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Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler

Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA
Título: El asesino bajo la lluvia
Título original: Killer in the rain
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 55
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: septiembre de 2013
Traductor: Juan Manuel Ibeas Delgado.



EL AUTOR
Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época, fundamentalmente en Black Mask y Dime Detective Magazine. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.
 
Si quieres reseña, tendrás que esperar

Cuando Javier Alonso García-Pozuelo me propuso participar en la VII Semana Negra en la Glorieta, no tuve claro cuál podría ser mi aportación. Llevo poco más de un año con mi blog, así que, a mi experiencia, asuntos de esta índole le vienen grande; pero tengo un problema: no sé decir «no».

Tras varios mensajes en redes sociales, decidimos que una sección sobre relatos negros podría tener interés. Me hubiese gustado contar con alguien más para dar variedad de pluma; pero a diferencia de mí, los posibles colaboradores con los que podría contar, entre pocos y ninguno, sí que saben decir esa palabra que tan mal se me da a mí pronunciar. Siento que todo el menú esté preparado por las mismas manos, espero que no se te indigeste.

Una vez clara la temática de la sección, lo siguiente fue decidir que incluir en ella. Con las reseñas me defiendo, no soy demasiado ortodoxo, ya que me suelo ir por las ramas, pero con un trago de agua entran sin demasiados problemas. Prepárate un vaso grande porque tendrás que tragarte dos. El resto del menú estará compuesto de una entrada sobre la revista Black Mask (Con Black Mask como excusa) y un relato largo o novela corta, Buscaré su sonrisa en la acera, de una extensión parecida a los que se solían publicar en las revistas pulp de la época dorada del hard-boiled. Por desgracia para ti, en lo único que se parece es en la extensión, pero que conste, mi intención ha sido buena.

He elegido El asesino bajo la lluvia y El telón como víctimas de mis reseñas por tres motivos. El primero, el señor Chandler es su autor y este, por sí solo, ya es motivo suficiente. El segundo, ambos fueron publicados en la revista Black Mask, así que, con ellos, junto con la entrada que he mencionado, me hago un conjunto de tres piezas. En tercer lugar, estos dos relatos fueron canibalizados durante la creación de la novela El sueño eterno, lo que dota de cierta uniformidad a la elección.

Como ya me he ido lo suficiente por las ramas, va siendo hora de que comience con la reseña.

¡Qué estilo tiene Chandler!

El asesino bajo la lluvia fue publicado por primera vez en el número de enero de 1935 de la revista Black Mask. Este fue el cuarto relato que
Chandler publicó allí y, desde el tercero, ya estaba acostumbrado a aparecer en la portada. Su primer relato, al cual le dedicó cinco meses, fue Los chantajistas no matan (Blackmailers don’t shoot). Apareció en el número de diciembre de 1933 y cobró por él 180 dólares, a razón de centavo por palabra.

Para adquirir el estilo que la revista sugería a sus colaboradores,
Chandler, ni corto ni perezoso, se metió entre pecho y espalda todos los números anteriores de Black Mask. Por fortuna, eran revistas muy baratas, ya que si no hubiese perdido dinero con ese primer relato.

Había quien pensaba que la revista se había hammettizado, de forma que el estilo que
Chandler necesitaba desarrollar era el de un escritor que para él fue un referente. Chandler insistía en que, si un escritor tenía que invertir en algo, eso era su estilo. Él debió de tomárselo al pie de la letra, ya que nunca dejó de invertir en él y fue evolucionando con el paso de los años. Entre sus primeros relatos y sus novelas, su estilo experimentó un salto cualitativo.

El estilo que
Chandler exhibe en este relato es directo y sencillo, mucho más que el que posteriormente mostraría en las novelas. Por momentos resulta descarnado y funcional, lo que permite la inmersión en la historia sin que nada te distraiga.  El mismo Chandler dijo: «Menos mal que cuando empecé a escribir tuve el buen sentido de hacerlo en un lenguaje que no rebosaba de retórica».

Puede pensarse que tal estilo es fácil de llevar a la práctica, pero nada más lejos de la realidad. Tan solo se permite algún alto el fuego con la sencillez durante las descripciones.
«El aire le daba a Dravec en lo alto de la cara, levantaba su espeso pelo negro, movía las cerdas más largas del grueso sendero que era la ceja que le atravesaba el rostro en una línea continua. Tenía toda la pinta de un matón que ha pillado pasta».
Esa frase final, que en la mente de Chandler debe de ser una especie de corolario, a mí me deja estupefacto. Esto es bastante típico del estilo del escritor. Aquí otro ejemplo del comienzo de
El sueño eterno:
«Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares».
En esta ocasión, es Philip Marlowe el que se describe a sí mismo.

