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Reseña de «Un mundo peor» de Claudio Cerdán, por José Andrés Espelt

MIGAS CON PAN. RESEÑA DE «UN MUNDO PEOR», DE CLAUDIO CERDÁN
José Andrés Espelt
Quien siga buscando un mundo mejor, en las líneas de este libro no lo va encontrar.

El narrador describe las calles, peligrosas. Son una pura tragedia. Utiliza un personaje abatido, hundido y defenestrado por la vida. Un riesgo de mucho calibre.

El vacío representa el eje principal de la novela. Te lo recuerda durante todas las páginas, en un bucle terminal.

Si has seguido la trayectoria del murciano, y más en concreto la trilogía de Alicante, verás en este trabajo el esplendor máximo de su obra.

Claudio es así de K., hace que los padres nos pongamos alerta.

Ahora cuando mi hija sale a pasear al perro, la sigo con la mirada con una "pistola" en mis manos, mirando desde la ventana.

Una obra de inocencia destruida, de pesadillas.

¡Qué atrevida es la ignorancia!

Claudio estés en el lugar dónde te encuentres, te seguiré
.


«UN MUNDO PEOR» DE CLAUDIO CERDÁN
Sinopsis
Roberto Cusac, expolicía reciclado a detective, alcoholizado y solitario, vive obsesionado por un caso que destrozó su carrera, su matrimonio y su alma: la desaparición de su hijo de 6 años, Jaime, al que nunca encontró. Ha repasado mil veces las pistas y siempre le llevan a ninguna parte. Cuando le encargan que busque a una chica desaparecida, sus heridas parecen reabrirse, pero un halo de esperanza y la sensación difusa de que el destino le brinda una segunda oportunidad avivan de nuevo su instinto para jugar una última partida a doble o nada… 

Con ese lenguaje directo que acaricia la soledad de sus protagonistas y desnuda sus almas, Claudio Cerdán nos ofrece una historia reflexiva sobre el abandono y la pérdida, una novela policiaca que ahonda sin miedo en el dolor y la imposibilidad del olvido.

Esta reseña ha sido compartida por José Andrés Espelt para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Fue originalmente publicada en el blog CRUCE DE CABLES.

nació un 3 de julio junto al Paseo de Gracia de Barcelona. Colaborador de varios sellos editoriales en género negro, policíaco y criminal. Miembro numerado de Ficómic, BCNegra, Semana Negra de Gijón, La Bòbila, librería Negra y criminal… Autodidacta por naturaleza, pertenece a las asociaciones Novelpol y Brigada 21. Culpable declarado del blog Cruce de Cables.


Reseña de «Los mares del Sur» de Manuel Vázquez-Montalbán

RESEÑA DE «LOS MARES DEL SUR» DE MANUEL VÁZQUEZ-MONTALBÁN
Rafael Guerrero
Para cuando Pepe Carvalho fue contratado por la viuda de Stuart Pedrell en «Los mares del sur» ya sabíamos que uno estaba muerto y que otro venía de matar a Kennedy. Y si no de matarlo, al menos de enredar en aquel asunto. Este detective privado creado como reflejo literario de su autor, Manuel Vázquez-Montalbán, presumía de barcelonés agallegado, fajado durante la dictadura franquista militando clandestinamente en el PCE hasta que el hastío personal e ideológico le abocó a trabajar cerca de un lustro para la CIA estadounidense (de ahí su implicación en el magnicidio del citado presidente en Dallas) y después a ejercer el sucio oficio de sabueso en la ciudad Condal coincidiendo en el tiempo con la muerte de Franco y la llegada a España de la democracia, transición o transfusión, mediante.

Corrían tiempos tan jodidos como ilusionantes para la mayoría, porque para Pepe Carvalho fueron, efectivamente, jodidos, pero toda esa otra ristra de emociones y esperanzas se la traía al pairo o eso pretendía transmitir con sus cínicos comentarios cuando valoraba desencantado la sociedad que le rodeaba, los atavismos morales que se disfrazaban de modernidad y la supuesta dualidad entre el bien y el mal. Y todo ello regado siempre con buenos vinos blancos, alimentado gracias a los manjares que su fiel escudero Biscúter ejecutaba en una cocinilla de juguete en el mismo despacho en que dormía, acunado en los brazos de Charo, su novia prostituta y no exactamente en ese orden, y envenenado por una vasta cultura narrativa y filosófica devorada durante décadas y que por entonces reposaba en las estanterías de su casa en Vallvidrera aguardando a ser consumida por el fuego de la chimenea. No hay peor ira que la del converso.

