Frases de «Los hermanos Karamázov» de Dostoievski

Fiódor Dostoievski nació en Moscú, Imperio Ruso, el 11 de noviembre de 1821, y falleció en San Petersburgo, el 9 de febrero de 1881. Es considerado uno de los más grandes autores de la literatura universal. El escritor austríaco Stefan Zweig dijo de él que era "el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos".
 

Fiódor Dostoyevski (1876)
En 1844, tras una visita de Honoré de Balzac a San Petersburgo, decidió traducir «Eugenia Grandet» para saldar la deuda de 300 rublos que había contraído con un usurero. Poco después de terminar dicha traducción, pidió la excedencia en la Dirección General de Ingenieros del Ejército, en donde había ingresado al finalizar sus estudios de Ingeniería, con la idea de dedicarse exclusivamente a la literatura. En 1846 publica su primera novela, «Pobres gentes», la cual le granjeó la admiración del influyente crítico Bielinski, quien afirmó que, con su primera obra, Dostoyevski creaba un nuevo género literario, la “novela social”.
 

Entre sus principales novelas, además de la ya citada «Pobres gentes» (1846), están «El doble» (1846), «Humillados y ofendidos» (1861), «Memorias del subsuelo» (1864), «Crimen y castigo» (1866), «El jugador» (1866), «El idiota» (1868-1869), «Los endemoniados»  (1872) y «Los hermanos Karamázov» (1880).
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Frases de «Los hermanos Karamázov» de Dostoievski:

El hombre no tiene inquietud más torturante que la de encontrar lo antes posible a quien entregar el don de la libertad con el que esta desdichada criatura viene al mundo.
¿Qué es lo que nos cuentan los periódicos? Atrocidades ante las cuales el asunto que nos ocupa palidece y resulta poco menos que una nimiedad.
Pienso que si el diablo no existe y en consecuencia el hombre lo creó, lo hizo a su imagen y semejanza.
Señores, ¿tan sorprendente es ahora, en nuestro tiempo, encontrar a un hombre que reconozca su estupidez y se acuse públicamente de aquello de que es culpable.

Del erario todo el mundo saca lo que puede, claro está.


No te avergüences de ti mismo, pues de ahí procede todo mal.
El que se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras llega a no distinguir ninguna verdad ni en su fuero interno ni a su alrededor, pues deja de respetarse a sí mismo.
El que procrea aún no es padre; padre es el que procrea y merece serlo.
Enamorarse no significa amar. Es posible enamorarse incluso odiando.

Después de haber degustado el elixir de la vida no dejaría la copa hasta haberla apurado.


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