Reseña de «Perder es cuestión de método», de Santiago Gamboa

RESEÑA DE «PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO», DE SANTIAGO GAMBOA (Grijalbo, 2014)
Manu López Marañón
Nuestro viajero director, el siempre ilustre Javier Alonso García-Pozuelo, me sugiere reseñar, para la IV Semana Negra de la Glorieta, esta novela ambientada en Bogotá y escrita por el colombiano Santiago Gamboa. Tras no pocas vicisitudes me he hecho con un ejemplar de 2014, pero aviso que «Perder es cuestión de método» se publicó en 1997 y que los sucesos en ella narrados transcurren durante 1992.

Señalando desde sus primeras páginas cómo la novela dejará fuera toda violencia proveniente de acciones guerrilleras, de actuaciones del ejército o de bandas paramilitares, la suya es una violencia totalmente urbana e identificable en cualquier parte del mundo: la derivada de un espeluznante asesinato y que desarrolla una trama en la que lo de menos –conviene adelantarlo ya– es el crimen propiamente dicho.

«Perder es cuestión de método» viene protagonizada por un investigador muy particular. El periodista llamado Víctor Silanpa, baqueteado por una novia que acaba dejándolo por otro, puede hacerse pasar por agente gracias a un carnet que le facilita el desaprensivo capitán de la policía Aristófanes Moya. Sirviéndose de la ubicua presencia de nuestro protagonista, el autor plantea un enredo de sinuosos intereses inmobiliarios en el que aparecen, amalgamados, concejales como Marco Tulio Esquilache, mafiosos del calibre de Heliodoro Tiflis, abogados de prestigio como Emilio Barragán, mujeres sin corazón como Mónica, y hasta una deslumbrante prostituta menor de edad. Con este elenco el autor consigue el buen coctel de novela negra, ironía y crítica social que hace que «Perder es cuestión de método» avance sin pausas, como busca la mejor tradición del género… Y que no perdone a nadie.

Un cuerpo empalado aparece en las orillas del lago Sisga, cerca de Bogotá. Para resolver el caso Víctor Silampa y su inopinado colaborador, el oficinista Emir Estupiñán, indagan sobre una historia sórdida, pero también humana y grotesca. Con la ayuda de la joven prostituta Quica, y a cambio de algunos favores para el capitán Moyá (que está encargado del crimen y les facilita información), nuestros investigadores –con riesgo de sus vidas– llegarán al fondo de esta alambicada especulación inmobiliaria. Políticos y empresarios voraces, apasionados del naturismo (resulta un hallazgo el provecho que saca Gamboa a «El paraíso terrenal») y periodistas de toda laya completan el novelesco paisanaje, con la ciudad de Bogotá al fondo. Encontrar las desaparecidas escrituras de unos terrenos de 400 hectáreas, ubicados a orillas del Sisga (que es donde ha aparecido el empalado), y en donde se pretende construir una urbanización de lujo, obsesionará a buenos y malos hasta el final.

Historia de perdedores, Víctor Silanpa se nos muestra bien trazado en su «profesional» encono por sacar a la luz el crimen que le ocupa a pesar de los vaivenes sentimentales a los que lo somete su cruel novia (un tipo de mujer, por desgracia no tan infrecuente, al que habría que denominar sin complejos como «torturadora de hombres»). Víctor se hace querer porque cuando cae se levanta convencido de cómo las cosas pueden cambiar, de cómo el mal no tiene porqué triunfar siempre: él sabe sacar lo bueno después de cada derrota.
 

Novela coral donde los personajes más positivos resultan ser el periodista, su ayudante y la joven prostituta, los tres representan a quienes persiguen la verdad e intentan hacer justicia en un país tan peliagudo como es Colombia. La desmedida ambición que no se doblega ante nada ni ante nadie, la maldad en estado puro, vienen representadas por esos «monstruos perfectos» que resultan ser el empresario Ángel Vargas Vicuña y el mafioso Heliodoro Tiflis, secundados en todo momento por matones sin entrañas.

En un terreno intermedio –a modo de purgatorio– situamos a un sujeto peculiar pero imprescindible para el desenlace: Fernando Guzmán. Excompañero de Silampa en el diario El Observador, Guzmán, ingresado en un centro psiquiátrico desde que empezó a ser devorado por las cucarachas, trata de curar allí su alcoholismo. Pese a ser un número 1 en su profesión, los psiquiatras escribieron: «Tiene el cerebro destrozado por el estrés, las drogas, el alcohol y el trabajo». A medias recuperado, Silanpa recurre a Guzmán, quien, en un destello, le desvela la identidad del empalado del Sisga.

La corrupción es un elemento perturbador de la democracia y con «Perder es cuestión de método» Gamboa radiografía magistralmente la que existía en Colombia durante 1992 y que –imaginamos– seguirá por similares derroteros. La corrupción terminará algún día no solo en Colombia, también en toda Latinoamérica y en España… pero no debe hacerse triunfalismo. Gamboa, desde luego, no lo practicó en su novela porque de sobra conocía cómo, entre victoria y victoria, hay muchas derrotas –y las que aún quedaban–, y que una obra esforzadamente optimista sobre ese arraigado mal sólo contribuiría a dañar más la imagen de aquella Colombia de 1992.


Esta reseña ha sido escrita por Manu López Marañón para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.


nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.