Al acaudalado empresario catalán Stuart Pedrell se le hacía perdido o escondido en la Polinesia desde un año antes, su afición por la obra pictórica de Gauguin y la atracción que un paraíso virgen, tórrido y lejano ejerce en cualquiera que pretenda escapar de sí mismo, lo llevaron a obsesionarse con ese destino erótico y mitológico hasta que desapareció. Con tan mala suerte para él como para su sueño, pues el viaje en el que se embarcó solo pudo conducirle hasta un barrio marginal de Barcelona y dejarle allí tirado ya cadáver, cual bodegón expresionista.

Tras una errática y desconcertante investigación (el verdadero periplo por el sur de los mares), el protagonista dejará constancia de su buen hacer, sea por azar, sea por oficio. Sin embargo, el desenlace, el esperado, el deseado, es lo de menos. Al menos para mí, y me explico.

Dicen que no hay lector más correoso que un escritor; curtido en la tarea de coser letras no puede evitar percibir los hilos y las puntadas mal urdidas por su colega y, por ende, las suyas, con efecto retroactivo y sin posibilidad de enmienda. Al final, claro está, ni disfruta del texto ni se atreve a quemarlo.
 

Dando por válida esa premisa universal deduzco, en lo que a la novela negra en particular se refiere, que no hay público más difícil para esta que el de los detectives privados reales con ínfulas literarias.

Y ése es mi caso. Desde hace más de veinte años desempeño labores varias de investigación, y desde hace bastantes menos escribo libros de ficción basados en casos resueltos por un personaje que es a la vez persona y autor. El colmo.

Quizá por ese doble agravante, o a pesar de él, reconozco sentir admiración y respeto por la saga carvalhiana. Por la verosimilitud de su antihéroe, por la credibilidad de sus historias, por la honestidad de sus opiniones y percepciones, coincidan o no con las mías. Pepe Carvalho no huele a tinta, y salvando las distancias, épocas y experiencias, salvando la línea que separa el papel de la calle, poco me cuesta suscribir frases que salieron de su boca como si fueran mías. 

“Los detectives privados somos los termómetros de la moral establecida”. 
Quemen, por tanto, esta reseña. En memoria de Pepe y de Manolo. Y porque hace frío en los mares del sur.

Esta reseña ha sido escrita por Rafael Guerrero para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.

es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013) y Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015).


HAY QUE CREER EN LOS MILAGROS
Manuel Vázquez-Montalbán
"(...) la primera traducción que se hizo al francés fue Los mares del sur, ni siquiera se pudo traducir con el título original, porque ya existía un libro con ese nombre. No sé si fue por el título elegido por el editor o por la novela, pero no se vendió ni un ejemplar y lo liquidaron a precio de saldo en las librerías de las estaciones de ferrocarril. Pero un día, como ocurre en los cuentos de hadas literarios, pasó por ahí un crítico importantísimo que compró un libro barato para entretenerse durante el viaje, el de Los mares del sur, y decidió proponerlo para el Premio de Literatura de París y lo gané. Por eso hay que creer en los milagros (...)".

«Al pie de la letra», microrrelato de Christian Solano

Publicamos el microrrelato titulado «Al pie de la letra», por cortesía de su autor, el escritor peruano de microficción Christian Solano.
 

AL PIE DE LA LETRA
Christian Solano
Aún hierven los susurros en mi oreja. Pide que la haga mía, que la bese toda, que le lama la piel sudada, que la muerda. «Estoy mojadita», dice, y me excito al oírla. Me ordena que la golpee, que la ahorque. En realidad, probamos de todo. «Cómeme», sentenció finalmente un día, ebria de placer. Así lo hice. La corté en pedazos y la hice mía en cada bocado.

