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Microrrelatos de Manu Espada

Manu Espada, uno de los más reconocidos autores de microficción en castellano, ha obsequiado a los lectores y lectoras de CITA EN LA GLORIETA con cinco fabulosos microrrelatos que publicaremos cada miércoles de este mes de Junio.

Hoy comenzamos con una obra maestra del género, el microrrelato titulado «Árbol genealógico»
.

ÁRBOL GENEALÓGICO
Manu Espada
Cogí mi árbol genealógico, el que había dejado mi madre sobre la repisa del salón, y lo trasplanté en el jardín, junto al manzano. Le eché abono natural de oveja y vaca. Al día siguiente le había brotado una nueva tía abuela, dos hijos, cuatro hermanos y doce sobrinos. Estaba tan frondoso que tuve que podar a los primos lejanos. El de mi vecina era más pequeño. Lo tenía medio escondido junto a los geranios. Apenas tenía parientes. Me produjo cierta lástima que estuviera tan sola y decidí injertarle la rama en la que estaba mi nombre. Salté la valla de su huerto y conseguí llegar hasta los geranios sin que nadie me viera. Mi vecina no se dio cuenta del injerto, y lo regaba a diario con la manguera, junto al resto de sus flores. Al principio le salieron malas hierbas, pero volví a saltar la valla y eché un pesticida. En cuatro semanas, mi vecina y yo ya aparecíamos en el árbol como marido y mujer. Decidí romper con mi familia. Saqué un hacha y talé mi árbol genealógico. Esa misma noche dormimos acurrucados junto a la chimenea, al calor de la leña. Mientras, nuevos brotes crecían en el huerto, junto a las malas hierbas de los geranios.

«Árbol genealógico» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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«Árbol genealógico», microrrelato de Manu Espada

ÁRBOL GENEALÓGICO
Manu Espada
Cogí mi árbol genealógico, el que había dejado mi madre sobre la repisa del salón, y lo trasplanté en el jardín, junto al manzano. Le eché abono natural de oveja y vaca. Al día siguiente le había brotado una nueva tía abuela, dos hijos, cuatro hermanos y doce sobrinos. Estaba tan frondoso que tuve que podar a los primos lejanos. El de mi vecina era más pequeño. Lo tenía medio escondido junto a los geranios. Apenas tenía parientes. Me produjo cierta lástima que estuviera tan sola y decidí injertarle la rama en la que estaba mi nombre. Salté la valla de su huerto y conseguí llegar hasta los geranios sin que nadie me viera. Mi vecina no se dio cuenta del injerto, y lo regaba a diario con la manguera, junto al resto de sus flores. Al principio le salieron malas hierbas, pero volví a saltar la valla y eché un pesticida. En cuatro semanas, mi vecina y yo ya aparecíamos en el árbol como marido y mujer. Decidí romper con mi familia. Saqué un hacha y talé mi árbol genealógico. Esa misma noche dormimos acurrucados junto a la chimenea, al calor de la leña. Mientras, nuevos brotes crecían en el huerto, junto a las malas hierbas de los geranios.

«Árbol genealógico» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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«Agujero de gusano (La bala)», microrrelato de Manu Espada

AGUJERO DE GUSANO (LA BALA)
Manu Espada
La bala sale del cuerpo de JFK el 22 de noviembre de 1963, golpea contra la carretera de Dallas por la que circulaba su limusina Lincoln Continental y, con las matanzas de Vietnam de fondo, sale disparada hacia 1914, donde penetra en el uniforme del archiduque Francisco Fernando, provocando la Primera Guerra Mundial. El proyectil rebota en un edificio de Sarajevo y se dirige hacia el 17 de julio de 1918 para agujerear la cabeza del zar Nicolás II, desencadenando los episodios más sangrientos de la revolución rusa. Al golpear contra el paredón del sótano, el plomo gira hacia el Viernes Santo del 14 de abril de 1865 y perfora la cabeza de Abraham Lincoln, incitando la venganza yanqui en tierras confederadas. Al rebotar contra una esquina del teatro Ford de Washington, va hasta el 11 de septiembre de 1973, y Salvador Allende cae fulminado en La Casa de la Moneda de Santiago de Chile, dando inicio a las matanzas de militantes de izquierda. Cuando la bala cruza el Atlántico a velocidad de crucero acaba en el 4 de noviembre de 1995, causando la muerte de Isaac Rabín y poniendo fin al proceso de paz en Palestina. La bala rebota contra el muro de las lamentaciones y viaja hasta las 17:17 horas del 30 de enero de 1948, acabando con la vida de Mahatma Gandhi en Nueva Delhi. Una vez asesinado el líder de la no violencia, la bala mágica retorna a la mano de un siniestro desconocido con sombrero y gabardina burdeos y la introduce en el rifle modelo Mannlicher-Carcano calibre 6.5 mm. de Lee Harvey Oswald, que, apostado en lo alto de un edificio de Dallas, está a punto de provocar una hecatombe mundial en cadena.