Pero el estilo de Chandler también se caracteriza por frases ingeniosas y humorísticas, unos diálogos chispeantes y un ritmo extraordinario. Tal vez lo más criticable de él sea que sus tramas nunca fueron muy elaboradas. A quienes nos gusta este escritor, siempre nos viene a la mente lo ocurrido con la muerte del chófer del general Sternwood en
El sueño eterno, un asesinato que Chandler deja sin resolver.

Cuenta la leyenda que, durante el rodaje de la película, en 1946, Humphrey Bogart preguntó a Howard Hawks, el director, quién era el asesino del chófer. Como lo desconocía, consultó a los guionistas de la misma, entre los que se encontraba Faulkner. Estos tampoco supieron darle una respuesta, de manera que el director le envió un telegrama a Chandler. ¿Quién si no él, que había escrito la novela, podría tener una respuesta?

Y sí que la tenía: «Que me ahorquen si lo sé». Por supuesto se convirtió en legendaria.

Pero hay que tener en cuenta que en las historias que se encuadraban en aquellos tiempos dentro del hard-boiled, lo más importante no era saber quién había matado a quién. De hecho, Chandler decía que leería una novela de Hammett aunque le faltara el último capítulo: «Sería interesante aun sin la solución, seguiría siendo una historia completa. Esta es la prueba de fuego».
 
Canibalizando, que es gerundio

Como ya te he comentado en algún sitio indeterminado de la reseña, Chandler era dado a canibalizar sus relatos durante la creación de sus novelas, espero que nunca lo acusasen de plagio por tal hábito. En el caso de El asesino bajo la lluvia, utilizó gran parte de él durante la escritura de
El sueño eterno.
Te cuento de qué va el relato y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, también hago las referencias de las partes canibalizadas por Chandler. No te preocupes, no destriparé nada.

Carmen Dravec, la hija del de la oruga negra sobre los ojos, es una joven que siempre elige al hombre equivocado. Al menos es lo que opina Anton Dravec. Como no tiene problemas económicos:
«sacó una cartera que no llegaba a ser tan grande como una bala de heno. Sobresalían billetes de ella en todos los ángulos. Cuando se golpeó la rodilla con ella, hizo un sonido pastoso que era un placer para el oído».
papá Dravec parece dispuesto a pagar lo necesario para deshacerse de ellos. En esta ocasión, para quitarse a un tal Steiner de la chepa, contrata los servicios del detective privado que protagoniza el relato. No tiene nombre, pero en mi mente es Philip Marlowe, lo que en imágenes se traduce en Humphrey Bogart.

Ya que estoy con Philip Marlowe, aprovecho para descubrirte las equivalencias utilizadas hasta ahora. Carmen Dravec corresponde a Carmen Sternwood, la hija menor del general Sternwood. En ambas narraciones tiene cierta fijación con chuparse el dedo gordo. Si te preguntas si Anton Dravec se corresponde con el general Sternwood, siento decirte que, aunque en parte sí, el general tiene mucho más que ver con el general Winslow que aparece en el otro relato que he reseñado. El que sí tiene su equivalente es Steiner, un librero especial que en el caso de El sueño eterno se llama Geiger. Es curioso que un personaje de su calaña tenga en ambos casos un apellido judío, aunque puede que esa curiosidad se deba a que el señor Chandler era un poco antisemita.
Establecidas las equivalencias, prosigo con la trama. En ambas narraciones, el librero las palma víctima de una sobredosis de plomo tomado en comprimidos con forma de proyectil. También en ambas historias, el detective privado se encuentra fuera de la casa del librero cuando se le suministra la inyección letal vía cañón de arma corta, y también, en ambas, la señorita Carmen se encuentra presente durante el luctuoso acto en estado de enajenación debido a las drogas. Y hasta aquí puedo leer; pero, por si te lo estás preguntando, te aclaro que durante el relato la lluvia es una constante. En esta ocasión, el conductor que muere es el de Dravec y tampoco se aclara quién es el asesino.

A partir de este momento, el detective privado se verá envuelto en una serie de sucesos en los que las armas y los disparos son protagonistas. ¡Pura acción! Prácticamente todos ellos también se desarrollan en El sueño eterno, así como los personajes que en ellos se ven involucrados. Varios de los hombres que pululan por la historia han formado parte de las relaciones amorosas de Carmen. La protagonista del relato parece vivir al límite, no sé si disfruta demasiado con ello, o al menos no es muy consciente debido a sus adicciones; pero desde luego no sale muy bien parada en las palabras que el investigador privado le dedica.
«No era un grito de miedo. Tenía el tono de un susto medio agradable, un acento de borrachera y un toque de pura idiotez».

