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Microrelatos escogidos por Fernando Gómez Lamadrid

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  

LA OVEJA NEGRA
Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura
.
 
 
 
*

BOMBARDAS
Alberto Benza González

Recuerdo la Navidad con tremendas bombardas. Mi padre, abrazándome, decía: «No tengas miedo, se avecina la llegada de Papá Noel», y mi miedo se transformaba en paz. Después empezaba a oír más fuertes los fuegos artificiales. Mi padre agregaba: «Son los renos Donner (Trueno) y Blitzen (Relámpago) que están pasando por la chimenea». Esa noche recibí un tractor de regalo. Pero me hubiera gustado que fuera uno real, para así limpiar los escombros que dejó la guerra aquella Navidad.

*

HABÍA UNA GUERRA
Pep Bruno

Había una guerra: hombres muertos, casas destruidas, mujeres violadas, niños hambrientos, caminos polvorientos. Terror. Desierto. Podíamos verlo mientras comíamos palomitas.
 
*

HABÍA UNA GUERRA (CONTINUACIÓN)
Pep Bruno

Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo [así hasta 200].
 
*

VIDAS PRIVADAS
Ángel Olgoso

Un día de julio, mi hermano dijo que mi trompo era suyo. Me alarmé: él sabía que me lo regaló padre, que pinté su madera de un rojo vivo, que aprendí a hacerlo bailar como un derviche enloquecido mientras su punta de hierro arrancaba chispazos a las piedras. Yo dije que entonces su zorzal era mío. Ninguno cedió. Y, desde luego, los dos nos defendimos. Había comenzado la guerra civil..
 
*

EN LA SIERRA
Arturo Barea

Esto fue en el primer otoño de la guerra.
El muchacho –veinte años– era teniente; el padre, soldado, por no abandonar al hijo. En la Sierra dieron al hijo un balazo, y el padre le cogió a hombros. Le dieron un balazo de muerte. El padre ya no podía correr y se sentó con su carga al lado.
–Me muero, padre, me muero.
El padre le miró tranquilamente la herida mientras el enemigo se acercaba. Sacó la pistola y le mató.
A la mañana siguiente, fue a la cabeza de una descubierta y recobró el cadáver del hijo abandonado en mitad de las peñas. Lo condujo a la posición. Le envolvieron en una bandera tricolor y le enterraron.
Asistió el padre al entierro. Tenía la cabeza descubierta mientras tapaban al hijo con la tierra aterronada, dura de hielo.
La cabeza era calva, brillante, con un cerquillo de pelos canos alrededor. Con la misma pistola hizo saltar la tapadera brillante de la calva.
Quedó el cerquillo de pelo gris rodeando un agujero horrible de sangre y de sesos.
Le enterraron al lado del hijo.
El frío de la Sierra hacía llorar a los hombres.

*
DESPUÉS DE LA GUERRA
Alejandro Jodorowsky
 
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.

*

LA SOMBRA DE MONTERROSO ES ALARGADA

El siguiente microrrelato ha sido escogido para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


8
Edgar Allan García
Augusto Monterroso leyó su cuento, considerado el más pequeño del mundo: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí». La gente del auditorio aplaudió encantada, sorprendida ante un objeto tan frágil y refulgente como una miniatura china. Temblando de envidia, un escritor entre el público, le increpó: «¡Eso no es un cuento!, ¿cómo se le ocurre decir que es un cuento?». Augusto pareció dudar un segundo, pero enseguida respondió con aplomo: «Tiene razón, señor, no es un cuento, es una novela». Bajo el estruendo de las risas, el envidioso despertó; para su sorpresa, Augusto Monterroso todavía estaba allí.