«Agujero de gusano (La bala)» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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«Happy end (microrrelato negro)», microrrelato de Manu Espada

HAPPY END (MICRORRELATO NEGRO)
Manu Espada
Cuando el marido de Maruja llega del trabajo, le quita el culebrón que está viendo en la tele y mete un DVD. Ella no soporta las películas de cine negro que su esposo le obliga a ver cada tarde, así que se pone el batín azul y sale a la calle en pantuflas, con los rulos recién colocados. Entra en el bar de abajo para tomarse un anisete. El local no tiene halógenos en el techo, como de costumbre. La iluminación es tenue, los clientes se mueven entre sombras, a media luz. Las viejas losetas del suelo han sido sustituidas por un piso de madera noble. Han cambiado el mobiliario de metacrilato por otro de los años cincuenta. La atmósfera está cubierta de una neblina densa. Huele a Malboro. Varios individuos exhalan humo a bocanadas, como si hubieran derogado la Ley antitabaco. Cuatro tipos duros vestidos con gabardinas largas y sombreros de fieltro toman tragos en la barra. Whisky solo con hielo. Un hombre misterioso susurra algo al camarero en la penumbra, y de forma disimulada, le pasa un arma. Maruja se mira en el espejo de una columna. Su batín se ha convertido en un traje de noche, ajustado, con lentejuelas rojas. El vestido llega hasta los tobillos. Unos zapatos de tacón incrementan su estatura en diez centímetros. Se ve estupenda. Sus labios carmesí hacen juego con el cabello, una media melena que hace un momento estaba ribeteada con mechas rubias. “¿What happens here?”, dice Maruja en un perfecto inglés, con una voz tan grave como la vibración de la gruesa cuerda de un violonchelo. Maruja comienza a cantar frente a un micrófono clásico modelo “Shure 55SH”. El público la aplaude con entusiasmo. Con las primeras notas que salen de su prodigiosa garganta, el marido de Maruja regresa al salón con una cerveza y se sienta de nuevo en el sofá, frente a la tele. En la última escena de la película “L. A. Confidential”, su mujer, vestida con un traje de lentejuelas rojas canta el tema Makin' Whoopee. Al finalizar la canción, Russell Crowe estrecha lascivamente a Maruja entre sus brazos. El esposo observa cómo el barman le apunta con un revólver desde el otro lado de la pantalla.

«Happy end (microrrelato negro)», ha sido publicado en la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA con permiso de su autor, Manu Espada

es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

 

«La edad de los árboles», microrrelato de Manu Espada

LA EDAD DE LOS ÁRBOLES
Manu Espada
Dicen que se puede conocer la edad de un árbol contando las anillas concéntricas del tronco. El árbol que había sobre la tumba de mi padre tenía mi edad. Mi madre lo plantó cuando yo vine al mundo, justo el mismo año en el que mi padre murió en un accidente de tráfico. La visión de aquel manzano en la finca me perturbaba. Era como contemplar un árbol genealógico a la inversa, como una esquela de hojas caducas. Cuando cumplí los dieciocho años cogí el hacha y lo talé en finas láminas redondas como vinilos. Coloqué una al azar en el tocadiscos. Para mi sorpresa, el tronco tenía diecinueve anillas concéntricas. En el primer surco pude escuchar las promesas de mi padre y los llantos de mi madre. Cuando la aguja saltó al segundo surco escuché un sonido seco, como de crujir de huesos. Un leve quejido y el sonido de una azada removiendo la tierra. En el resto de anillas se escuchaba el sonido de los grillos y las plegarias de mi madre. Dicen que se puede conocer la edad de un árbol contando las anillas concéntricas del tronco, aunque para poder verlas, hay que cortarlo.

