«Condenado», relato de Angelique Pfitzner

«CONDENADO»
Angelique Pfitzner
Tiempo de confesión. Dicen que la maldad va acompañada de la naturaleza humana. Una condición unida a nosotros nada más nacer. Reductos de encapsuladas pesadillas carentes de  moral que jamás afloran a la superficie en la mayoría de los mortales.   
   
¿Una tara en secuencias variables equivocadas de ADN?  Es posible. En mi caso señores, solo puedo afirmar que por desgracia, una demencia desbordada de impulsos incontrolados, la mitad del cerebro ajeno a nuestra conducta social y el placer de contemplar la muerte en los ojos de mi víctima, me convirtió en un asesino.

No pretendo justificar mis actos  de animal salvaje  en un tratado de psicología. Tampoco que puedan sentir lástima de una existencia atormentada. Solo les ruego que no me juzguen antes de leer mi historia en la medida de su comprensión. Ustedes podrán deducir sus conclusiones y etiquetarme bajo la piel de un loco, un psicópata asesino, o simplemente alguien que se sintió engañado. Y quizá, tal vez en milésimas de segundos, preguntarse sin querer ofenderles, si existió alevosía a o es posible que mi enajenación mental transitoria fuera fruto de una respuesta por culpa de manipulaciones y mentiras.

A estas alturas de mi vida nada me salvará de morir quemado en la silla eléctrica, pero  antes de exhalar el último suspiro de aire, dejaré escrito los motivos que me indujeron a matar.

Mi sentencia lleva en lista de espera casi tres años. Tres años de condena a un final sin  billete de vuelta, liarme a ostias con tipejos más violentos que yo mismo, congelar el tiempo en pajas rápidas, y re memorizar cada milímetro del recuerdo hasta volcar las paredes de mi memoria en esta blanca hoja de papel.

Todavía tengo grabadas las palabras del fiscal en la segunda sesión de mi juicio.  Somos el resultado de nuestros actos.  No se engañen por hipótesis fuera de toda prueba fehaciente. Estamos ante un atroz crimen cometido por el acusado y  debe ser declarado culpable. Atónito escuchaba sin dar crédito. ¿De quién cojones hablaba?  La violencia  tatuada en tinta indeleble dentro del alma emerge a la superficie sin apenas darte cuenta. La maldad inunda tu sangre y el deseo explícito de arrancar la vida de cuajo es prioridad absoluta. 

A veces puede  ser provocado por agentes externos que no llegamos a relacionar, desencadenante de situaciones completamente normales o simplemente sentirte engañado por pitonisas, pociones mágicas o cifras alucinantes de dinero a cambio de leer las cartas del tarot. En beneplácito de satisfacer el placer carnal del sabor a hembra  yo fui uno de tantos que acudió a una vidente.   

Han oído bien. Una odiosa mujer que puede acarrear disgustos, rupturas, conductas fuera de la lógica e incluso  crear homicidas. Una adicción pegada a las neuronas del cerebro en tortura de perder la razón, entrar en un mundo de locura y convertirte en uno más de su secta.    

Todavía recuerdo la cara de aquella bruja, descendiente directa de la Sacerdotisa de Apolo, reencarnada en la piel de una aprovechada entrada en carnes y años, largas uñas color esmeralda, una lengua viperina en aras de la verdad y venta directa de sus servicios, en tiempo controlado al límite de un cuenta segundos. 

Su spot publicitario ofrecía la solución a mis problemas. Después de conectar durante varias semanas el televisor a media noche, escuchar testimonios desesperados en extravagantes situaciones  más allá de cualquier paranoia y respuestas carentes de escrúpulos, fiel a las ganancias del 905, caí como un pardillo rendido a ella, sin ser consciente del resultado de sus envenenados consejos.   

Antes de entrar en los detalles escabrosos de mi crimen, debo aclarar que no soy egoísta, tampoco sadomasoquista. Perfiles dicen, vinculados a tipos como yo.  Y a pesar de  acudir a multitud de psicólogos, tratamientos a base de pastillas tranquilizantes y terapias de autocontrol, nada conseguía calmar  mi ahogado espíritu enfermo. He tenido demasiadas frustraciones con el sexo femenino, la mayoría de veces por mi culpa,  y en la ilusión de poder lograr la visión de una vida prometedora decidí olvidarme de los médicos convencionales y contratar los servicios de una adivina.

