Tartan Noir, por Julio César Cano

TARTAN NOIR, por Julio César Cano
Hace ahora veinte años viajé por primera vez a la ciudad de Edimburgo. Es justo decir que suelo elegir el destino por la literatura que allí se practica.
 

No conocía entonces a uno de los autores con mayor relevancia dentro de la denominada novela negra, a la que en Escocia se conoce con el sobrenombre (otro más) de: Tartan Noir.

En Edimburgo se sienten especialmente orgullosos de sus escritores. Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle, Walter Scott, Robert Burns… Por citar algunos sin llegar a los contemporáneos.

En ninguna otra ciudad del mundo se les ocurriría ponerle a la principal estación ferroviaria el nombre de una novela: Waverley, de Walter Scott, escrita en el año 1.814.

Scott está considerado el padre de la novela histórica y romántica, y los escoceses sienten tal veneración por su obra que erigieron el monumento de mayor altura dedicado a un escritor. Nada más y nada menos que sesenta y un metros de escultura gótica en el centro de la ciudad.

El turismo de librería es algo que practico en los viajes. Deambular por los pasillos de antiguas o modernas librerías, curiosear, hojear, oler las páginas, aprender… Y fue así como encontré a unos de mis, ahora, autores de cabecera (negra). Un hombre nacido en 1.960 en el condado de Fife, que antes de dedicarse plenamente a la escritura desempeñó ocupaciones tan dispares como la de vendimiador, porquero o bajista en un grupo punk. Me refiero a Ian Rankin, alguien a quien los lectores de Edimburgo, de Escocia, del Reino Unido en general y del resto del mundo coincidimos en que su obra perdurará en el imaginario, o no, mundo de la novela negra como lectura imprescindible para conocer de primera mano este tipo de género novelesco.



Julio César Cano en Edimburgo
(Julio de 2017)
No me extenderé en elogios acerca del personaje protagonista de sus numerosas obras, prefiero que los lectores que todavía no tengan el placer de conocerlo lo descubran por sí mismos.

Pero a grandes rasgos diré que John Rebus es un policía de los de antes, un tipo peculiar y distinto pese a contener la mayoría de los clichés que se suelen atribuir a la novela negra, sin que ello desmerezca ni un ápice para que nos enganchemos a él nada más cruzar las primeras páginas de cualquiera de sus veintiuna novelas publicadas en castellano.

Yo lo descubrí hace veinte años, en una librería de un Edimburgo invernal de calles mojadas, escenario ideal para sus libros. Lo encontré cuando Rankin solo tenía una de sus novelas traducida a nuestro idioma. Desde entonces, la editorial encargada de publicar su obra en España ha conseguido que podamos leer al menos una de sus novelas cada año. Cosa que agradezco.

Los seguidores de Ian Rankin somos como los hinchas de los dos equipos de fútbol de su ciudad, los Heart of Midlothian y los Hibernian, sufridores que esperamos cada nueva entrega con gran expectación, porque hemos visto crecer al personaje desde que ingresó en la Policía hasta su jubilación, con todo lo que comporta el paso de los años para lo bueno y para lo malo; porque quizá sea esa una de las mayores virtudes del personaje en cuestión: que el devenir de sus días son reales y podemos vivir junto a él sus achaques, sus alegrías, sus excesos, sus tristezas y también sus miserias.

La cotidianeidad, aquello tan elemental que por desgracia algunos autores olvidan en el papel (sean del género negro o no). Porque, desengañémonos, los personajes de las novelas creíbles soportan calamidades, cumplen años, se enamoran y se desenamoran, compran pan y a veces flores, beben cerveza o whisky, fuman o no, duermen o velan, sufren y en ocasiones incluso gozan.

Y John Rebus, el personaje creado por Ian Rankin, lo hace a pesar de que, en demasiadas ocasiones, los que estamos detrás de los libros: autores, editores, agentes literarios, libreros y lectores nos empeñemos en endilgar etiquetas por doquier: de novela negra, de novela policíaca, de Hard Boiled, de intriga, de misterio, de suspense, Thriller

Al menos, en Escocia, donde aman a sus escritores, para denominar a este tipo de literatura han elegido un apelativo entrañable que nos transporta a las mantas de lana de las Tierras Altas, mullidas y calentitas, confortables, ideales para leer en el sofá frente a un fuego chisporroteante.
 

Tartan Noir. No me digan que no suena bien.

Créanme, el personaje que perdurará en el tiempo se llama John Rebus, y a Ian Rankin, su autor, se la trae al pairo si lo que escribe es factible de llevar una u otra etiqueta, porque quizá sean todos esos estigmas los que se esconden en sus páginas.


© Julio César Cano
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).


Este artículo ha sido expresamente escrita por Julio César Cano para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de mayo de 2018 en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a todo el que quiera reproducirla total o parcialmente, cite su fuente original.

Julio César Cano
- Fotografía de Manuel Navarro Forcada -

Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura.
 

Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Ojalá estuvieras aquí es la tercera investigación del inspector Monfort, que sigue a  Mañana, si Dios y el diablo quierenAsesinato en la plaza de la Farola.
 

Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.