333 Micro-bios

LA SOMBRA DE MONTERROSO ES ALARGADA
@citaenlaglorieta
 
Brillante juego de espejos literarios en torno a El dinosaurio. Hacer metaliteratura con Augusto Monterroso es arriesgado, pero Edgar Allan García resuelve el reto con solvencia, añadiendo profundidad psicológica al mero juego literario. El escritor envidioso desacredita aquello que, en el fondo, reconoce como genial e inalcanzable. Aunque el sujeto envidiado desaparezca en apariencia, el envidioso seguirá sufriendo, porque no ha podido transformarse en él. De algún modo, el envidiado —aunque deje de poseer el objeto o la cualidad envidiada— nunca desaparece del todo: su sombra, como la de Abel, permanece dentro del envidioso, de ahí que, incluso tras el despertar, Monterroso todavía estuviera allí.

Microrelatos escogidos por Fernando Gómez Lamadrid

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FATIGA
Jorge F. Hernández

Luego de doce horas de vuelo, el viejo cerró su libro y se bajó de la hamaca.
 
*

 

NUMERACIÓN INCORRECTA
Isabel González

"Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas", dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.

*




*

 

CASO CERRADO
Javier Alonso García-Pozuelo

Nunca supe quién mató a la chica del supermercado. Papá se quedó sin trabajo y tuvimos que vender hasta los libros. Unos meses después me enteré de que la novela estaba en una de las bibliotecas municipales de mi ciudad, pero, por consideración a mi padre, decidí no reabrir el caso hasta que él recuperase su trabajo.
 
    Ahora, mientras la tierra se traga su ataúd, sólo puedo pensar en que ya nunca sabré quién mató a la chica del supermercado
.
 
*

INESPERADA TRAGEDIA TRAS SORPRENDENTE ÉXITO
Jesús Alonso

El éxito logrado por el bombardeo programado y continuo de libros de autoayuda sobre la nausea existencial hizo que, eufóricos, los deprimidos del mundo arrojaran sus píldoras antidepresivas por las tazas de los váteres.

   Al día siguiente millones de cadáveres de peces y de buzos aparecieron flotando panza arriba en océanos y ríos, lo que causó la reaparición revisada y aumentada de la citada nausea y el aumento de la venta de libros de autoayuda y del consumo de antidepresivos; sobre todo entre los seguidores de peces y buzos.

*

SE TRASPASA
Xenia García

Mi madre fue, durante más de una década, la librera del barrio. Dicen que desfalleció una noche por vivir tantas historias ajenas. Husmeaba con esmero cada libro que llegaba a sus estantes, manoseando desgracias de muertes y amores como si fueran propias. Palpitando con ellas. Rezumando palabras advenedizas.

   Cuentan en el vecindario que su negocio nunca dio más que para pagar las deudas, pero jamás lanzó un lamento que sirviera de argumento a mi padre para cerrarle el local. Ella leía de día y de noche en la soledad de aquel cuartucho, tal era su desmedida afición por las palabras. Hasta que un día, cansada de descifrar siempre los mismos finales imaginados, comenzó a arrancar las páginas más predecibles y reescribirlas. Descubrió con esta práctica la forma de descuartizar rutinas.

   Desde entonces la recuerdo sobre el taburete de la librería deshojando desenlaces de novelas, mezclando tramas policíacas con surrealistas; confabulaciones románticas con giros de terror. Una noche, mientras destripaba su último ejemplar, desapareció. Desde entonces intenta mi padre traspasar el negocio, pero los libros continúan mezclando sus páginas huérfanas buscando finales imposibles y no conseguimos poner orden para atraer a ningún comprador.

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Microrrelatos de amor y desamor (VI)

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PABELLÓN DE CÁNCER
Fernando Iwasaki
Al principio no entendí por qué me había mandado llamar, pues hacía más de doce años que estábamos divorciados. Nunca quiso aceptar nuestra separación y siempre trató de responsabilizarme de sus penurias, sus desamores, sus amarguras. Tampoco fue fácil para mí sobreponerme a la soledad. El penetrante olor del hospital me trajo a la memoria otras agonías, otros muertos, otras pesadillas.

En la penumbra de la habitación distinguí el brillo exangüe de sus ojos, y me enfrenté a la mirada líquida de aquel cráneo árido y verdoso, vagamente familiar. ¿Qué puedo hacer por ti?, pregunté tragando saliva. Entonces encendió la luz.

