), ilustra la crítica radical a la institución policial: “La Academia Nacional de Policías brinda grandes oportunidades dinero fácil tráfico de influencias de armas de narcóticos autos casas de todo” (227), explica en un momento dado el teniente Villalobos y ambos agentes dan cuenta de esto. Su acción constituye la tergiversación completa de la justicia estatal y se inscribe dentro del gran campo de la anomia social, es decir, de la ausencia de ley o la falta de aplicación de las leyes al acomodo de quien quiera.

Dentro de tal dinámica, El Rey y la policía conforman una tensión muy interesante en el texto puesto que constituyen los antípodas entre los que se inscriben los demás personajes para construir las múltiples visiones de mundo y la ilegalidad. El Rey, un joven marginal; los policías, representantes de un sistema que muestra su carácter absurdo; cantidad de jóvenes, que son perseguidos irremisiblemente por la autoridad; travestis, con un pasado icónico; mujeres prostitutas, que cuentan su dolorosa historia; y, en general, marginales de todo tipo.

Verónica Ormachea Gutiérrez (2013), manifiesta que Cárdenas es un escritor vanguardista y llega a compararlo con Joyce, sobre todo por la polifonía textual; mientras que Ana Rebeca Prada (2004) y Sabrina Charaf (2014) destacan elementos de cultura popular en la obra que permiten percibir la diversidad cultural en La Paz. No obstante, lo más importante, para mí, es el carácter profundamente político de la Periférica Blvd., su perspectiva transgresora e intensamente contestataria a instituciones como el Estado, la Justicia y la Policía. Algunos elementos pueden servir de ilustración inicial de este propósito: la arbitraria persecución de los agentes se dirige formalmente contra los “terrucos” porque esto es lo que el sistema ha legitimado y encubre los verdaderos objetivos de la Policía: “El Rey, responsable absoluto de todo este motín. Solicitud apoyo unidad antisubversiva, clave 202” (19), escribe el teniente Villalobos en su cuaderno de notas. Por su parte, los presuntos “terroristas” son quienes deben sufrir la persecución y, en un momento dado, la tortura o la eliminación física, que resultan “sanciones” comprensibles en ese mundo extremo de anomia total. “Supuestas presencia de traficantes, viciosos, proxenetas, invertidos, terroristas, meretrices, pushers, palomillos y chulos” (15), agrega el mismo agente en sus notas de investigación. Entonces, la percepción de Severo de que “El sistema nos sumerge en un estado catatónico” (25) corresponde así a esta perspectiva delirante donde la realidad se ha desdibujado para satisfacer los intereses de una Policía cruel y corrupta.

Sorprende que, al final, en una nota la novela se dedique a la memoria del Tte. R. Villalobos y el Gdme. Severo Fernández A. 12 de febrero 2003. QEPD. ¿Vivió realmente esta pareja anómica de la novela de crímenes boliviana? ¿La novela es un homenaje a esta clase de policía, arbitraria y cruel?


Esta reseña ha sido escrita por Gustavo Forero para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.

 
Gustavo Forero
Fotografía: David Estrada
Escritor y profesor titular de la Universidad de Antioquia-Colombia. Abogado y Literato. Obtuvo el Premio a la Investigación de mayor impacto de la Alcaldía de Medellín (2016) por su trabajo en torno a la novela de crímenes en América Latina y el Premio a la Investigación de la Universidad de Antioquia (2014) por la fase dedicada a Colombia. Doctor Cum Laude en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca y Magíster en Études Romanes de la Universidad de la Sorbona (París IV). Entre sus libros se encuentran El mito del mestizaje en la novela histórica de Germán Espinosa (2006), Magia de las Indias (2007), la edición anotada de Xicotencatl, primera novela histórica de América Latina, de autor anónimo (2012), La anomia en la novela de crímenes en Colombia (2012), La novela de crímenes en América Latina. Un espacio de anomia social (2017) y la novela Desaparición (2012). Ha coordinado y editado los libros derivados del proyecto académico Medellín Negro, al igual que los de la serie Medellín Negro de relatos y novelas del género. Es director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro  y  del proyecto de investigación “La anomia en la novela de crímenes”.