Motivos de fuerza mayor

Christian Solano (Lima, 1976) estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Graduado de la Escuela de Escritura Creativa del Centro Cultural PUCP de Alonso Cueto e Iván Thays. Fue incluido en la Antología de Minificción Peruana «Circo de Pulgas» de Rony Vásquez y en la Antología de Latinoamericana de Minificción «Ballenas en Hormigueros» de la editorial mexicana Ojo de pez, y seleccionado para la Antología Trinacional de Minificción «Borrando Fronteras - Ergo Sum 2014» (Argentina-Chile-Perú). Ha publicado «Almanaque» (Editorial Micrópolis. Lima, 2014) y «Motivos de fuerza mayor» (Ediciones Sherezade, Santiago de Chile, 2015).

Puedes leer una selección de microrrelatos de «Motivos de fuerza mayor», pinchando en la imagen.


Reseña de «El síndrome de Stendhal» (1996), de Dario Argento

EL CRIMEN, EL PODER ALUCINATORIO DEL ARTE
David G. Panadero
Los norteamericanos no son los únicos que cultivan el género negro. Ni siquiera son siempre los mejores. Frente a la continuidad y racionalidad en las tramas, se han alzado varios cineastas italianos que parecen dirigir guiados por sacudidas de adrenalina. Por arrebatos de pasión. Puede que sus películas sean más irregulares, pero aseguran un buen puñado de momentos cumbre y una intensidad difícil de encontrar en otras cinematografías. También una pasión por el crimen ritual y por la sangre que seguramente refleja su educación católica, su fascinación por los mártires.

Dario Argento gozó de enorme popularidad en sus mejores momentos, a lo largo de la década de los 70, cuando la distribución internacional era más equitativa y no había caído en la concentración de manos que ha dejado a Italia, a Europa, casi fuera del negocio del cine. Sin embargo este feo italiano no tira la toalla y sigue pergeñando películas como El síndrome de Stendhal, que tienen un recorrido comercial anecdótico. Algunas de sus películas de estas últimas décadas dejan bastante que desear, pero la presente ofrece más de un punto de interés que la hace merecedora de mejores laureles.

Tras su decepcionante experiencia en Estados Unidos y ya en franca decadencia, tanto industrialmente como en el plano creativo, a mediados de los 90 Dario Argento decidió volver a Italia en busca de un proyecto que le devolviera la posición privilegiada que tuvo en sus inicios. Volvería a contar con Ennio Morricone, que se ocupó de la música en sus primeros títulos, y abordó una temática que no le era nada ajena: el poder alucinatorio del arte. De esa manera podría recuperar la fuerza de su plástica, adentrándose en una atípica intriga psicológica inspirada en las conclusiones de la psiquiatra Graziella Magherini, que ha estudiado profusamente el llamado «síndrome de Stendhal». Dicha enfermedad, no demasiado común, causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, depresiones e incluso alucinaciones a las personas que son especialmente sensibles a la belleza de las obras de arte.

La policía Anna Manni está persiguiendo a un asesino violador en la ciudad de Florencia. Cuando entra en la Galería Uffizi empieza a ser sugestionada por los óleos, que cobran vida propia; empieza a interactuar con ellos hasta que pierde la conciencia y se despierta desorientada, sin saber quién es ni dónde está. Por momentos, Argento consigue desconcertarnos, saltándose a la torera cualquier continuidad entre espacios y tiempos, haciendo que La ronda de noche de Rembrandt se convierta en una puerta desde la que acceder al otro lado: la escena del crimen... Aunque esta primera parte de la película es de una creatividad desbordante y demuestra verdadero entusiasmo y arrebato, lo cierto es que acaba abusando de los efectos digitales, que en muchos momentos no resultan convincentes.

Por lo demás,
Dario Argento prescinde del misterio que rodea a la personalidad del asesino; el leitmotiv de El síndrome de Stendhal es la relación amoral que une a la joven policía y el asesino, donde placer y dolor se confunden —véase a Thomas Kretschmann con la cuchilla en los labios, una sensualidad enferma y vampírica...—, y, sobre todo, la nueva personalidad que emerge en la policía, su comportamiento endurecido, su aspecto afilado...

