Reseña de «Las manzanas de las Hespérides», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LAS MANZANAS DE LAS HESPÉRIDES», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El undécimo trabajo de Hércules Poirot, como lo fue de su tocayo griego, es Las manzanas de las Hespérides. El relato original se publicó por primera vez en 1940, en Estados Unidos se le dio como título The Poison Cup.

Conforme nos relata la mitología griega, las Hespérides eran unas ninfas que, por encargo de la diosa Hera, esposa de Zeus, cuidaban un maravilloso jardín de árboles frutales en una tierra del lejano occidente que unos situaban cerca de la cordillera del Atlas, otros en Libia y otros en Tartessos. Euristeo envió a Hércules a robar manzanas de oro del jardín de las Hespérides, que estaba protegido por un dragón de cien cabezas llamado Ladón. Tras un largo viaje lleno de incidentes, el héroe llega allí y convence al titán Atlas, el padre de las Hespérides, para que recoja unas manzanas mientras él sujeta el cielo (esa era la función de Atlas, condenado por Zeus como castigo por la rebelión de los titanes). A su vuelta Atlas rechaza volver a sostener los cielos y se ofrece a llevar él mismo las manzanas a Euristeo; Hércules finge aceptar, pero pide a Atlas que sujete un momento los cielos mientras él se ajusta su capa, o se pone un cojín sobre la espalda para estar más cómodo, según distintas versiones, y cuando el otro lo hace coge las manzanas y sale huyendo. En otras versiones es el propio Hércules quien toma las manzanas después de matar al dragón de un flechazo. Euristeo no se atrevió a quedarse con las frutas, ya que eran sagradas, así que Hércules las ofreció a Atenea, diosa de la guerra y protectora de los héroes, que las devolvió a su lugar.


Hércules en el Jardín de las Hespérides
(Mosaico romano, Liria)


2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Emery Power, rico financiero y experto coleccionista de obras de arte, acude a Poirot para que le ayude a recuperar una copa de oro cincelado, renacentista, de la que se dice que el papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia, la utilizaba para envenenar a sus enemigos. Tiene forma de árbol, a cuyo tronco se enrosca una serpiente formada de joyas, con manzanas de esmeralda. Power la adquirió diez años atrás en una subasta pagando treinta mil libras, pero el mismo día de la subasta fue robada de la mansión del marqués de San Veratrino, su propietario, con otras obras de arte. La policía detuvo a dos de los ladrones, miembros de una banda internacional, y recuperó parte del botín, pero el tercero de los delincuentes y cerebro de la operación, un irlandés llamado Patrick Casey, y la copa de oro no habían sido localizados. Power no aceptó que el marqués le devolviera el dinero porque quería obtener la copa y creyó algún tiempo que podía estar en poder de sir Reuben Rosenthal, otro coleccionista rival que también pujó en la subasta, pero recientemente este le ha asegurado que no es así.

Poirot habla con el inspector Wagstaffe, que llevó la investigación sobre el robo. Cree que Casey pudo esconder la copa y, al fallecer poco después de una caída mientras intentaba otro robo, podría seguir escondida. Le da la lista de otros miembros de la banda, que están repartidos por todo el mundo. Poirot, rechazando la sugerencia de su criado, George, de viajar en avión para localizarlos, prefiere escribir a agencias de detectives de Nueva York, Sidney, Roma, Estambul y París. Seguidamente, toma el tren a Liverpool, donde vivía Casey.

Tres meses más tarde Poirot está en la costa del oeste de Irlanda. Visita un convento de monjas donde espera encontrar a la hermana María Orsula, antes Kate Casey, hija de Patrick Casey. La superiora le comunica que murió dos meses antes. En el incómodo hotel donde se hospeda consigue la ayuda de Atlas, un corredor de apuestas, para entrar con nocturnidad en la iglesia. De vuelta en Londres, visita a Power y le hace entrega de la copa de oro desaparecida. La hija de Casey la encontró en su casa de Liverpool y, desconociendo su origen, se la llevó al convento donde se utilizaba como cáliz. Poirot supuso que si nadie había tratado de desprenderse de la copa era porque estaba en un sitio donde no se le había dado valor.

Power pregunta a Poirot por sus honorarios, y este le dice que no le cobrará nada pero le ruega que devuelva la copa al convento. El coleccionista queda estupefacto. Poirot le muestra el depósito secreto y el conducto que contenían el veneno y le explica: “Usted mismo dijo que la historia de ella era perversa. Violencia, sangre y malas pasiones acompañaron a su posesión. Y la maldad puede llegar hasta usted si se la queda”. Le sugiere un acto grande y desinteresado, devolverla al sitio donde se conservó en paz durante diez años y dejar que la maldad se purifique allí. Le describe el lugar, un jardín de paz mirando sobre el mar, y Power responde que él nació allí, en la costa de Irlanda, de la cual emigró a los Estados Unidos. Acepta devolver la copa. Poirot vuelve al convento y le cuenta la historia a la madre superiora, la cual promete que rezarán por Power, que bien lo necesita ya que, como dice Poirot, es un hombre “tan infeliz que olvidó lo que es la felicidad. Tan infeliz, que él mismo no sabe que lo es”. “¡Ah! Un hombre rico...”, deduce la superiora.