«Después, toda expresión desapareció de su rostro pálido, que parecía tan inteligente como el fondo de una caja de zapatos».
Lo más agradable que dice de ella lo hace durante la descripción de su risa:
«Siguió con sus risitas, que correteaban por la habitación como ratas».
El protagonista de este relato tiene «cierto» tufillo misógino, pero en esta ocasión se libra de la parte homófoba con la que cuenta en El sueño eterno.

Tengo que decir que Chandler me parece un maestro de los símiles, aunque en algunas ocasiones se extralimita, como es aquí el caso; pero también hay que juzgar la literatura con los estándares del género y de la época, y no con los de la que nos ha tocado vivir a nosotros.

 
Aún no baja el telón

Me permito esta pequeña estupidez como título de despedida por el hecho de que tienes pendiente la lectura de la reseña de El telón, si es que quieres saber cómo acabó el tema de la canibalización. En lo que respecta a El asesino bajo la lluvia, tengo que decir que Chandler debió ver en él un cerdo, por eso de que de él se aprovecha todo.

Este relato es un claro ejemplo de historia hard-boiled, si eres de los que prefieres narraciones más del tipo enigma, tal vez se salga un poco de tu zona de confort; pero, en cualquier caso, no deja de contar con su misterio y emoción. Su lectura te proporcionará algunas pinceladas de ese detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico que es Philip Marlowe; uno de los nombres propios de la literatura criminal y del cine negro.

No pierdas la oportunidad de ser testigo de los primeros pasos de Raymond Chandler en el mundo de la literatura, pero si quieres seguir mi consejo, lee primero El sueño eterno, si es que aún no lo has hecho, y después El asesino bajo la lluvia.

Te espero en la siguiente reseña.

Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

Colaboraciones en la Semana Negra en la Glorieta
de José Javier Navarrete
➤Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
➤Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
➤«Con Black Mask como excusa
»
➤Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler
➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

***

José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.

Reseña de «El telón», de Raymond Chandler

Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA
Título: El telón
Título original: The curtain
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 55
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: septiembre de 2013
Traductor: Juan Manuel Ibeas Delgado.



EL AUTOR
Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época, fundamentalmente en Black Mask y Dime Detective Magazine. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.
A vueltas con el estilo

El telón fue publicado en el número de septiembre de 1936 de la revista Black Mask. Para entonces, Chandler ya era un colaborador prolífico de la revista, aunque no lo suficiente. Se dio cuenta de que con su edad no era capaz de escribir las palabras necesarias para sobrevivir como escritor. A pesar de que llegó un momento en el que ya no cobraba el mínimo de un centavo por palabra, sus ingresos eran ridículos comparados con las cifras que manejó durante su época de ejecutivo en el negocio petrolero. Lo tenía todo en contra, pero gracias al apoyo de su esposa Cissy y a su propio esfuerzo,
Chandler llegó a ser el escritor que hoy admiramos.

Esos años de penurias en los que cultivó el formato del relato, le sirvieron para que su estilo evolucionase hasta el nivel que exhibió en sus novelas. Bien es cierto que el estilo que
Chandler utilizó en los relatos de las revistas pulp estuvo condicionado por las líneas editoriales que daban prioridad a la acción y al divertimento. Sus historias tenían que ser violentas, pero era lo exigido para poder publicar. En algún momento trató de escapar de la fórmula, pero enseguida lo devolvieron al redil.

Chandler llegó a explicar: «Hace mucho tiempo, cuando escribía para los pulps, introduje en un relato una línea como ésta: “Salió del coche y caminó por la soleada acera hasta que la sombra del toldo de la entrada cayó sobre su rostro como el tacto del agua fría”. La suprimieron cuando publicaron el relato. Sus lectores no apreciaban estas cosas, sólo les interesaba la acción.
"Me propuse probar que estaban equivocados. Mi teoría era que los lectores sólo se imaginaban que les interesaba únicamente la acción; que en realidad, aunque no lo sabían, la acción les preocupaba muy poco. Lo que les gustaba, igual que a mí, era la creación de emociones a través de la descripción y el diálogo. Las cosas que recordaban, lo que les obsesionaba, no era, por ejemplo, que un hombre fuera asesinado, sino que en el momento de su muerte estuviera tratando de alcanzar un clip de la reluciente superficie de una mesa, y el clip se alejaba de él cada vez más, de modo que en su rostro había una expresión tensa y sus labios se abrían en una especie de mueca atormentada, y lo último en que se le ocurría pensar era en la muerte. Ni siquiera oía a la muerte llamar a la puerta. Aquel maldito clip seguía escapándosele de los dedos." (La vida de Raymond Chandler, Frank MacShane).