Sí, también sobre esta película planea la sombra de Hitchcock, sobre todo clásicos como Marnie, la ladrona o Vértigo. Es una lástima que el talento visual de Dario Argento esté siempre por encima de su capacidad para contar historias; al final hasta un planteamiento tan interesante como éste acaba degradado por su machacona pretensión de autoría
.

Esta reseña ha sido escrita por David G. Panadero para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.

David G. Panadero (Madrid, 1974)
es periodista y escritor. Ha ejercido la crítica de cine y literatura en varios medios: Gigamesh, Stalker, Bibliópolis: Crítica en la Red, Pasadizo... y ha dirigido el magazine gratuito Pause.
 

Debutó en las letras con Dark City. Mientras la ciudad duerme (Midons, 2000). Junto con Miguel A. Parra ha escrito los ensayos Ed Wood. Platillos volantes y jerseys de angora (T&B, 2005) y Tim Burton. Diario de un soñador

Su aportación más personal a la literatura cinematográfica es Terror en píldoras. Las películas episódicas de Terror (Kelton & Prótesis, 2010), ensayo que emparenta la tradición de la narración oral con los clásicos de la literatura fantástica y el cine de serie B.

Con todo, su gran debilidad sigue siendo la novela negra. Se le ha visto en las jornadas Mayo Negro, de la Universidad de Alicante, y forma parte, junto con Alejandro M. Gallo, del Comité de Honor del Congreso Internacional de Ficción Criminal que organiza la Universidad de León.

Además, ha dirigido la colección de novelas "Calle Negra" para La Factoría de Ideas.

Desde 2002, edita y coordina, ya sea en papel o a través de la Red, Prótesis. Publicación consagrada al crimen. Es su proyecto más personal -y visceral-, y con él ha contribuido al resurgimiento de la novela negra española.

Ha debutado como novelista con Los viejos papeles, editado por Literaturas Com, sello digital que también ha publicado su libro de relatos Miedo a salir de noche, un homenaje evidente a Eloy de la Iglesia.

Para la editorial Drakul, ha dirigido la antología de  "terror urbano" La ciudad vestida de negro.

Actualmente dirige la colección de género Off Versátil y trabaja como profesor de Lengua y Literatura y Técnicas de expresión narrativa en CEV (Madrid), escuela superior de comunicación, imagen y sonido, siendo además redactor de su Departamento de Comunicación
.


EL SÍNDROME DE STENDHAL (ficha técnica) 
Título original:
La sindrome di Stendhal

Año:
1996

Duración:
120 min.

País:
Italia

Dirección:
Dario Argento

Guión:
Dario Argento, Franco Ferrini 

(Novela: Graziella Magherini)

Música:
Ennio Morricone

Fotografía:
Giuseppe Rotunno

Reparto:
Asia Argento, Thomas Kretschmann, Marco Leonardi, Luigi Diberti, Julien Lambroschini, John Quentin, Paolo Bonacelli

Reseña de «Azul marino» de Rosa Ribas y Sabine Hofmann, por Xavier Borrell

RESEÑA DE «AZUL MARINO» DE ROSA RIBAS Y SABINE HOFMANN
Xavier Borrell
Tercera entrega de la trilogía protagonizada por la periodista Ana Martí en la década de los 50 en España, tras «Don de lenguas» y «El gran frío», escritas por Rosa Ribas y Sabine Hofmann desde Alemania, y publicadas por Siruela.



La sexta flota americana aterriza con pompa y boato en Barcelona en el año 1959, una ciudad que vive el periodo rancio que imprime lo más oscuro de la época franquista. Tienen que convivir dos culturas y formas de vida enteramente distintas por las calles del Barrio Chino de la Ciudad Condal, pero pese a la buena voluntad de las dos partes, las trifulcas aparecen accidentalmente. Se ha hallado asesinado un marinero en lo que podía parecer una pelea de bar cualquiera.

Ana Martí desde su pluma afilada como escritora de El Caso y Mujer Actual, se verá implicada en el asunto por su característico inconformismo a aceptar las versiones oficiales, junto con un reportaje que le traerá -o no- por otros derroteros en una casa de moda de alta sociedad. Así intentará entrelazar la resolución de este entuerto, no sin peligro para su integridad.

