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Microrrelatos de Francesc Barberá

Francesc Barberá Pascual (Algemesí, Valencia, 1979) es Graduado en Psicología. Sus microrrelatos han obtenido diversos premios y menciones en certámenes literarios. Escribe por una cuestión de principios: siempre ha preferido crear a destruir. Próximamente  verá la luz su primer libro de nanorrelatos.


A continuación os ofrecemos una muestra de cinco microrrelatos de Francesc Barberá, publicados con permiso del autor.

Todo empezó cuando me trasplantaron las dos manos. En tan solo dos semanas ya era capaz de escribir y manipular objetos casi con normalidad. Sin embargo, aquello no era lo más asombroso. Al poco tiempo descubrí que podía tocar el piano, a pesar de no haberlo hecho en mi vida. Luego me pasó lo mismo con los malabares y la papiroflexia. Incluso llegué a hacer algún truco de magia. Mi mujer y mis hijos están encantados con el cambio. Es más, ella se ha vuelto a enamorar de mí. Bueno, mejor dicho, de mis manos. Tanto es así que ahora ya no quiere besos, solo caricias. Además me exige a todas horas que le haga masajes. Qué manos tienes, me dice. Ella lo ignora, pero sueño con que todo vuelva a ser como antes. Hoy me ha pedido que recorte los setos del jardín. Al coger las tijeras de podar y comprobar lo afiladas que estaban, he sentido un cosquilleo por todo el cuerpo.

EL HOMBRE SIN PATRIA
Francesc Barberá
Un equipo de prestigiosos psicólogos americanos elaboró un test para medir el patriotismo. El cuestionario se administró a toda persona mayor de edad que llevara diez o más años residiendo en el país. Los resultados fueron realmente satisfactorios. A excepción de un caso. El sujeto en cuestión, natural de Wisconsin, había obtenido una puntuación extremadamente baja. Inmediatamente fue sometido a un exhaustivo examen. Se le presentaron una serie de estímulos como la bandera o el himno nacional ante los cuales no generó ninguna respuesta fisiológica. La sorpresa inicial se volvió preocupación cuando además descubrieron que nunca había empuñado un arma.

NOCHE EN EL MUSEO
Francesc Barberá
El grito de Munch alerta al vigilante del museo: el bodegón de Cézanne ha desaparecido. La Mona Lisa sonríe de forma enigmática, centrando las primeras sospechas. La maja desnuda, en cambio, parece no ocultar nada. Vulcano, despechado, acusa a la Venus de Botticelli, que a su vez señala al caballero, que, con la mano en el pecho, jura y perjura que es inocente. El pensador, taciturno, contempla la noche estrellada en busca de alguna pista. Ajenas a lo sucedido, las hilanderas continúan tejiendo al compás del tictac de los relojes blandos. Entretanto, Saturno disimula mientras sigue devorando a su hijo.

La fábula de Aracne (Las hilanderas)
Diego Velázquez
-1657-

Apostado en la azotea, le observo a través de la mira telescópica del rifle. Sus palabras aún resuenan en mi cabeza: "Lo siento, pero le falta determinación". Coloco el dedo en el gatillo y, como cada día, dudo durante unos inacabables segundos. Quizás mañana.

Papá lleva veinte años construyendo una maqueta. Su obsesión ha llegado a tal límite que reproduce fielmente cada detalle de la ciudad. Si el vecino decide pintar la fachada de su casa de otro color, papá corre a la tienda a comprar el mismo tono de pintura. Mamá está harta. Ayer se fue de casa. Después de buscarla durante todo el día, al final la encontramos en la estación. A través de la lupa pudimos ver cómo se despedía de nosotros mientras subía las maletas al tren.

«Microrrelatos escogidos» por Francesc Barberá (I)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Francesc Barberá, Graduado en Psicología y escritor.


LOS BÁRBAROS
Ginés S. Cutillas
Ante la inminencia de su llegada, no dudamos en derrumbar las murallas de la ciudad para que no pensaran que osábamos mostrar resistencia y enojarlos aún más. pero también incendiamos las cosechas con el fin de desanimarles si venían con intención de quedarse. Dejamos de escribir las leyes, convencidos de que ellos las rescindirían y también olvidamos castigar a los malhechores, que pronto se adueñaron de la ciudad. A los niños los abandonamos a la deriva en barcos y a todas las mujeres en edad fértil, por no matarlas, les extirpamos los úteros para que ninguna criatura impía creciera en ellos. A los ancianos les dimos una muerte digna y los enterramos con todos los honores.
    Más tarde, reunidos en el ágora, debatimos si matar al Rey, por aquello de adelantarles trabajo y quizá conseguir que nos mostraran clemencia. En medio de tanto caos, con la cabeza del monarca todavía rodando por el suelo llegó el oteador, exhausto, para comunicar que ni rastro de los bárbaros, que nadie los había visto en años y que incluso había quien aseguraba que ya no existían.



EL HOMBRE ELEFANTE
Agustín Martínez Valderrama
Me corté una oreja y salí de casa. En el ascensor mi vecino me preguntó qué había ocurrido. Le dije que fue un accidente, esquiando. Al tipo del quiosco le expliqué lo del atraco y la navaja. Luego, en la cafetería, el camarero insistió. Se me cayó, respondí sin más. En la oficina confesé que sufría un tumor. Funcionó. Hasta ella se acercó y me besó en la mejilla. Tenía una voz bonita, olía bien y era más guapa aún de cerca. Unos días después todo volvió a ser como antes. Ayer me corté la otra.

Sentido sin alguno

MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
Javier Puche
Igual que las ballenas, este verano fuimos al Polo Norte, huyendo del calor. Pero tuvimos mala suerte. Mis padres se pelearon como nunca (rompieron a gritos un iceberg). Mi abuelo, hombre práctico, aprovechó para morirse. Tras lentas lágrimas de hielo, mi abuela también. Yo me enamoré de una esquimal, que me congeló el alma. El último día, dos alces nos atacaron bajo la nieve. A mi hermana, que les tiró una bota, se le puso azul el pie y tuvieron que cortárselo con un serrucho. Ahora huimos del frío, en dirección al sur, igual que las golondrinas.

Fuerza menor

CARENCIA: f. FALTA O PRIVACIÓN DE ALGO
Iván Teruel
Un edificio a medio construir, un puzle inacabado, la manga vacía de la gabardina de un manco, el torso de Belvedere. Ese extraño embelesamiento. O aquella necesidad de buscar siempre alguien inseparable: en el colegio, en el instituto, en la universidad. Y después Valeria y la manera desesperada de entrar en ella. Apenas un sucedáneo. La condición de hijo único, pensabas. Pero un día, inesperadamente, aparece la foto de colores desvaídos, con el año de tu nacimiento en el reverso. La foto de tres, tal vez tomada por tu padre. La foto en que tu madre, con una expresión que no le recuerdas, posa, feliz, con dos bebés en el regazo. Dos bebés iguales, exactamente iguales.

El oscuro relieve del tiempo

EL PAÑUELO DE HILO
Elena Casero
Algunos lloran, sobre todo las señoras de buen corazón que se arrebujan en sus abrigos de pieles, tiritando de tristeza y enjugándose unas lagrimillas mientras observan la escena del mendigo destripado en medio de la calle, reteniendo el tráfico que lo rodea, atropellado frente a la puerta de la iglesia, protegido por un chucho desgreñado que no para de aullar.
   Tapándose la boca con un pañuelito de hilo dice una:
   —¡Qué lástima! Alguien debería llamar a la perrera
.


Discordancias

Estos microrrelatos han sido escogidos por Francesc Barberá para la CITA EN LA GLORIETA.



***

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«Microrrelatos escogidos» por Francesc Barberá (II)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Francesc Barberá, Graduado en Psicología y escritor.


UNA APACIBLE TARDE DE VERANO
Iván Teruel
Piensen en un frenazo agudo, de esos que taladran la conciencia de cualquiera. Interioricen, a continuación, el sonido que produce un saco de piedras contra el suelo. Recuerden, también, cómo se encoge un gusano cuando siente una amenaza, pero sustitúyanlo por tres corazones. Ahora viene lo más duro: imaginen a tres madres que hablaban distraídas en el parque y que ahora corren, con un llanto espeso en la garganta, hacia la carretera que hay tras los setos. La escena es terrible, sí. Sobre todo, porque, cuando lleguen al lugar del atropello, dos de ellas no podrán evitar sentir una dolorosa sensación de alivio.

El oscuro relieve del tiempo

AMOR Y BASURA
Carmela Greciet
Correr una vez más en medio de la noche al vertedero. Sumergirme hasta el cuello en la montaña hedionda que emana gas y moscas. Buscarte y rebuscarte frenético y a tientas entre el caldo de grasas y vísceras podridas, de vinagre y de bilis, de orines y cebolla, de entrañas maceradas, de amoniaco, de sangre. Encontrarte indefensa y fetal y rescatarte. Cargarte a mis espaldas como un fardo humeante y, ya en casa, amor mío, limpiarte la carita y desamordazarte y regresarte y besarte y peinarte y amarte, amarte, amarte hasta que ya de hastío pueda odiarte. Hacer entonces, contigo, un fardo, vida mía, y arrojarte después a la basura, para de nuevo correr al vertedero, y una vez más, mi amor, poder salvarte, amarte, odiarte y arrojarte.

Microrrelato inédito

ELEMENTAL
Jesús Esnaola
Mientras Watson se acuclilla junto al cadáver, Holmes, envuelto en la nube de humo que sale de su pipa, examina la habitación en que se encuentran. Mientras Watson observa el puñal que la víctima tiene clavado entre los dos omoplatos, Holmes repasa las paredes desnudas sin una sola puerta o ventana, estudia el cubo perfecto de muros lisos que los rodea. Mientras Watson, seguro de que el hombre ha sido asesinado, se pregunta cómo el asesino ha podido salir de aquella trampa sin escapatoria, Holmes, confundida su silueta con el humo del tabaco, se pregunta intrigado cómo han podido, Watson y él, llegar a aquel lugar.

Microrrelato inédito

LOS SUICIDAS
Mar Horno
Poca gente sabe que a los ahorcados nos gusta balancearnos colgados de nuestra cuerda. Ya sea de una lámpara, de una rama o una la viga, amamos ese movimiento suave, ese bamboleo silencioso de mitigación del dolor, esa ondulación pendular de resarcimiento de nuestras culpas. Así nos sentimos libres al fin, como globos de colores, esperando que algún niño coja nuestra soga y nos pasee por el parque. Sabemos que es solo un sueño, que siempre termina viniendo algún desalmado que nos descuelga para meternos en un cajón triste, para mantenernos otra vez prisioneros, otra vez esclavos, otra vez dominados. Aunque nunca perdemos la esperanza de que las cosas puedan ser de otra manera, nunca perdemos la esperanza de que llegue antes el niño que el diablo.

Precipicios habitados

LA CUEVA
Fernando Iwasaki
Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y le dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.

Ajuar funerario

Estos microrrelatos han sido escogidos por Francesc Barberá para la CITA EN LA GLORIETA.



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«Microrrelatos escogidos» por Francesc Barberá (III)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Francesc Barberá, Graduado en Psicología y escritor.


LA FELICIDAD
Andrés Neuman
Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
 

No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
 

Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
 

Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
 

Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.
 

A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.


SELF-MADE MAN
Jordi Masó Rahola
El ingeniero Jules Bonnard (1945-2000) construyó una máquina del tiempo que le transportó al París ocupado por los alemanes. Se unió a la Resistencia francesa, fue perseguido por la Gestapo, tuvo un idilio apasionado con una partisana y asistió a la entrada de las fuerzas de liberación aliadas en los Champs-Élysées.
Pero el éxito de la aventura no fue completo: al volver, su madre agonizaba, y antes de morir, le revelaba un secreto: Jules no era hijo biológico del señor Bonnard, sino de un atractivo camarada de la Résistance. “Un cabrón que desapareció después de dejarme preñada”
.


Traducción del catalán del propio autor

MATRUSHKA
Miguel Ángel Zapata
El obeso mórbido bosteza y de su boca surgen los dos hombres más delgados del mundo, y al estornudar estos, vuelan al exterior desde la noche de cada uno de sus estómagos tres dragones enanos que vomitan fuego y expulsan en su última llamarada cuatro avioncitos en miniatura, dentro de cada uno de los cuales podemos atisbar, si aguzamos la vista y lupa en ristre, a un obeso mórbido a punto de bostezar.

Revelaciones y magias


LA EXPLICACIÓN
Miguelángel Flores
Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito sólo está en el cielo. Solo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.


CARNE REBOZADA
Agustín Martínez Valderrama
La cena se enfriaba en la mesa y nuestro vecino seguía igual. Desnudo, subido en una silla y con una soga al cuello. A veces, bajaba y deambulaba cabizbajo por la habitación. De aquí para allá. De allá para aquí. Luego volvía a subirse, se anudaba la cuerda y colocaba los pies en el filo. Así llevaba toda la tarde. Nosotros, desde la ventana, lo observábamos expectantes. Papá decía que sí. Mamá decía que no. Pero el hombre, que si sí, que si no, no se decidía nunca. Al final, corrimos las cortinas y nos sentamos a la mesa. La carne rebozada fría no vale nada.

Sentido sin alguno

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