Reseña de «El rebaño de Gerión», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL REBAÑO DE GERIÓN», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El décimo trabajo de Hércules es El rebaño de Gerión. El relato homónimo de Poirot fue publicado por primera vez en 1940, en Estados Unidos llevó como título Weird Monster.

En la mitología griega, Gerión era un monstruo gigante formado por tres cuerpos humanos con tres cabezas y seis brazos sobre sus dos piernas. Vivía en la isla Eritea del archipiélago de las Gadeiras, más allá de las columnas de Hércules. Cuidaba de un extenso rebaño de bueyes y vacas ayudado por un pastor llamado Euritión y un fiero perro llamado Ortro. Algunas versiones cuentan que Gerión era un rey cruel que obligaba a sus súbditos a entregarle la mitad de sus bienes e, incluso, de sus hijos, hasta que llegó Hércules y le pidieron ayuda. Mató a Euritión y a Ortro y sostuvo con Gerión una lucha a muerte; el gigante arrancó de cuajo un olivo para golpear a Hércules, que se hizo pedazos al estrellarse contra la coraza de bronce del héroe. Tras largo combate, finalmente Hércules disparó una de sus flechas envenenadas, que alcanzó al gigante atravesando sus tres corazones dándole muerte. Otra versión de la leyenda cuenta que Gerión no era un hombre con tres cuerpos sino tres hermanos que actuaban movidos por una misma alma, y que viendo a Hércules tratando de llevarse su ganado lo atacaron para impedírselo. En unas versiones de la leyenda los hechos suceden cerca de Cádiz y Hércules planta sus dos columnas a un lado y otro del estrecho de Gibraltar; en otras los hechos transcurren en las cercanías de La Coruña y la cabeza de Gerión es enterrada bajo la Torre de Hércules.


Hércules contra Gerión
(Ánfora griega, siglo VI a.C.)


2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

La señorita Carnaby, a la que conoció en la aventura de El león de Nemea, acude a pedir el auxilio de Poirot. Está preocupada por una viuda amiga suya, Emmeline Clegg, a la cual la soledad le ha empujado a entrar en una secta, El Rebaño de Ovejas, liderada por su Gran Pastor, el doctor Andersen, que organiza retiros en una finca junto al mar en Devonshire llamada el Santuario de las Colinas Verdes. La señora Clegg ha hecho testamento dejando todos sus bienes a la secta, y lo más preocupante es que en los últimos meses varias de las devotas, mujeres solitarias y adineradas, han muerto después de legarle todo su dinero. Poirot, a su vez, ruega la colaboración de la señorita Carnaby para que ingrese en la secta a fin de averiguar qué está pasando. Poirot solicita información al inspector Japp sobre la secta y este no encuentra nada anormal en ella. Las muertes de sus seguidoras fueron por causas naturales y en sus domicilios. El doctor Andersen es un prestigioso químico expulsado de una universidad alemana por tener ascendientes judíos, aparentemente un fanático religioso inofensivo.

La señorita Carnaby y la señora Clegg acuden a un retiro. La primera, que ha dejado patente su escepticismo, con el paso de los días va siendo atraída por la paz y la sencillez de las ceremonias y el encanto del pastor. Se celebra el Sacramento de Sangre por el que será admitida en la comunidad, en el cual con los ojos vendados recibe un pinchazo en el brazo. Se siente feliz y tiene agradables visiones. Confiesa al doctor Andersen que ha recibido una revelación maravillosa; él le anima a contribuir a la causa solo con lo que buenamente pueda, y ella se ofrece a hacer testamento y dejarlo todo a la secta. De todo ello informa a Poirot.

En la siguiente fiesta del otoño, el señor Cole, uno de los más fervientes miembros de la secta, cuenta a la señorita Carnaby sus visiones del profeta Elías descendiendo del cielo en un carro de fuego y de sacrificios de vírgenes sobre el altar de Baal. Ella sale huyendo y se encuentra al doctor Andersen, al que sugiere que Cole está chiflado. El pastor la tranquiliza diciéndole que todavía ve imperfectamente a través de su naturaleza carnal pero llegará el día en que verá espiritualmente. La señorita Carnaby queda con Poirot en un salón de té y le informa de los preparativos para la ceremonia, pero le comunica que no cuente con ella para nada porque ha recibido una revelación y cree en la secta, seguidamente se marcha bruscamente. Durante la ceremonia del Sacramento de Sangre, el señor Cole, que en realidad es un detective de la policía, arresta al doctor Andersen y confisca la aguja hipodérmica que utilizaba.

Poirot se reúne con el inspector Japp y la señorita Carnaby, a la cual agradece su ayuda. Ella advirtió, en el salón de té, que el guarda del santuario les estaba escuchando, y tuvo que fingir. Poirot, después de un momento de sorpresa, lo entendió todo y comprobó que el guarda se dirigía al santuario. De acuerdo con la policía, dispusieron la detención del pastor. El doctor Andersen inyectaba cannabis a sus víctimas para inducirles visiones y hacerlas adictas. También inoculaba determinadas bacterias para agravar las dolencias ya existentes y provocar una muerte aparentemente natural.




3. Agatha Christie y la religión


En este relato la señorita Carnaby expresa una opinión que, probablemente, coincidiera con la de la escritora: “La religión, señor Poirot, puede constituir una gran ayuda y apoyo moral... pero con ello me refiero a la religión ortodoxa. —¿A la Iglesia griega? —preguntó Poirot. —La señorita Carnaby pareció sorprenderse. —No. No es eso. A la Iglesia anglicana. Y a la Iglesia Católica Romana, por lo menos están reconocidas por todos. Y los metodistas y congregacionistas son corporaciones conocidísimas y respetables. De lo que estoy hablando es de esas sectas estrambóticas que crecen como la hierba”.