Nos hallamos ante una novela en que las tres reglas fundamentales se cumplen con creces: una excelente calidad literaria, pedagogía al exponernos como era la vida y los sentimientos de la gente a los que les había tocado esa época funesta, y una intriga y resolución grandilocuentes. Los no conocedores de los lances de los marineros estadounidenses en nuestra ciudad, aquí hallarán un escrito sobre el tema excelente y enriquecedor que no les defraudará.

Sin embargo, lo que destaco por encima de todo de esta novela es el admirable desenlace de la trama. Como tristemente no puedo hacer spoilers, solo me queda el consuelo de animarles a que la lean, en unos tiempos no precisamente repletos de sorprendentes finales en las novelas de intriga.

Enhorabuena a las dos escritoras residentes en Francfort por esta trilogía en la que hemos paseado por lo peor de la piel de toro, vivido la tristeza del periodismo de investigación, llorado  la dureza de la vida en la ciudad, resistido a los engaños de la religión, visto la vida rural con todos sus inconvenientes o padecido cómo ser mujer moderna en plena dictadura militar y no morir en el intento.

Las autoras ya han comunicado que no habrá, por ahora, más novelas de Ana Martí, sin embargo, un servidor se atreve a desearle larga vida a este personaje por no querer resignarme a su ausencia, a ver si hay suerte
.

Esta reseña ha sido escrita por Xavier Borrell para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.

es escritor, crítico y gestor cultural, especializado en literatura y teatro. Premiado en diferentes certámenes, ha publicado dos novelas: Amores Inciertos, El canto de la ira y el libro de relatos El baile de los muertos. Actualmente, dirige la web y programa cultural de Ràdio Cubelles, Propera parada, cultura, es colaborador literario del programa de Radio 3 (RNE), Todos somos sospechosos, y organizador del festival de Novela Negra Cubelles Noir, fue editor de la colección de novela negra Pan negro. Acaba de terminar su tercera novela.

«Señales de vida», microrrelato de Sergi Bellver

El siguiente relato, publicado con permiso de su autor -Sergi Bellver-, está incluido en «Agua dura» (Ediciones del Viento, 2013).
 

SEÑALES DE VIDA
Sergi Bellver
Trabajan en el instituto anatómico, rastrean respuestas entre la carne fría de los muertos y, desde hace un tiempo, evitan las preguntas de los demás forenses. La primera vez sobrevino tras examinar a una joven ―envenenada, bellísima―, al quedarse a solas en la sala de autopsias. En el beso se buscaron pronto la lengua con los dientes y al instante se reconocieron lobos del mismo clan. Desde entonces, cada vez que terminan en una cama, un baño público o el asiento de un coche, se montan como perros, sin ladrar. Muerden. Se dicen así el deseo, entre colmillos y sin cuidado, igual que los niños se llevan el mundo a la boca para aprenderlo. A la vez jauría y presa, se tientan a mordiscos para saberse vivos. Durante el día estudian el idioma de la muerte en la carroña de cada drama anónimo, pero de noche son aves atrapadas en una red, dos pieles hambrientas de placer y daño. En ocasiones, como depredadores que, con delicadeza, llevaran a su cachorro en la boca, juegan con el sexo del otro y con los dientes lo sujetan o lo abarcan hasta que la lengua obtiene respuesta y tiembla el cuerpo. Casi siempre, sin embargo, les domina la fiebre hasta buscarse a dentelladas la carne caliente de nalgas, espalda o nuca, donde dejan la marca del clan. Al día siguiente ―magullados, luminosos―, para evitar las preguntas de los demás, enmascaran con algún pañuelo al cuello esos rastros de vida entre cadáveres.


Sergi Bellver (Barcelona, 1971). Es autor del libro de relatos Agua dura (Ediciones del Viento, 2013). Sus cuentos han aparecido en una decena de antologías en España y Latinoamérica. Ha escrito crítica literaria para medios como el suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia o la revista Qué Leer, y ha trabajado como editor, profesor de narrativa, periodista cultural, guionista y librero. Editó los libros colectivos Chéjov comentado (2010), Mi madre es un pez (2011; con Juan Soto Ivars) y Madrid, Nebraska (2014), y ha prologado nuevas traducciones de El jugador, de Dostoievski, y, en catalán, de La metamorfosis, de Kafka. Colabora en el proyecto editorial Avispero.