Aunque el estilo no fuese el deseado, el formato de relato largo o novela corta, utilizado en sus publicaciones de Black Mask, lo acercaban mucho más a la estructura de las novelas que luego escribiría que aquellos relatos cortos que había publicado durante su estancia en Inglaterra.

El mejor estilo de estos dos relatos que reseño surge en las descripciones y en el diálogo.

¡Benditos diálogos!

Siempre digo que me encanta la maestría que
Chandler demuestra con los símiles, pero en esta ocasión no vengo a hablarte de esto, hoy tocan sus diálogos. 
Los que tratamos de escribir sabemos lo difícil que resulta conseguir unos buenos diálogos. Hacerlos realistas, que huelan a calle, pero guardando cierta distancia. Chandler se consideraba un buen escritor de diálogos, no puedo estar más de acuerdo, y eso que tenía un hándicap. Aunque nació en los EE.UU., recibió su educación en Inglaterra, así que él mismo decía que cuando comenzó a escribir tuvo que aprender el inglés americano. Sus diálogos son puro estilo americano, no así el resto de su prosa que tiene un estilo más británico. A diferencia de otros escritores americanos, el uso del lenguaje vulgar que Chandler utilizaba en los diálogos no fluía de manera natural, su utilización la tenía que hacer de forma deliberada. Tal vez por ese motivo lograba que sus diálogos sonasen auténticos, pero con la distancia suficiente para que no fuesen una copia de los utilizados en la calle.

En El telón, como en cualquiera de sus historias, se pueden extraer ejemplos que dejan patente esa maestría a la que me refiero:
—¿Cómo se encuentra? —También su voz era suave y encantadora.
—Fenomenal —dije—. Solo que alguien ha construido una gasolinera en mi mandíbula.
—¿Qué esperaba, señor Carmady? ¿Orquídeas?
—Conque sabe mi nombre.
—Ha dormido mucho. Tuvieron tiempo de sobra para registrarle los bolsillos. Le han hecho de todo menos embalsamarle.
—Seguro que sí —dije.
En esta ocasión, nuestro protagonista, el detective privado Carmady, está hablando con una mujer después de que ha sido capturado. El diálogo continúa:
—Espero que no le hagan daño —dijo en tono distante, retrocediendo—. Detesto los asesinatos.
—¿Y es usted la mujer de Joe Mesarvey? Qué vergüenza. Deme un poco más de zumo.
Me dio un poco más. La sangre empezó a circular por mi cuerpo.
—Creo que me gusta usted —dijo—. Aunque tiene la cara que parece un parachoques.
—Aproveche la ocasión —dije—. No durará mucho con tan buen aspecto.
Esto es solo un ejemplo, pero los relatos de Chandler son una auténtica clase práctica de lo que deben ser los diálogos. Son rápidos, agudos y repletos de un humor sarcástico que siempre te arranca una sonrisa. Las intervenciones de sus detectives están plagadas de frases inesperadas que desorientan a su interlocutor y, de paso, al lector. En su mayoría son frescos, naturales e ingeniosos. La chispa de que los dota es muy difícil de conseguir.

En algún taller literario, hablando de los diálogos, se recomendaba ver películas clásicas (blanco y negro) con el único objetivo de mejorar este aspecto de la escritura. Muchos de los diálogos de Chandler me recuerdan esas películas, no en vano, algunas de sus novelas fueron llevadas a la gran pantalla y él colaboró como guionista (experto en diálogos) en algunas producciones de Hollywood.

Como lo prometido es deuda, me dejo de películas y acometo la segunda parte de la canibalización que
Chandler efectuó durante la escritura de El sueño eterno.

Los apetitos de El sueño eterno

Aunque espero que hayas leído la reseña de El asesino bajo la lluvia, para aquellos que puedan haberse despistado, recordaré que Raymond Chandler utilizó varios de sus relatos para construir algunas de sus novelas, lo que el autor denominaba canibalización. En el caso de El sueño eterno, de primer plato se sirvió El asesino bajo la lluvia y de segundo El telón. Sobre el primer relato ya hablé, ahora toca hacerlo del segundo.

El telón no solo fue canibalizado por El sueño eterno, la primera novela de Chandler, sino que también sirvió para inspirar el comienzo de El largo adiós. Supongo que como esta parte aún no había sido utilizada, nuestro amigo Ray decidió usarla para un comienzo apoteósico de esa otra magnífica novela que es El largo adiós.

