Maestros de la Felicidad (fragmento)
Rafael Narbona
Rafael Narbona
¿De qué serviría que yo les dijera a mis alumnos que las drogas podían causar infinitos males? Los adultos hace tiempo que perdieron su autoridad moral. Se los considera represores o conformistas, no ejemplos a seguir. Todo lo que suene a moralismo despierta rechazo. En la literatura, el arte, el cine, la vida. No se reprocha a Oscar Wilde que flirtee con lo perverso, ni a Cioran que maldiga la existencia, pero cuando un escritor se atreve a esbozar reflexiones morales, se le acusa de incurrir en un burdo didactismo. Quizás la única manera de postular el bien consista en cultivar el ejemplo, como Aristóteles ya previó al ensalzar al hombre prudente que sabe escoger en cada caso lo óptimo. El bien no es algo inamovible, sino la mejor alternativa en una situación. Se aprecia claramente en determinados casos. El coraje es el punto medio entre la cobardía y la temeridad. La generosidad es la respuesta adecuada frente a la avaricia y la prodigalidad. Aristóteles destaca la importancia de la ejemplaridad. La autoridad moral no la proporciona la teoría, sino la vida. Hoy podríamos decir que Nelson Mandela evitó un baño de sangre en Sudáfrica porque su trayectoria inspiraba respeto incluso entre sus adversarios.