«La edad de los árboles» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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«Coleccionables», microrrelato de Manu Espada

COLECCIONABLES
Manu Espada
Con el primer número de septiembre, el periódico traía el bracito rosado de un bebé. Me propuse acabar el coleccionable. Quería ser madre. “Nancy, no eres constante, nunca acabas nada, igual que mamá”, me dije a mí misma. El año pasado, mi madre empezó a encajar las piezas de un galeón, pero dejaron de editar la revista y tuvo que dejar el barco a mitad de hacer. Lo quemó. Ahora, su esqueleto carbonizado flota en la piscina. El año anterior intentó compilar todas las selecciones nacionales de fútbol del mundo, pero nos destrozaban el mobiliario con el balón y decidió cortarles los pies. Hace años tiró la toalla con la colección de árboles de la Amazonía. Se dejó llevar por la desidia, y taló los más importantes, aunque dejó algunas especies raras en las macetas. En el jardín ya había plantado a aquellos asquerosos zombis en cuyos brazos colgó, a modo de frutos, la colección de cabezas reducidas. Yo tengo la intención de construir mi bebé al completo. Ya le he colocado las piezas de la columna vertebral, le he puesto el otro bracito, el hígado, los pulmones y una pierna. Me hizo mucha ilusión encajar el cerebro en el cráneo y enroscar su cabeza pelona en el cuellito. Mi mamá decía que yo no tenía cerebro. “Cabeza hueca”, me llamaba. Pero yo nunca abandonaré a mi hijo en un armario, como hizo ella. Tuve que dispararle con uno de los tanques de la colección de la Segunda Guerra Mundial que había empezado el abuelo. Deberían haberla enterrado en un ataúd coleccionable, un féretro de piezas blancas ensambladas a mano cada domingo. Mañana llega el sexo de mi bebé con el suplemento de la prensa dominical. Si es niña, pintaré de rosa el sótano. Si es niño, pintaré el garaje de azul. Y viviremos felices aquí, en esta casa de muñecas inacabada, inconclusa, incompleta, como los fascículos de un coleccionable de septiembre.

«Coleccionables» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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«Cantantes zombies (Microrrelato pulp)», de Manu Espada

CANTANTES ZOMBIES (MICRORRELATO PULP)
Manu Espada
Amo el “Soul”. Para disfrutar del género compré un tocadiscos en una subasta, un antiguo Westinghouse propiedad de Eric Wilson. Eric fue un cantante de cierta relevancia en los años setenta, pero devorado por las deudas acabó de segundón haciendo coros a la sombra de viejas estrellas como, James Brown, Eva Cassidy, Ray Charles, Ella Fitzgerald, o Curtis Mayfield. Nada más llegar a casa estrené el aparato de Eric Wilson con un vinilo de Nina Simone. A los dos días, las manos putrefactas de Nina llamaron a mi puerta. Le colgaba el ojo izquierdo. Se le veía el cráneo. Le faltaba un brazo. Su piel, verdosa. Conservaba algunos dientes y tenía las tripas fuera. Olía a pepinillos en vinagre caducados. Una zombi. Educada, pero zombi. Había salido de su tumba para venir a verme. No me fiaba. Cogí el atizador de la chimenea y le arranqué el brazo que le quedaba de un golpe. La encerré en el cobertizo de mi granja. Su voz había perdido algo de timbre, pero aún era capaz de llegar a las tres octavas y yo soy un fetichista. ¡Tenía el cadáver de Nina Simone en casa! Emocionado por mi hallazgo puse otro disco, esta vez de Otis Redding. Otis intentó entrar rompiéndome una ventana, pero le estaba esperando con mi escopeta de caza. Le volé las piernas a tiros. Tenía un agujero en el estómago provocado por el accidente de avión en el que murió, por lo que su caja de resonancia estaba algo tocada, aunque lo planté sobre la mesa (no tenía piernas, claro) y se marcó unos dúos impresionantes con Nina. Y así pasaron los días, entre zombi y zombi. Llené mi cobertizo de cantantes muertos que venían a mi casa desde todos los puntos del país cada vez que ponía un vinilo en mi tocadiscos. Conseguí domarlos. Me daban conciertos en el salón. Allí no cabía ya ni un alma. Decidí poner el disco de algún autor vivo, a ver qué pasaba. Cogí uno de Eric Wilson, el antiguo propietario del tocadiscos Westinghouse. Debía vivir cerca, porque nada más sonaron los primeros compases, llamó a la puerta con la mirada perdida. Una de mis zombis, Ella Fitzgerald, pareció reconocerlo. Se echó sobre él y le arrancó un trozo de cuello de un bocado. El resto del grupo se acercó al banquete y tuve que asustarles con un soplete para que se alejaran. Es una pena. Eric ya no canta igual, pero tiene buenos bajos. Lo he encadenado junto al tocadiscos. Durante unos días él será el solista. Las estrellas le harán los coros.

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