Carta de Javier Díez Terrón

El pasado mes de febrero hemos puesto la guinda a estos dos magníficos años de viajes con La cajita de rapé y lo hemos hecho en Panamá, donde el último de mis tres inolvidables días me he reunido con el grupo de lectores DARK BLOVERS 507, cuya coordinadora, Sthephanie Albelo, me ha escrito un emotivo texto que ayer publiqué en La Glorieta. 

Hoy, para celebrar el 2º aniversario del inspector Benítez, quiero compartir con todos vosotros la carta que un lector al que no conocía me hizo llegar a través de MAEVA, la editorial que me dio la oporunidad de publicar mi primera novela. La carta que me envió Javier Díez Terrón, que así se llama mi querido lector, mi emocionó muchísimo no solo por lo que dice y lo maravillosamente escrita que está sino porque, como podréis comprobar, Javier es un gran conocedor del género policíaco. 

Con esta carta que hoy publico quiero proclamar bien alto mi más profundo agradecimiento a todas las lectoras y lectores que me habéis hecho llegar vuestros comentarios y mensajes en estos dos últimos años.     

¡Mil gracias a todos los que habéis hecho que cada día saque tiempo de donde no lo hay para avanzar unas cuantas páginas más del siguiente caso del inspector Beníte!

Javier Alonso García-Pozuelo


Estimado Sr. Alonso

Acabo de leer su novela, La cajita de rapé, y no he podido resistir la tentación de enviarle mi humilde opinión sobre la misma, a través de la editorial que ha publicado las peripecias del inspector Benítez en el llamado “caso de las Alcarreñas”. Varios motivos me han impulsado a semejante atrevimiento y osadía (le ruego, de antemano, me disculpe).

En primer lugar, al igual que usted, soy un apasionado de ese período tan convulso y, al mismo tiempo, imprescindible, de la historia de España: el siglo XIX; principalmente, en su segunda mitad. Todo lo relacionado con esos decenios (libros de historia, películas, biografías, etc.) me interesa per se; y, sobre todo, si los hechos transcurren en la Villa y Corte.

En segundo lugar, soy un ávido lector del universo literario de los grandes detectives de la historia; empezando, cómo no, por el inigualable Sherlock Holmes, y continuando con Hércules Poirot, Sam Spade, Philip Marlowe, Miss Marple y Víctor Ros (“casi” contemporáneo del inspector Benítez). Y, claro, el inspector Benítez no se podía quedar al margen de esta ilustre nómina de sabuesos.

Por esas razones –y alguna otra que le desvelaré más adelante– me he lanzado, a escape, a la lectura de La cajita de rapé. Sería una temeridad por mi parte juzgar la novela. Tan sólo me gustaría trasladarle algunas impresiones y percepciones personales. Intentaré ser breve y no quitarle mucho tiempo.

Es evidente que la novela cuenta con un trabajo de documentación extraordinario, casi apabullante. Por eso es muy didáctica y  pedagógica (la he leído con el diccionario siempre a mano). Describe con gran maestría cómo los principales momentos históricos se deciden entre bastidores, a través de intrigas, conspiraciones y movimientos en la sombra, con personajes movidos por la vanidad, la falta de escrúpulos, la traición y la ambición del poder (casi una radiografía de lo que estamos viendo en el panorama político actual).

Paralelamente, se desarrolla la trama policial: perfectamente estructurada y ensamblada en ese contexto histórico, sórdido y tenebroso. El dominio del lenguaje castizo es extraordinario, así como la descripción de personajes y los ambientes del Madrid de la época. ¡Cuántas veces, durante la lectura de la novela, me he imaginado viajando con el inspector Benítez en el simón de Soalleiro por La Latina y la carrera de San Francisco!

Y, cómo no, está la figura del inspector Benítez, protagonista absoluto de la historia. Con su sagacidad, sentido del deber y honestidad, se desenvuelve con exquisita profesionalidad en un entramado de intrigas y trifulcas políticas, que, en mi opinión, sabe gestionar con gran habilidad y tesón, bien arropado por su fiel equipo de colaboradores y otros personajes cruciales en la historia: Fonseca, Ortega Morales, Carmona, Domínguez, su sobrino José Francisco, su hija Eugenia, Belmonte… inolvidables todos ellos.

Y termino con el último motivo que me ha impulsado a enviarle esta opinión: agradecerle que haya escrito la novela. Es una delicia. La he disfrutado de principio a fin, página a página. El desenlace no defrauda: me ha parecido sorprendente y original (le confieso que no he sospechado de XXXXXXXXXX hasta bien avanzados los acontecimientos). Desde este momento, el inspector José María Benítez se incorpora a mi nómina personal de detectives literarios, compartiendo mesa y mantel con Holmes y compañía.

Nada más, no le quito más tiempo. Reciba un cordial saludo,

Javier Díez Terrón