Cualquier semejanza con el rostro que alguna vez amé había desaparecido para siempre, y no tuve más remedio que huir cuando las negras encías de aquella atrocidad insinuaron una perversa sonrisa, pues comprendí que me había llamado para que su recuerdo me acosara mientras viviera
.

SIN AMOR
Carmen Roiz
 Miro al mar mientras me descalzo y me siento en la arena. Mi vestido blanco, largo, está mojado. No recuerdo cuando perdí el velo. El viento me despeina, siento frío. Me levanto y voy de un lado a otro, por la orilla. El mar, el cielo, lo ocupan todo. Marcos se acerca y se detiene a mi lado.

–Te he buscado toda la noche.

No digo nada, no lo miro. Huele a arena, a sal.

-No puedes dejarme, no sin una explicación.

–Aquí no existen palabras, –le digo volviéndome hacia el mar.

–Entonces, ¿dónde?.

–Lejos, en la mentira
.

Ella observa cómo el hombre se acerca mirándola con ansias. Para medirlo, le basta. Lo sabe torpe, principiante.
 

—Va a intentar abordarme —piensa. Y se estremece ante la expectativa: pronto disfrutará una emoción violenta.
 

El hombre recorre con la vista su silueta, desde la base hasta la cumbre y comienza a escalarla.
 

Ella, como siempre, espera el error.


TRIÁNGULO AMOROSO
Ana María Shua
A ama a B que ama a C. Como se observa a simple vista, B está embarazada. Determine el sexo de A y C y enumere todas las combinaciones posibles en cuanto a las preferencias sexuales en los vértices del triángulo ABC, considerando que no hace falta amor para provocar un embarazo y que hay en el alfabeto tantas otras letras, en el universo, tantos dispares alfabetos.

VIRGEN
Teresa Serván
Liberado al fin del bastón blanco, el hombre ciego se recuesta en la cama junto a la muchacha. Su barba recia contrasta con la suave melena femenina, empapa el olor que ella desprende e imagina sus curvas.

Tumbada junto a él, la joven parece una niña, duda, es la primera vez que se ofrece a un hombre y el rubor de sus manos delata la timidez virginal. Entonces olvida el bastón y el perro que custodia la puerta y, pudorosamente, apaga la luz
.

Cada tarde al volver del trabajo en el tren de cercanías de las 18:45, veo a mi mujer de pie en el andén alzando cada tanto la cabeza, como si buscara a alguien. Cuando el tren ya ha reanudado su marcha, me acerco a ella y le digo:
   

—Siento que hayas tenido que esperar tanto, pero hoy iba con algo de retraso… Eh, ¿me escuchas?… Soy tu marido… ¡María! ¡María!…
 

Ella mira y mira ensimismada, mientras nuestro perro me ladra. Cuando no queda nadie en el apeadero se va entre lágrimas. Así llevamos desde que estalló aquella bomba en el vagón.

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Microrrelatos hiperbreves (IV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


SIN TÍTULO
Georg Christoph Lichtenberg
Johann te entregará esta carta escrita con café. Yo hubiera usado sangre, si no hubiera tenido café.

CALIDAD Y CANTIDAD 
Alejandro Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.

CONJUGACIÓN 
Ángel  Olgoso
Yo grité. Tú torturabas. Él reía. Nosotros moriremos. Vosotros envejeceréis. Ellos olvidarán.

PRUEBA DE VUELO 
Eugenio Mandrini
Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.

DESINENCIA
Juanjo Ibáñez
Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven.

PEQUEÑOS CUERPOS
Triunfo Arciniegas
Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

DEPRESIÓN 
María Isabel Quintana
La tristeza creció y creció; se hizo larga, se hizo velo.
Se hizo mortaja
.

MEMORIAS DE JUAN CHARRASQUEADO
José Emilo Pacheco
—Yo no lo maté: él solito se le atravesó a la bala.

69
Ana María Shua
Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

PROMISCUIDAD TEXTUAL
Juan Romagnoli
Ella se va a la cama, como todas las noches, con un escritor distinto.