Se deduce de las memorias de Agatha Christie que, sin ser una persona particularmente beata ni mucho menos fanática, para ella la religión tenía su trascendencia. Sobre su familia cuenta que “cuando yo era pequeña, todos daban mucha importancia a la religión. Las discusiones religiosas eran interesantes, llenas de colorido y, a veces, acaloradas”. Narra que su madre tenía cierta inclinación mística y leía día y noche la Imitación de Cristo, “pero su fe ardiente y su devoción no acertaban con la forma más conveniente de culto” y pasó por sucesivas conversiones. Se hizo católica, luego se interesó por el zoroastrismo y por el budismo, ingresó en la iglesia unitaria y finalmente, para alivio de su padre, “un hombre de corazón sencillo, un cristiano ortodoxo” que “se dejaba llevar de un lugar de culto a otro”, volvió a la Iglesia de Inglaterra. Agatha Christie fue bautizada en la fe anglicana con los nombres de “María como mi abuela, Clara como mi madre, y Agatha por una ocurrencia que tuvo un amigo de la familia”, pero aclara que sus ideas religiosas procedían sobre todo de su niñera evangelista, que le leía la Biblia. La futura escritora cuenta que se recreaba, desde temprana edad, en los relatos del Antiguo Testamento que “eran, para los niños, cuentos de primera categoría: tienen la causa y el efecto dramático que exige la mente infantil”. Como muestra de su interés por la religión, refiere que, visitando Alepo, en Siria, con su segundo esposo, el arqueólogo Max Mallowan (que era católico, igual de laxo que
Agatha Christie en relación con el matrimonio de los divorciados), este le llevó en un recorrido a conocer distintas religiones: “Fue algo agotador. Fuimos a los maronitas, a los católicos sirios, a los griegos ortodoxos; a los nestorianos, a los jacobitas y a más que no recuerdo”. Añade que “los que me parecieron más alarmantes fueron los griegos ortodoxos. Me separaron de Max y me llevaron con otras mujeres a un lado de la iglesia, nos metieron en una especie de establo, pasándonos como un dogal sujeto a la pared”.
   
Cuando explica los motivos por los cuales escribe novelas policíacas señala que su preocupación principal no son los criminales: “Lo único que podemos decir es que Dios se apiade de ellos y que si no es en esta vida, en otra, sean guiados «al camino superior». Pero lo importante es el inocente, el que vive sinceramente y sin miedo en el presente y que exige que se le proteja y se le salve del mal. Éste es el que importa”. Sus relatos criminales tienen siempre un trasfondo moral, la lucha entre el Bien y el Mal y la derrota de este. Las referencias al mal, al pecado o al demonio, en boca de algunos personajes, son habituales en sus novelas. Sus ideas religiosas eran conservadoras; en 1971 firmó, junto con otras 56 personalidades católicas y no católicas (entre ellas otros escritores como Robert Graves, Graham Greene o Iris Murdoch), una petición dirigida al papa Pablo VI para que, tras las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, se mantuviera en Inglaterra el rito tridentino, en latín, que fue aceptada mediante un acto que algunos llaman “el indulto de Agatha Christie”.
   
No sorprende, por ello, que se preocupe de aclarar que Hércules Poirot es católico. En La caja de bombones le dice a Hastings “soy, como sabe muy bien, bon catholique”, aunque no se muestra muy caritativo ya que lo hace al explicar que el óbito de un político francés anticlerical enfrentado a la Iglesia le pareció muy oportuno. En El Pudding de Navidad el coronel Lacey exclama enfurruñado que él nunca ha ido a la misa de medianoche, que es algo “papista”, y de inmediato pide perdón a Poirot por la expresión, el cual le quita importancia (en la edición castellana de editorial Molino, con traducción de Stella de Cal, se elimina la referencia al papismo, por lo cual no se entiende la causa de que el coronel pida excusas a Poirot, el cual tampoco acude a la misa de gallo). En Las manzanas de las Hespérides, otro de Los trabajos de Hércules, durante la visita a un convento en Irlanda, se reitera que “Poirot era católico y entendía perfectamente la atmósfera que le rodeaba en aquel instante”. Aparte de esas menciones, en sus historias no se ve a Poirot acudir a oficios religiosos o relacionarse con clérigos católicos, pero sí confiesa su fe antes de morir cuando se despide por escrito de Hastings en Telón: “He quitado de mi mesita de noche las ampollas de nitrato de amilo. Prefiero ponerme en las manos del bon Dieu. ¡Deseo conocer cuanto antes su castigo, o su misericordia!”. De las convicciones religiosas de otros personajes
Agatha Christie apenas se ocupa, pero podemos dar por supuesto que miss Marple es anglicana (aunque nunca habla de religión o política, como buena dama victoriana) ya que se relaciona de continuo con los pastores de esa confesión que aparecen abundantemente retratados en las localidades de la campiña inglesa donde suelen transcurrir sus historias. En Muerte en la vicaría, incluso, el narrador es un pastor anglicano a cuyos oficios acude miss Marple y con cuya esposa suele tomar el té. Como dice ella en Némesis, “en mi pueblo, St. Mary Mead, las cosas siempre giran en torno a la iglesia”, y en esta novela reconoce tener un instinto particular para reconocer el mal.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu