El arquetipo del detective-dandi, por Inés Mendoza

EL ARQUETIPO DEL DETECTIVE-DANDI 
Inés Mendoza
El dandismo es el último destello del heroísmo de las decadencias. [Charles Baudelaire]

¿Qué lector apasionado no se ha sentido atraído por un personaje de ficción? Quién, al menos una vez, no ha querido abrazar a Swann, charlar con Adriano, Nemo, Bartleby; despertar a la Sophie de Novalis, besar a La Maga en un muelle del Sena. Cuántos de nosotros no habremos experimentado hacia el osado barón rampante o el infeliz Joseph K. un afecto comparable al que se tiene por un amigo. Da igual que guardemos el secreto bajo llave: cualquier amante de los libros reconocerá este singular género de enamoramiento. Y los aficionados a la novela detectivesca o “de misterio” no somos una excepción. De hecho, puede que haya más entusiastas de Lord Wimsey, Hércules Poirot o Sherlock Holmes que adeptos a los autores que les dieron vida. En el fondo es menos sorprendente de lo que parece, pues estos personajes encarnan el arquetipo del detective-dandi, tan seductor en la ficción como improbable en la vida real.

Respecto a la figura genérica del dandi, Lluis María Todó sugiere que en el origen del dandismo arde una protesta romántica, un desdén por las directrices que fundamentan la sociedad industrial. Directrices como el utilitarismo, la productividad, la hiperactividad, el optimismo o la uniformización de la conducta. No por nada Baudelaire declaró que los dandis son “representantes de lo que hay de mejor en el orgullo humano, de esa necesidad –excesivamente rara entre las gentes actuales- de combatir y destruir la trivialidad. Es de ahí de donde nace esa actitud altanera de casta provocadora, que tanto caracteriza a los dandis incluso en su frialdad”. La herejía principal del dandi, en una palabra, consiste en dedicar su vida a contravenir las costumbres de la vida burguesa. Por eso coquetea con la muerte recurriendo a paraísos artificiales. Por eso se conduce con excentricidad. Por eso cultiva su imagen con esmero y se niega a practicar actividades socialmente útiles como trabajar o tener hijos. Una ofensiva contra el mandato de normalidad que es característica de la cosmovisión romántica.

Si recordamos que uno de los padres del género detectivesco fue el escritor romántico Edgar Allan Poe, no nos extrañará que también el detective clásico se rebele contra la Doxa u opinión común. Y lo hace, explica Fernando Savater, derribando los prejuicios de los lectores; demostrando mediante la resolución del crimen que el culpable no era ninguno de los sospechosos que nos habíamos apresurado a señalar. Hace más: nos previene contra las terribles consecuencias que en la vida real podría tener semejante negligencia acusadora.

Naturalmente, la oposición romántica que ejerce el dandi contra el establishment y contra la doxa que lo refrenda, se extiende al ámbito de su vida individual: a sus emociones, temperamento, preferencias, conducta, etc. En la narrativa detectivesca, el correlato de este fenómeno es lo que el especialista Julian Symons llama el “encanto byroniano trasnochado” del detective clásico. Y es que si hay un rasgo que se repite en bastantes novelas de misterio es la excentricidad del protagonista. De hecho, se podría considerar este rasgo como un tópico del género, al menos durante la Edad Dorada británica (la ficción criminal norteamericana iba por otros derroteros), que podemos situar, aunque con ciertas reservas, en el período de entreguerras.

En realidad, la estirpe de los investigadores extravagantes tiene una raíz anterior al siglo XX: el sargento Cuff de La piedra lunar (1868), uno de los primeros detectives-dandi de la literatura. Para algunos expertos es harto probable que este personaje de Wilkie Collins fuera el modelo de Poirot, Wimsey, Holmes, y otros sabuesos de ficción. En efecto, ahí donde Cuff es lo bastante excéntrico como para conciliar su peligroso y violento oficio con el delicado pasatiempo de cultivar rosas, sus homólogos hacen otro tanto: el afectado Poirot viste con atildamiento, Holmes toca el violín, el agente Philo Vance es erudito, ama la cerámica y juega al ajedrez, y Lord Peter Wimsey, refinado gourmet y catador de vinos, es descrito como un políglota que colecciona libros raros, juega al cricket, y hasta usa monóculo. 