Siete llamadas telefónicas en línea directa con la susodicha persona, de nombre real Eleuteria  Calvo de Sarmiento y entré a formar parte de su lucrativo negocio. Obviamente por circunstancias que pueden imaginar, su identidad quedaba sellada en los círculos más íntimos.  Todos la conocíamos por “La Clarita”.

Como les comentaba, en riqueza directa a su bolsillo, setecientos euros detallados en mi factura telefónica y en reclamo a los oyentes,  me reservó una cita personal y privada. Iluso de mí, acepté
encantado.

Siete días más tarde, en cuerpo y alma desnudé todas las decepciones consumidas en duchas de agua fría, mis horas de soledad ahogado en la belleza femenina de imaginar un cuerpo desnudo entre las sábanas calientes de un sexo necesitado y la lucha interna de ansiar ser un hombre normal.  A medida que calmaba mi espíritu en una catarata de sinceridad, acompañado de un trozo de piel de limón sobre mi frente para abrir y purificar las chacras, un sentimiento crecía profundo en el interior de mis entrañas. Una sensación de malestar, repugnancia y perversión carente de fundamento. Sus palabras caían sobre mi cuerpo en un torrente de energía de placer, en una purificación del alma y la promesa de conocer a la semana siguiente a la mujer de mis sueños. Una hembra mulata con un cuerpo de infarto, una boca de labios carnosos y ojos profundos color miel capaz de hacerme sentir  un hombre. Pueden creerme cuando les digo que salí de allí dentro con el bolsillo vacío, unas ganas enormes de vomitar y a la espera de conocer a mi media naranja.  Evidentemente nunca llegó a mis brazos.

Juré olvidarme de mis problemas emocionales y no regresar nunca más al entresuelo ubicado en la calle Tallers número cinco.  Sin embargo, igual que una obsesión compulsiva, no tardé más de quince días para volver a sentarme delante de aquel esperpento.

No puedo entender la naturaleza que me impulsó a cometer semejante atrocidad, cuando de súbito en la intimidad de su santuario y en un impulso demencial al escuchar de nuevo sus odiosas mentiras me abalancé contra su cuello, coloqué mis manos en aquella tráquea y apreté centímetro a centímetro hasta estrangularla. Sus ojos volteados, la pérdida de aire en el interior de sus pulmones y varias sacudidas intentando en vano deshacerse de la opresión ejercida por mi fuerza fueron suficientes para arrancarle la vida a  aquella ladrona de ilusiones.

Aún con el corazón acelerado, saqué el móvil del interior del bolsillo de mi chaqueta tejana y llamé a la policía.

—¿Sí?
—He matado a “La Clarita”


Así fue como he llegado a este momento de mi vida y solo me queda un último deseo antes de ser conducido a ella. Fiel a su cita aguarda descargar sobre mi sangre todo su voltaje y enviarme al infierno.

—¿Tiene visita?

Alzo la mirada  y el carcelero espera mi respuesta. Ha permanecido junto a mí durante todo este relato, imagino que para evitar alguna idea de suicidio.   

—¿Visita? —repito.

Aún no he terminado la frase que aparece ante mis ojos. Una criatura de piel morena, largos cabellos color negro, de belleza infinita y cuerpo de vértigo. Escucho su voz en una melodía desde su boca en dulce néctar de seducción, al unísono que contemplo en la profundidad de sus pupilas la miel escrita por la pitonisa.

—Estuve esperando nuestra cita hasta el amanecer. Ahora es demasiado tarde.

No puedo creerlo. En mis entrañas había olvidado el lugar exacto detallado por “La Clarita” al que debía acudir para conocer a mi cita.

Este relato ha sido escrito por Angelique Pfitzner para la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.


ha sido directora durante dos años del programa de radio semanal de contenido literario «Una hora con Angelique», directora del programa de tv en News Cat televisión on line «Lee o muere. La Orilla Negra» y miembro de la junta de varios festivales literarios: Cubelles Noir, Matarranya Negra, Bellvei Negre, Madrid Negro y Black Mountain Bossòst. Próximo comisario del festival de literatura Lloret Marea Negra. Escribe para la revista  «Noir. Revista Cultural» y ha publicado  las novelas COMPULSIVA OBSESIÓN (Serial Ediciones (Reed), 2012): Premio mejor novela de género negro en el certamen de literatura «Isla de las Letras» 2012 y ELDHA. CASO CERRADO. (Serial Ediciones, 2015), la antología de relatos BIG BANG 13 (Serial Ediciones, 2016).