Evas y Adanes, varios microrrelatos

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


CLÁUSULA III
Juan José Arreola
Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas.

LA MANZANA
Ana María Shua
La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de la gravedad.

Adán y Eva
- Tiziano -

ADÁN Y EVA
Samuel Butler
Un niño y una niña estaban mirando un cuadro en el que aparecía Adán y Eva.
   –¿Cuál es Adán y cuál es Eva? –preguntó uno de ellos.
  –No lo sé –repuso el otro–, pero te lo podría decir si tuvieran la ropa puesta
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PECADO ORIGINAL
Ana Grandal
Cuando Dios descubrió la manzana mordida, Adán, mientras se limpiaba con disimulo la boca, se apresuró a declarar:
   —¡Ha sido Eva, ha sido Eva!

–La tentación es grande –relata el hombre sentado en el taburete–. Grandísima. Aquella fruta luce tan apetecible, tan tentadora. Y luego está lo de la sabiduría. Además que la idea de probar algo nuevo, la vuelve loca. «¿Qué quieres que prepare para comer?», pregunta Adán, sacando a Eva de sus cavilaciones. Eva le mira embobada. ¡Qué guapo está! No tiene con quien compararlo, pero ni falta que le hace. Ella sabe que no hay otro tan apuesto como su Adán. Y no sólo guapo. También es atento. No hay día que no tenga un detallito con ella, aunque sea un sencillo ramillete de flores. ¡Y qué bien prepara la ensalada de frutas! Qué talento para combinar lo ácido con lo dulce, se dice para sus adentros. Entonces, antes de que Adán vuelva a preguntarle que qué quiere para comer, Eva se dirige presurosa hacia el árbol de la ciencia del bien y del mal, se abalanza sobre el avieso reptil escondido tras su tronco, lo retuerce con firmeza y regresa con el animal muerto hacia donde está su Adán. «¿Se te ocurre cómo cocinarla, cariño?», pregunta ella. «La duda ofende, corazón», protesta él, fingiéndose molesto. Y comieron serpiente a la plancha, tortilla a las finas hierbas y otras muchas delicias y fueron felices por siempre jamás en aquel paraíso terrenal.
   –Un cuento muy bonito, doctor –dice la mujer de la camilla–. Pero por Dios, se lo ruego: ¡Póngame ya la epidural!

Adán y Eva
- Rubens -