Biografía de Carlos I de España (XXXVIII Parte), por Víctor Fernández Correas

Os ofrecemos un nuevo capítulo de la vida del emperador Carlos I de España y V de Alemania, cuya biografía publicamos por cortesía del escritor extremeño Víctor Fernández Correas, autor de las novelas La conspiración de Yuste, La tribu maldita y Se llamaba Manuel.


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TODO UN INMENSO JARDÍN, ESO ES AMÉRICA
Víctor Fernández Correas
A todo esto, hay que decir que, allende los mares, existía un inmenso jardín, como canta el eterno Nino Bravo, que hoy conocemos como América, y que por entonces era un terreno por explorar. Y ya se sabe cómo funciona la cabeza cuando se piensa en lo ignoto: que si corren ríos de leche y miel y en los campos el trigo es dorado como el sol, y que si hay oro a cascoporro. Pues eso.
    
Mientras mi colega Carlos andaba buscando perras como un loco para seguir repartiendo leña al turco, a Francisco I o a los protestantes —en puertas de liársela floja, y más que se la liarían en el ocaso de su vida—, Francisco Pizarro andaba por lo que se vino a llamar entonces el Nuevo Perú hinchándose a llenar sacas con oro y plata; sacas de las que enviaba su correspondiente parte, como es menester y así estaba prometido, al emperador. Y eso significaba galeras y galeras repletas de aquellos materiales arribando a los puertos españoles. En efecto, el famoso «Oro del Perú». Tanto era, que llegó un momento en que en España sólo se hablaba de Pizarro y de su oro. Monotema, vamos.
    
Como prueba del percal, aquí van estas líneas del cronista Alonso de la Cruz: “En ese año (1534) vinieron de la provincia del Perú, en las Indias Occidentales, muchas naos, y vino en ellas mucho oro y plata, así de su Majestad como de particulares conquistadores que se habían hallado en la conquista de aquella tierra…”. Como apunte, un año antes, en 1533, Pizarro se había apoderado del fabuloso tesoro de los incas y al siguiente, en 1534, le había enviado a mi colega, por mediación de su hermano Hernando, la parte correspondiente a la Corona. Y era pasta, mucha pasta.
    
Por resumir, cerca de 300 millones de maravedíes al año a partir de 1535. Tomando como base la tasa de cambio del año 1480 extrapolada al actual euro —1 maravedí equivaldría a 16 euros—, aquella cantidad supondría cerca de 4 800 000 000 millones de euros. Por redondear, casi 5 000 millones de euros al año. Eso, en 1535. ¿Es o no es pasta?

Y fue entonces, por primera vez, cuando el emperador dio palmas con las orejas felicitándose por tener recursos a diestro y siniestro para acometer las múltiples empresas en las que andaba enfangado.
    
En consecuencia, Carlos V no sólo se había convertido en el Señor de las Indias, sino también en el dueño de sus tesoros. Como si se cumpliera esa especie de profecía que salió de boca del obispo Mota, que en una ocasión le dijo que Dios le había hecho rey de tantos reinos y emperador de la cristiandad, además también de “otro nuevo mundo hecho de oro para él”. Tal cual.
    
Pasta, insisto, más que suficiente para embarcarse en todo lo que quisiera y más. Pero, y lo que es peor, pasta que se marchaba conforme entraba por esos miles de agujeros del camisón que era el imperio que se ufanaba en dirigir, y que nunca fue suficiente para afrontar todos los fregados en los que se metió. Pero eso es harina de otro costal.
    
No obstante, pasta —sí, me repito más que el ajo— para acometer aquellas empresas que tenía en la cabeza. Y la que más le ponía era darle a Barbarroja hasta en el cielo de la boca. Y el gusto se lo dio durante la toma de La Goleta. Pero eso, ya, para otro día.
© Víctor Fernández Correas

Carlos I de España
- Bernard van Orley -

Víctor Fernández Correas nac en 1974 y le dio por empezar a escribir a eso de mediados del año 2000, que fue cuando ganó un certamen de relato corto en su pueblo, Valverde de la Vera (Cáceres). Repitió al año siguiente y también ganó. Y asimismo fuera de su pueblo –por ver si sonaba la flauta-, como le ocurrió con el Primer Certamen de Relato Corto «Princesa Jariza» de Jaraíz de La Vera en ese mismo 2001. En 2008 se publicó su primera novela, La conspiración de Yuste, editada por La esfera de los libros. Cuatro años después, en 2012, volv a aparecer en el mercado literario con La tribu maldita, editada por Temas de hoy (Editorial Planeta). En 2018 ha publicado Se llamaba Manuel (Versátil Ediciones) y recientemente ha terminado una cuarta que saldrá en 2020. También ha colaborado en la antología Cervantes tiene quien le escriba, editada por Ediciones Traspiés en 2016, con el relato «La del alba fue».



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