Como en la reseña anterior, te contaré parte de la trama del relato y aprovecharé para hacer las pertinentes referencias de canibalización.
La historia comienza con algunos apuntes sobre Larry Batzel, Terry Lennox en El largo adiós. Un fracasado actor de cine que durante la Prohibición había trabajado como contrabandista de licor con una banda bastante dura. No sé si después, cuando Chandler escribió El simple arte de matar, hacía referencia a Larry cuando decía «que un astro cinematográfico puede ser el jefe de una pandilla». El caso es que este viejo conocido de Carmady, el detective privado protagonista del relato (Philip Marlowe en El sueño eterno), introduce la figura de Dudley O’Mara.

En torno a la desaparición de este individuo girará toda la trama de El telón, así como también lo hace gran parte de la de El sueño eterno, con la diferencia de que en la novela el desaparecido se llama Rusty Regan. Larry Batzel aporta cierta información que servirá para que Carmady se ponga en contacto con el general Dade Winslow (el general Sternwood en la novela), el suegro de Dude O’Mara.
«Lo único vivo en su rostro eran los ojos. Ojos negros, hundidos, brillantes, intocables. El resto de la cara era una plomiza máscara de muerte: sienes hundidas, nariz afilada, orejas con los lóbulos vueltos hacia fuera, una boca que era una fina ranura blanca. El cráneo conservaba unos cuantos mechones dispersos de pelo blanco».
Así es como describe Carmady al general, un casi muerto que al menos demuestra cierta cortesía dentro de aquel invernadero de orquídeas en las que el detective está a punto de desvanecerse víctima del calor y el penetrante aroma de las plantas:
—Brandy —dijo el general—. ¿Cómo le gusta el brandy, caballero?   
—De todas las maneras —dije yo.
El general Winslow contrata a Carmady para dar con su yerno, con el cual tenía una estupenda relación, ya que le parece extraño que haya desaparecido sin despedirse de él.

Por deseo del general, Carmady habla con la señora O’Mara (Vivian en la novela). La hija del general le pone al día de su relación con su marido antes de que este desapareciera, pero de poco más. Antes de dejar los terrenos de la mansión Winslow conoce a Dade, el hijo de la señora O’Mara, un niño de unos diez años bastante peculiar. El chico no tiene equivalencia en la novela, aunque en algunos aspectos juegue el papel de Carmen Sternwood, la hija pequeña del general en El sueño eterno.

Siguiendo la pista sobre la que lo ha puesto Larry Batzel, Carmady se ve envuelto en una serie de asuntos que se saldan con sus correspondientes tiroteos, en los que el detective privado demuestra ser un tirador avezado en las circunstancias más inverosímiles.

Para acabar con el tema de la canibalización, decir que las tramas de ambos relatos se entrelazan, así como sus personajes, formando un conjunto muy superior en calidad al de las dos unidades de las que parte. Por este motivo te vuelvo a recomendar que leas primero El sueño eterno y luego estos dos relatos que he reseñado.

Bajó el telón

El telón al que hace referencia el título no es el de un espectáculo, sino el de la vida de las personas, que también puede ser espectacular, tal como lo es la obra de Chandler.

Aunque llegó algo tarde al movimiento hard-boiled, supo darle nuevos aires y sacarlo de los carriles por los que discurría. Admiraba a Hammett: «Y él demostró que el relato de detectives puede ser una forma de literatura importante. Puede que El halcón maltés sea o no una obra genial, pero un autor que es capaz de esa novela no es, en principio, incapaz de nada. En cuanto a que un relato detectivesco puede ser tan bueno como ése, sólo los pedantes negarán que podría ser mejor aún».

Pero tenía el convencimiento de que se podía llegar más allá de lo que lo había hecho quien fue su referente, que este género literario tan denostado por algunos podía elevarse a cotas nunca antes alcanzadas. Chandler defendió que el género era LITERATURA con mayúsculas, tanto con el ejemplo de su obra de ficción como con la defensa explícita de la de no ficción.

Estos dos relatos que he reseñado no son el mejor ejemplo para lo que he hablado en el párrafo anterior, pero como dijo Joseph Shaw, el editor de Black Mask: «vino a nosotros ya maduro; sus primeros relatos no dejaban ya nada que desear. Nunca existió la menor duda sobre el éxito final de Ray».
Si quieres disfrutar de ese Chandler de altos vuelos tendrás que leer sus novelas.

Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

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de José Javier Navarrete
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➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

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José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler 
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño eterno
Título original: The big sleep
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 368
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: 19 de abril de 2017
Traducción: José Luis López Muñoz.



SINOPSIS

El general Sternwood contrata al detective Philip Marlowe por un chantaje que concierne a su hija menor, y chupadedogordo, Carmen. Asesinatos, pornografía, droga, juego, delincuentes de poca monta y de no tan poca; esta es parte de la flora y fauna de la jungla de perversión en la que se sumerge Marlowe. Jungla en la que parece haber desaparecido el yerno del general, cuya ausencia a lo largo de toda la novela es tan constante como la lluvia.


 
EL AUTOR

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.

Caníbal

El sueño eterno fue la primera novela de Raymond Chandler. Para crearla canibalizó algunas historias escritas por él con anterioridad, fundamentalmente El telón y Asesino bajo la lluvia (ambas incluidas en esta edición de Debolsillo). Supone la aparición estelar de Philip Marlowe, un detective privado al más puro estilo hard-boiled (de acuerdo con el Brewer’s Dictionary of Phrase and Fable: alguien endurecido por la experiencia; una persona sin ilusión ni sentimentalismo).

¿Vamos al cine?

Al igual que me ocurre con Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés de Dashiell Hammett, no puedo pensar en Philip Marlowe sin hacerlo en Humphey Bogart. En 1946 protagonizó, junto a Lauren Bacall, una película, titulada también El sueño eterno, dirigida por Howard Hawks. Si aún no la has visto, no esperes más. En realidad sí, léete primero la novela.


 

La ruptura con el pasado

Chandler, como otros correligionarios del género, rechaza el legado de predecesores que hacían de sus novelas un problema de lógica y deducción. El mismo Marlowe dice:
No soy Sherlock Holmes ni Philo Vance. No es lo mío repetir investigaciones que la policía ha hecho ya, ni encontrar una plumilla rota y construir un caso a partir de ahí. Si cree usted que hay alguien trabajando como detective que se gana la vida haciendo eso, no sabe mucho de la policía.
Chandler no solo rechaza esta tradición, como ya habían hecho otros, incluyendo al mismo Hammett, sino que la desafía, llegando hasta el punto de dejar sin resolver el asesinato del chófer del general Sternwood. Bien es cierto que no tiene mayor transcendencia en el desarrollo de la trama, pero no deja de ser curioso que quede un cabo suelto en una novela de este tipo, al menos hasta que llegó Chandler.

La presentación en sociedad de Philip Marlowe

Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares.
Esta es la presentación de Philip Marlowe en El sueño eterno, lo curioso es que su apariencia es lo que menos importa, lo esencial es que a lo largo de la novela se puede disfrutar de un detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico. También algo misógino y bastante homófobo:
Las tiras de seda en las paredes, la alfombra, las lámparas recargadas, los muebles de teca, el violento contraste de colores, el tótem, el frasco con éter y láudano…; todo aquello, a la luz del día, resultaba de una obscenidad vergonzante, como una fiesta de mariquitas.
Lo que no resulta extraño dado que Chandler era homófobo.

Lo que si es más curioso es que el escritor quisiese para el papel de Philip Marlowe en la gran pantalla a Cary Grant, sobre el que pendía la sospecha de su bisexualidad.

El balón se pone en juego

La trama de El sueño eterno comienza cuando el de los cuatro millones de dólares entrega la siguiente nota de chantaje a Marlowe:
Muy señor mío: Pese a la imposibilidad de reclamar legalmente lo que aquí le incluyo (reconozco con toda sinceridad que se trata de deudas de juego) doy por sentado que preferirá usted pagarlas.
Respetuosamente,

A. G. GEIGER
La deuda es de la hija pequeña del general Sternwood, Carmen; una joven de vida disipada y un trasfondo que pasa desapercibido. Una caprichosa joven rica, cuyos límites morales se difuminan en sus apetitos mundanos. Marlowe la define así al poco de conocerla:
Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar sería siempre una cosa más bien molesta para ella.
Aunque pudiésemos pensar que la novela girará en torno al chantaje con el que comienza, no es más que la línea de salida, la verdadera carrera es la que sigue el recorrido de Rusty Regan, un antiguo contrabandista irlandés que ha dado el braguetazo al casarse con Vivian, la hija mayor del general. Tenía todos los boletos para caer mal al viejo Sternwood y sin embargo:
—Fue un soplo de vida para mí…, mientras duró. Pasaba horas conmigo, sudando como un cerdo, bebiendo brandy a litros y contándome historias sobre la revolución irlandesa. Había sido oficial del IRA. Ni siquiera estaba legalmente en Estados Unidos. Su boda fue una cosa ridícula, por supuesto, y es probable que no durase ni un mes como tal matrimonio. Le estoy contando los secretos de la familia, señor Marlowe.
Será una carrera repleta de cadáveres que se internará en un mundo de perversiones regido por personas de pocos escrúpulos con tendencia a la corrupción. Una auténtica yincana por Los Angeles de los años finales de la Gran Depresión.
Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo.
Es el tipo de detective conocedor del carácter ajeno, pero también de fuerte intuición. Desencantado con su vida y con la sociedad en la que le ha tocado vivir:
—¿Y por esa cantidad de dinero está dispuesto a enemistarse con la mitad de las fuerzas de policía de este país?
—No me gusta nada —dije—. Pero ¿qué demonios voy a hacer si no? Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo.
Solo quiere el dinero ganado con honestidad y así lo demuestra:
—Tiene usted una ventaja sobre mí, general. Una ventaja de la que no quisiera en absoluto privarle, ni en su más mínima parte. No es mucho, considerando lo que tiene que aguantar. A mí me puede decir lo que se le antoje y jamás se me ocurrirá enfadarme. Me gustaría que me permitiera devolverle el dinero. Quizá no signifique nada para usted. Pero puede significar algo para mí.
—¿Qué significa para usted?
—Significa que no acepto que se me pague por un trabajo poco satisfactorio. Eso es todo.
—¿Hace usted muchos trabajos poco satisfactorios?
—Algunos. Es algo que le pasa a todo el mundo.

El estilo de Chandler

El estilo narrativo de Chandler muestra diálogos repletos de jerga, símiles tan exagerados que te hacen sonreír, y su narrador, en primera persona, describe las escenas como lo haría una cámara cinematográfica, lo cual no es extraño, ya que años después comenzaría su carrera como guionista. Pero en algunos momentos su prosa alcanza una gran belleza:
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué más te daba si era en un sucio sumidero o en una torre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

Fin de línea

El sueño eterno es una lectura más que recomendable, no tanto por la trama como por los personajes, verlos crecer en cada página es un deleite. El ritmo es vivo y seguir a Marlowe agotador, aunque casi siempre llegue con el cadáver ya servido. Chandler , en su sencillez, me parece un maestro, hay frases que revolotean en mi cabeza, algunas de ellas acabarán posándose y, si no hay demasiadas letras empujando, puede que resistan el ímpetu de las que han de llegar.

Reseña de «El toro de Creta», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL TORO DE CRETA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El toro de Creta ocupa el séptimo lugar entre los trabajos que, siguiendo la senda del héroe griego, concluye Hércules Poirot. Inicialmente el relato se publicó en Estados Unidos en septiembre de 1939, en la revista This Week, y el título que llevaba era Midnight Madness.



Cuenta la mitología que, a la muerte del rey de Creta, Asterión, se disputaron el trono sus tres hijos: Minos, Serpeón y Radamantis. Minos alegó que era el elegido por los dioses y, para probarlo, pidió que un toro bravo saliese del mar. Secretamente, había acordado con Poseidón que este se lo proporcionaría a cambio de su sacrificio. Minos encontró tan imponente al animal que, en lugar de sacrificarlo, lo incorporó a su rebaño como semental. En venganza por haber roto su promesa, el dios hizo que la reina Pasífae se enamorara del toro y concibiera de él un ser híbrido, el Minotauro, tras de lo cual hizo enloquecer al toro que vagaba por la isla sembrando el terror. Hércules se enfrentó a él y consiguió dominarlo con sus poderosos brazos, luego lo llevó, montado sobre su lomo, cruzando el mar Egeo hasta Micenas donde se lo entregó a Euristeo. Este, al verlo, quiso ofrecerlo en sacrificio a Hera, pero la diosa lo rechazó por lo cual quedó libre. El toro atravesó la Argólide y cruzó el istmo de Corinto, causando estragos por donde pasaba, y finalmente el ateniense Teseo lo mató con su espada en la llanura de Maratón.



2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Diana Maberly visita a Poirot para pedirle ayuda. Su prometido, Hugh Chandler, ha roto el compromiso porque piensa que se va a volver loco y no debe casarse. Es hijo de un almirante que, sin motivo aparente, le ha obligado a dejar la carrera naval para exigirle que volviera a la finca de la familia, lo cual fue seguido de extraños sucesos como la aparición de unas ovejas degolladas y Hugh lleno de sangre, sin poder recordar nada de lo sucedido.

