RESEÑA DE «SEIS PERSONAJES Y UN CANTANTE», DE AMALIA ÁLVAREZ SAN PEDRO (Editorial Amarante, 2017)
Manu López Marañón
Manu López Marañón
Que la infancia es territorio fértil para que un escritor germine ya lo demostró el más grande novelista de la historia, el francés Marcel Proust. En esta época tan cicatera con el tiempo libre, darse el gustazo de leer «En busca del tiempo perdido» está al alcance de pocos. Siempre tuve la sensación de que Proust es lectura de rentista… Sin embargo rogaría a todo interesado no solo en la literatura sino en el arte en general, que, antes de irse al otro barrio, trabaje un poco menos y cate «Por el camino de Swann», comienzo de la irrepetible saga. En este primer volumen el repaso que de su infancia en Combray hace Proust ha quedado en los anales literarios. El recuento humano toma cuerpo en unos personajes grabados a fuego en quien los descubra; así por ejemplo, la cocinera de la familia del Narrador, Françoise, o el elegante, culto y mundano Charles Swann: mis favoritos.
Por su brevedad (77 páginas) «Seis personajes y un cantante» se devora de un saque. No concibo mejor compañero para un viaje (sobre todo en tren) que este libro. Eso sí, no esperen encontrarlo en esas «librerías» de estación o aeropuerto anegadas por insulsos mamotretos del momento destinados a lectores igualmente paniaguados. «Seis personajes y un cantante» deberán llevarlo en la maleta y antes, seguramente, haberlo pedido, porque –y por desgracia no creo equivocarme– esta maravilla tampoco estará disponible en librerías con mayores amplitudes de mira. La invisibilidad y el anonimato son castigos decretados por los distribuidores que toca padecer a quienes escribimos bajo los patrones de la hondura y la sensatez. Algo que, una vez asumido, no deja de tener sus ventajas, cierto es.
«Seis personajes y un cantante» no es un libro de microrrelatos. Estamos ante siete cuentos (más un epílogo) de no muy larga extensión pero con el suficiente número de páginas como para hablar de relatos stricto sensu. A pesar de que la azoriniana escritura de Amalia Álvarez San Pedro pueda ser calificada –y en bastantes ocasiones– como «prosa poética», tampoco englobaremos su obra en esta categoría (donde ubicamos «Ocnos» de Luis Cernuda o «Platero y yo» de Juan Ramón Jiménez).
Este libro publicado por la editorial salmantina Amarante (no debemos dejar de ensalzar la vocación de estas editoriales independientes que arriesgan con títulos que solo ellas tienen capacidad de lanzar: ahí está el presente y el futuro de nuestra literatura, una literatura dirigida a punta de pistola desde hace demasiado tiempo ya por mafiosos grupos editoriales); «Seis personajes y un cantante» –decía– está para mí más en la onda estilística de «Industrias y andanzas de Alfanhuí». Aquella anatomía social y provinciana de la España de la época, aquel hacer hablar, sentir, razonar, moverse o transmitir provechosa enseñanza a cualquier objeto que, con indudable maestría, lograba Rafael Sánchez Ferlosio encuentra vigorosa continuidad en nuestra escritora.
Previene Amalia Álvarez San Pedro en unas líneas introductorias de cómo conoció realmente a los protagonistas de su libro y que –aún hoy– los evoca. Pero, también, de cómo sobre estos caracteres ha dejado ella volar su imaginación. Con esta metodología construye sus relatos a flor de piel: matizados con precisión, tallados con mimo de orfebre (en ninguno sobra algo ni falta nada), afortunadamente en todos la filóloga feliz se ve devorada por la narradora de fuerza incuestionable.
En El cantante la fascinación de la agnóstica autora por las iglesias se apoya en las reminiscencias provocadas por aquel cantante tenor de misa; vestido siempre como un capitán de yate marbellí, bordaba a Bach y a Mendelssohn. Cibrián es un practicante de pueblo que soñaba con ser médico; una esposa arisca y poco dada al vuelo colaborará a que la vida de Cibrián acabe por no resultar soportable. En Serafina, relato contado usando la siempre complicada segunda persona, el miedo irracional que siente la niña protagonista hacia una inocente hortelana acaba encontrando justificación. Tras morir su castradora madre Manuel realiza su sueño de ser subastador; inopinadamente, sus triunfos en las subastas del pueblo lo llevan a conquistar la provincia. En Zoe, una irredenta borracha, feliz con sus botellas de vino y latas de cerveza, rechaza con asco la aguada sopa que le ofrecen las monjas. Mimos tiene un estudio de fotografía que es analizado desde los ojos de un perro de porcelana (en un homenaje al «Flush» de Virginia Woolf) que el artista usa como atrezo para sus posados. Rosa retrata a una panadera comparándola con los productos de su tahona; dotándola de tiernos atributos, la autora consigue transmitir su amor por los oficios artesanales, en este caso por el del pan. En el Epílogo encontramos los últimos personajes conmemorados por Amalia Álvarez San Pedro; como lamentando no haberles dado cuento propio aparecen aquí, con cierta urgencia e innominados, el tendero de ultramarinos, el hombre de las carteleras y esquelas, y el camarero fanático del orden.
Para terminar decir que todos los relatos vienen acompañados por una selección de fotos propiedad de la autora. Amalia Álvarez San Pedro es fotógrafa profesional y ha ganado importantes premios, lo que se nota en la bella interacción entre textos e imágenes que nos ofrece «Seis personajes y un cantante». Un libro imperecedero y –recuérdenlo– la mejor compañía para el viajero.
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nació
en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en
Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un
año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a
cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad
se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la
literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.
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Javier Alonso García-Pozuelo
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