3. Las inclinaciones artísticas de Agatha Christie


Agatha Christie, después de ser educada en casa por profesores particulares, fue enviada por sus padres a estudiar en un exclusivo colegio para jóvenes inglesas en París, probablemente muy parecido a los que describe en El cinturón de Hipólita y en Un gato en el palomar. Según cuenta en sus memorias, disfrutó mucho de sus estudios, que se tomaban muy en serio y que eran los apropiados para las señoritas de aquella época: música, piano y canto, literatura francesa, declamación; acudían con frecuencia al teatro, a la Comédie Française, a la ópera y al museo del Louvre. Le hubiera gustado dedicarse profesionalmente a la música, pero renunció porque no se sentía capaz de actuar ante el público (años más tarde fue elegida presidente del Detection Club y puso como condición no tener que pronunciar discursos). Luego pasó una temporada en El Cairo, acompañando a su madre que se reponía de una enfermedad, y allí fue presentada en sociedad (en la sociedad británica residente en Egipto, compuesta sobre todo de militares). En esa época cuenta que le interesaban más los jóvenes que las obras de arte egipcias y que no les hacía ningún caso; veinte años más tarde, en cambio, regresó y le causaron una profunda impresión. Dice que no hay nada peor que las cosas a destiempo, y recuerda también que cuando su familia le obligaba a dibujar y pintar no le gustaba nada, pero pocos años más tarde, ya crecida, a través de una amiga de su familia con la que visitó Italia, aprendió a apreciar la pintura. En un viaje que hizo por el Cercano Oriente en 1928, tras divorciarse de su primer marido, Archibald Christie, conoció al arqueólogo Max Mallowan, con el que pronto contrajo matrimonio y al que acompañó en sus excavaciones tomando un papel muy activo. A partir de entonces estuvo muy interesada por la arqueología, el arte antiguo y la historia, de lo cual queda abundante rastro en sus obras, sobre todo en Asesinato en Mesopotamia, Intriga en Bagdad, Muerte en el Nilo, La venganza de Nofret o Cita con la muerte.

Que
Agatha Christie era una persona instruida y con sensibilidad por la cultura se aprecia en sus escritos. La propia elección de los trabajos de Hércules para una serie de relatos, o la de una copa renacentista del papa Borgia como núcleo de un relato como Las manzanas de las Hespérides, revela su gusto por el arte y por los clásicos. Pero las referencias en ese sentido aparecen abundantemente en otras obras suyas, a veces con cierta carga de ironía. Por poner algunos ejemplos, el título original de la novela titulada El cuadro en castellano, By the Pricking of My Thumbs, es una cita tomada de Macbeth; el de El espejo se rasgó de parte a parte proviene de un poema de lord Tennyson, y en su trama juega un papel importante la reproducción de una Madonna de Giovanni Bellini; el título de Maldad bajo el sol proviene del Eclesiastés, 3,16: “Yo he visto algo más bajo el sol: en lugar del derecho, la maldad, y en lugar de la justicia, la iniquidad”; Némesis hace referencia a la diosa griega de la justicia y de la venganza, y en esta novela a miss Marple uno de los personajes le recuerda a otro salido de una obra griega, Clitemnestra; la trama de El cadáver de Arlequín se inicia en una galería de arte; en Se anuncia un asesinato el reverendo Harmon suele leer por las noches a su esposa Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon; en Después del funeral la trama gira en torno al descubrimiento de un cuadro del pintor holandés Johannes Vermeer; en Doble pista se produce el robo de un collar de esmeraldas de Catalina de Médicis, y en Doble culpabilidad de unas miniaturas del pintor inglés Richard Cosway. En La muerte de lord Edgware la asesina, que ha sido suplantada por otra mujer para proporcionarle una coartada, es descubierta por la incultura de esta al confundir El Juicio de Paris con las modas de París.

En sus memorias explica su actitud ante el arte como una experiencia casi mística: “Cuando se ven las maravillas que el hombre hace con sus propias manos, se siente uno orgulloso de pertenecer a la raza humana, a la raza de estos creadores. Seguro que participan en cierta forma de la santidad del Creador, que ha hecho el mundo y todo lo que está en él y que vio que era bueno. Pero dejó cosas por hacer, cosas que el hombre debía tallar con sus manos, y lo hizo para que siguieran sus pasos, ya que están hechos a su imagen y semejanza, y para que vieran lo que hacían y vieran que era bueno. El orgullo que produce crear algo es extraordinario”. Y luego añade: “El hombre puede ser un demonio, mucho más malvado de lo que sus hermanos los animales serían nunca, pero también puede elevarse a los cielos en el éxtasis de la creación”. Aunque por boca de uno de sus personajes, la escritora de novelas policíacas Ariadne Oliver, que tiene bastante de autoparodia, también llega a decir en Cartas sobre la mesa: “¡Pero el asesinato puede ser un arte! Y el asesino un artista”. Poirot le responde: “No soy tan indiferente al arte en el crimen, como usted supone. Puedo sentir admiración hacia el asesino perfecto... como podría admirar también a un tigre... que es una fiera espléndida. Pero lo admiraría desde el exterior de la jaula. No entraría en ella, a no ser que mi deber me obligara”. En Telón, finalmente, Poirot sí se considera obligado a entrar en la jaula
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Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu