La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
EGO, TE ABSOLVO
Rosana Alonso
Rosana Alonso
Desde que han retirado a los mendigos de la calle, don Prudencio no duerme bien, apenas come y ya le da igual ganar o perder en la partida de ajedrez que juega en el casino. Echa de menos a los pobres en general, pero sobre todo al que se apostaba en la entrada de la iglesia los domingos. Con qué naturalidad aceptaba la moneda de dos euros que dejaba caer en la caja de latón al salir de misa con su familia, cargado de buenas intenciones, confesado y arrepentido. Con qué gratitud le miraban sus ojos acuosos y cruzados de venillas rojas otorgándole un alivio placentero.
Ahora lleva tres semanas sin verle, y ni los rezos, ni los golpes de pecho aplacan su angustia. Por eso hoy, al encontrar un indigente fugado durante su paseo vespertino, pone en su mano un billete de cien euros, se pone de rodillas y le ruega que vaya a la misa de doce, que sea su mendigo siempre. Siempre.
Ahora lleva tres semanas sin verle, y ni los rezos, ni los golpes de pecho aplacan su angustia. Por eso hoy, al encontrar un indigente fugado durante su paseo vespertino, pone en su mano un billete de cien euros, se pone de rodillas y le ruega que vaya a la misa de doce, que sea su mendigo siempre. Siempre.
Los otros mundos
NAUFRAGIO
Pedro Herrero
Pedro Herrero
Todo el mundo habría alabado sin dudar la actitud del sobrecargo en las complicadas tareas de evacuación de la nave, tras el incendio declarado accidentalmente en la sala de máquinas. Él fue quien dio la voz de alarma y organizó la arriada de los botes salvavidas, yendo de un lado a otro para poner orden y aplacar los inevitables conatos de histeria de algunos pasajeros. También se aseguró de que nadie quedaba atrapado en las plantas inferiores, y puso en peligro su propia vida al acercarse a las calderas envueltas en llamas, a punto de estallar. Incluso se atrevió a echar por la borda al capitán, que se había empeñado en permanecer en el puente de mando (siguiendo aquella absurda costumbre de los viejos lobos de mar, de no sobrevivir a la catástrofe). Todos, en definitiva, tanto la tripulación como el pasaje, habrían ensalzado el valor que derrochó en todo momento, si hubieran vivido para contarlo y no hubieran perecido poco después, al volcar sus frágiles embarcaciones en medio de una violenta tempestad. A falto de esos elogidos, una vez se quedó solo y pudo apagar el incendio con los extintores reglamentarios, el sobrecargo, mucho más calmado, evaluó la situación.
Los días hábiles
LA BÚSQUEDA
Edmundo Valadés
Edmundo Valadés
Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.
De bolsillo
NOVELA INCONCLUSA
Ignacio Rubio Arese
Ignacio Rubio Arese
Como escritor y activista que soy, además de abogado, jamás meneo un dedo en auxilio de un cliente sin antes consultarlo con Atticus Mandela, protagonista de mi novela en ciernes, sabio alter ego. Ávido de sus rebeldes consejos, me siento cada tarde con mi portátil en la pradera de San Isidro, tecleo un nuevo capítulo y él, como se llevase impreso en su ADN un bestiario de respuestas subversivas, me susurra audaces modos de solventar las dificultades de cada caso. Me he vuelto el Supermán de los oprimidos, el terror de los fondos buitre.
Estaba a punto de publicar mi obra cuando, misteriosamente, se me inundó el ordenador de virus y tuve que resetearlo para sofocar la pandemia. Desde entonces, mi personaje se ha vuelto codicioso, intrigante, calculador. Me incita a defender a los implicados en la operación Lezo en vez de paralizar desahucios. He dejado inconclusa la novela. Lástima.
Estaba a punto de publicar mi obra cuando, misteriosamente, se me inundó el ordenador de virus y tuve que resetearlo para sofocar la pandemia. Desde entonces, mi personaje se ha vuelto codicioso, intrigante, calculador. Me incita a defender a los implicados en la operación Lezo en vez de paralizar desahucios. He dejado inconclusa la novela. Lástima.
Nunca fuimos payasos. Practicábamos nuestro amor entre tristezas y lágrimas. Tu nariz tan pequeña, mi boca sin sonrisa, nuestra ropa gris y negra, apagada como una noche. Cuando salíamos a la calle todo el mundo bailaba y cantaba, los colores inundaban las aceras, las risas nos perforaban los tímpanos. Y nos volvíamos a atrincherar. Porque nos gustaba ser tristes. Porque éramos los únicos.
El Cuco se para junto al hombre que duerme y roba su sueño. Pasa de una alcoba a otra. Acumula sueños, tantos como quepan en su bolsa.
Es su antigua rutina, autoimpuesta, que completa lamentándose mientras revisa el botín.
Lamentarse es un proceso, lo conoce de memoria. Comienza al contar su tesoro y no puede evitar hacerlo con el mismo susurro que emplearía un glotón al elegir sus masas favoritas. Termina escribiendo la cifra final en un registro donde también detalla lo que observa al desplegarlos.
Los sueños robados huelen, para elegir cuál tomará en primer término se deja guiar por ese olor. Y accede al que lo atrae menos. Es su modo de jugar, su solitario de regla única: partir de las fantasías menores para llegar motivado a las visiones que abren camino, desvelan mundos, las visiones revolucionarias.
Todas las mañanas se propone quedarse quieto, pero llega la noche y siempre lo vence la ansiedad, el miedo a la inmovilidad y el dolor que le produce la palabra siempre al recordarle su opuesta. Jamás.
Jamás pudo generar sus propios sueños.
Todas las noches corre a buscar los ajenos.
Están cada vez más lejos.
Es su antigua rutina, autoimpuesta, que completa lamentándose mientras revisa el botín.
Lamentarse es un proceso, lo conoce de memoria. Comienza al contar su tesoro y no puede evitar hacerlo con el mismo susurro que emplearía un glotón al elegir sus masas favoritas. Termina escribiendo la cifra final en un registro donde también detalla lo que observa al desplegarlos.
Los sueños robados huelen, para elegir cuál tomará en primer término se deja guiar por ese olor. Y accede al que lo atrae menos. Es su modo de jugar, su solitario de regla única: partir de las fantasías menores para llegar motivado a las visiones que abren camino, desvelan mundos, las visiones revolucionarias.
Todas las mañanas se propone quedarse quieto, pero llega la noche y siempre lo vence la ansiedad, el miedo a la inmovilidad y el dolor que le produce la palabra siempre al recordarle su opuesta. Jamás.
Jamás pudo generar sus propios sueños.
Todas las noches corre a buscar los ajenos.
Están cada vez más lejos.
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