Con todo, la extravagancia no es el único rasgo byroniano del detective clásico. Ya  Umbral situaba al dandi del lado de lo demoníaco, pues no le mueve la humildad, sino “la más soberbia indiferencia”. O para decirlo con Eugenio D’Ors, la denuncia del dandi recurre a la “manera cínica”, en lugar de articularse como una “lírica de la indignación”. Quizá esto explique que tantos detectives-dandi tengan un perfil que oscila entre la ironía y lo melancólico. No son pocos los que atraviesan fases sombrías o arrastran un hastío parecido al Spleen simbolista. Pensemos si no en Adam Dalgliesh, el detective-poeta de P. D. James, atormentado por su pérdida de inspiración literaria. O en Lord Wimsey, que se deprime en varias ocasiones: cuando su prometida de juventud se casa con otro, cuando vuelve del frente tras la Primera Guerra Mundial, e incluso cuando los criminales que atrapa son condenados a la pena de muerte. Hasta el divertido Poirot, un dandi más mundano que rebelde, exhibe un talante casi apesadumbrado en Asesinato en el Orient Express.

Rebeldía, gustos estrafalarios, hastío, propensión a la soledad, indiferencia, melancolía, altanería, compasión, ironía, ingenio: son estas las cualidades que, dentro y fuera de la literatura, han prestado al arquetipo del dandi su irresistible encanto byroniano. También son estos los atributos, románticos en su mayor parte, que han configurado el arquetipo del detective-dandi, capaz de enamorar a generaciones y generaciones de lectores en todo el mundo.

En el prólogo a una novela de Dorothy L. Sayers, la escritora británica P. D. James proclama que “Lord Wimsey vive”. Ciertamente, para los que seguimos prendados de este inolvidable sabueso, la existencia literaria que le dio Sayers puede ser tan contundente como la de una persona real. Algo parecido experimentarán los lectores enamorados del Sherlock de Arthur Conan Doyle, el Poirot de Ágata Christie, y de tantos otros detectives-dandis. Contra lo que se pueda creer, no se trata de una pasión descabellada. Se trata de esa costumbre tan humana que nos hace vivir ideas, ficciones, sueños o deseos como si fueran reales. Porque el hecho es que lo son. Son tan reales como la imaginación, el juego o la invocación al mito. Tan reales y atemporales, en suma, como las prodigiosas estructuras invisibles que nos convierten en seres simbólicos
.

Este artículo ha sido escrito por Inés Mendoza para la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirlo, total o parcialmente, que cite su fuente original.

es escritora y arquitecta. Trabaja como profesora en la Escuela de Escritores. Ha impartido talleres en instituciones como el Museo del Romanticismo y colaborado en medios nacionales e internacionales de prensa y revistas de arquitectura. Sus cuentos han sido premiados en varios concursos y recogidos en antologías, entre las que destaca Mar de pirañas, nuevas voces del microrrelato español. También ha publicado artículos sobre literatura en libros como Diodati. La cuna del monstruo. Su libro de relatos «El Otro Fuego» fue publicado en 2010 en la editorial Páginas de Espuma.

Agradecemos a Elena Martín Barce que nos haya permitido incluir la fotografía de Ines Mendoza para esta ficha biográfica.


Os ofrecemos la intervención de David G. Panadero para clausurar la II SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2017, en la que nos habla sobre el artículo «El arquetipo del detective-dandi», de Inés Mendoza.
 

***

TAL VEZ TE INTERESE:

Reseña de LA CAJITA DE RAPÉ
España, 1861. Tras un cuarto de siglo como policía, José María Benítez, al frente de la comisaría de La Latina, ve al alcance de su mano el prestigioso puesto de inspector jefe de Madrid. Sin embargo, sus ambiciones personales quedan relegadas cuando en la casa de los Ribalter, una adinerada familia de su distrito, aparece muerta una criada...

Investigación criminal en el siglo XIX
En 1893 el juez austriaco Hans Gross publicó Manual del Juez como Sistema de Criminalística, un libro que contenía todos los conocimientos científicos y técnicos que se aplicaban entonces a la investigación criminal. En él, definía...


Reseñas de novela negra y policiaca
«Una historia de policías», de Esteban Navarro; «Adiós, princesa» de Juan Madrid; «Ya no quedan junglas adonde regresar», de Carlos Augusto Casas; «Habana Réquiem» de Vladimir Hernández; «Entre la lluvia» de Alberto Pasamontes...