Reseña de «Beltenebros» de Antonio Muñoz Molina, por Josu Arteaga

RESEÑA DE «BELTENEBROS», DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Josu Arteaga
Aparte de empezar y finalizar de manera rotunda, Beltenebros nos traslada a un Madrid de hospitales, fábricas y cines tapiados, con olor a fritura, tabaco y vino agrio, descritos con la precisión quirúrgica de la fotografía realista. Es en esos escenarios, donde la trama oscura y asfixiante, como debe ser en una novela negra, nos engancha de las solapas para no soltarnos hasta el final.
 

No destripamos nada cuando hablamos de un clásico, así que no me resisto a mencionar que de un estado y una organización revolucionaria, que pretende combatirlo y acaba siendo manejada en favor del primero, sólo puede resultar un humus negro y rico para una buena novela de polis chungos.
 

Pues bien, aquí nos sitúa Muñoz Molina, en una cloaca de vasos comunicantes, en un laberinto de espejos que nos confunden, en una entrevela que se deja adivinar de manera magistral en la novela.

¿Quién dicta las sentencias de muerte? ¿Quién maneja los hilos? ¿Hasta dónde son autónomas las decisiones que se creen propias?
 

El de Úbeda dibuja los personajes con carboncillo, los va ocultando en la penumbra y, en medio de un desolado escenario, nos habla de un heroísmo inútil, de unas organizaciones clandestinas entreveradas por los aparatos del estado, de la soledad y el miedo del militante sentenciado, de los topos y del juego del gato y el ratón, donde el bien (si es que existiera) y el mal se retroalimentan.
 

Soberbio el maquiavélico comisario Ugarte y soberbio también el perfil de sus víctimas y títeres, incluido por supuesto, el capitán Darman, un sicario de gabardina y sombrero, como no podía ser de otra manera.


«BELTENEBROS», DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Ficha
Fecha de publicación: 1989
 

Editorial: Seix Barral
 

País: España  

Nº de páginas: 256 págs

Sinopsis: Convocado por una organización comunista, Darman, antiguo capitán del ejército republicano exiliado en Inglaterra, regresa a Madrid para ejecutar a un supuesto traidor. Desde la clandestinidad, emprende un periplo trepidante en pos de su víctima del que una misericordiosa cabaretera, viva imagen de una mujer a la que amó, tratará de desviarlo.

Esta reseña ha sido escrita por Josu Arteaga para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.


Josu Arteaga (Arrasate 1971) es periodista titulado sin vocación, rockero apasionado sin solfeo y escritor parco que ha debutado con la novela «Historia universal de los hombres gato».

«Mensaje», microrrelato de Ana Grandal

Os ofrecemos, como parte de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016, y por cortesía de su autora, Ana Grandal, el microrrelato titulado MENSAJE.
 

MENSAJE
Ana Grandal
«Lo hcms sta noxe n kasa a ls 9». Enviar. Una centésima de segundo más tarde se da cuenta de su error: ha mandado el mensaje a María. No a Mario, a María. A su esposa. La precipitación y la similitud gráfica le han jugado una mala pasada.
    Un sudor frío le recorre la espalda. «Calma». Es imposible que María descodifique la información contenida en la escueta frase. Tal vez piense que es una invitación al sexo, ese sexo que, durante un año, ella le ha negado. Por otra parte, ¿no es verdad que, a pesar de su costosísimo celular ultraligero de niña pija, de rica heredera caprichosa, siempre olvida recargarlo? No puede evitar una sonrisa. Quizás, a las nueve, cuando Mario entre en su casa a descerrajarle a María un tiro en plena nuca, comprenda inútilmente su significado.


Te amo, destrúyeme

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación «Los orígenes de la vida» (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), «El comportamiento altruista» (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e «Inteligencia emocional infantil y juvenil» (Linda Lantieri, Santillana, 2009).

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.