Poirot acepta el caso y se traslada con Diana a la finca de los Chandler, donde toman el té con el almirante, con Hugh y con el coronel Frobisher, viejo amigo de la familia. El coronel, en un aparte, cuenta a Poirot que ha habido algunos casos de locura entre sus antepasados, el último el abuelo de Hugh. Este, aparentemente sano y fuerte como un toro, se niega a ir a un médico por temor a que lo encierren. Frobisher muestra a Poirot la galería de retratos y, en particular, el de la fallecida madre de Hugh, amiga suya de la infancia, y le dice que no cree que pueda hacer nada. Después el almirante habla con Poirot en su despacho, le desagrada que Diana le haya mezclado en sus problemas, y se muestra dispuesto a proteger a su hijo de su enfermedad manteniéndolo vigilado en la finca familiar, sin que lo vea ningún médico. Le relata también que su esposa murió ahogada por un accidente mientras ambos navegaban en una barca. Después el detective charla con Hugh, este le dice que todo ocurre en sueños, cuando sueña se vuelve loco y se ve como un toro enloquecido o un perro rabioso, también ve espectros o se siente volar, está convencido de ser un monstruo sediento de sangre que se escapa por las noches pese a que le encierran con llave en su habitación. Está resignado a su enfermedad hereditaria y no quiere perjudicar a Diana, espera que sea feliz, piensa legarle todo el dinero que heredó de su madre e insinúa su intención de suicidarse. Poirot, además de por un corte que tiene en la cara que el joven dice haberse hecho al afeitarse, le pregunta si come o bebe algo especial, y tras su negativa le pregunta si alguien en la casa sufre una afección en los ojos. Hugh responde que su padre, y luego le confirma que el coronel Frobisher pasó muchos años en la India. Poirot, después, habla con Diana y le confiesa que tiene el temor de que se vaya a cometer un asesinato, y que es necesario que ambos se queden a pasar la noche en la casa. Mientras ella lo arregla, pese a las protestas del almirante y del coronel, él registra la habitación de Hugh. Luego va con Diana al pueblo y visita la farmacia con la excusa de comprar un cepillo de dientes.

En la madrugada, el almirante y el coronel se presentan en la habitación de Poirot y le piden que les acompañe a la de Diana, ante cuya puerta cerrada Hugh yace con un cuchillo ensangrentado en la mano, la sangre es de un gato degollado. Diana cuenta que alguien ha estado golpeando y arañando su puerta, intentando entrar. Hugh vuelve en sí, no recuerda nada, y va a la armería pretextando salir a cazar. Poirot lo detiene mientras está cargando una escopeta. Enseguida llegan Diana, el almirante y el coronel. Poirot declara que Hugh no está loco, ni ha matado al gato. Alguien le ha administrado un soporífero y ha puesto el cuchillo en sus manos, como en ocasiones anteriores. Revela que su crema de afeitar estaba impregnada de sulfato de atropina, que sirve para las afecciones oculares pero que en ciertas cantidades produce alucinaciones. Buscando un posible motivo que conduzca hasta el culpable, dice que el coronel Frobisher estuvo enamorado de la madre de Hugh, pero ella se casó con el almirante Chandler. Este se convenció de que Hugh no era hijo suyo, sino de Frobisher, y por ello primero asesinó a su mujer, fingiendo un accidente, y luego trató de inducir a Hugh al suicidio. Las historias de la India que contaba el coronel sobre venenos le dieron la idea. Poirot comenzó a sospechar cuando el almirante Chandler se mostró tan contrario a que su hijo fuera reconocido por un médico. El almirante Chandler, negándolo todo, coge la escopeta y sale de la casa diciendo que se va cazar. Poirot no se lo impide, y poco después oyen un disparo.




3. Los venenos de Agatha Christie


Es un tópico decir que, en las novelas policíacas, los hombres suelen matar con armas de fuego y las mujeres con venenos. “El veneno es un arma más propia de una mujer que de un hombre”, dice uno de los personajes de Tragedia en tres actos. En el caso de Agatha Christie, utilizó muy diversas formas para matar literariamente, pero ciertamente el veneno era su favorito. Repasando los asesinatos que se cometen en sus obras, resulta que el veneno suministrado por vía oral aparece en 72 casos, en 18 más se administra por otras vías. En 34 casos utiliza armas de fuego y en 29 armas punzantes o cortantes. Utiliza también golpes con objetos contundentes en 26 ocasiones, el estrangulamiento en 19, el ahogamiento por inmersión en 12. En 23 ocasiones describe suicidios, reales, simulados o inducidos, y en 19 otros medios diversos, desde obligar a un cardíaco a subir una escalera hasta empujar a alguien al paso de un vehículo o despeñarle (debo esta minuciosa contabilidad a Carolina-Dafne Alonso-Cortés en su libro Anatomía de Agatha Christie).Agatha Christie, durante la I Guerra Mundial, había sido enfermera voluntaria de la Cruz Roja; pasó una temporada encargada de una farmacia hospitalaria y, antes, aprendió con un farmacéutico de Torquay, donde adquirió algunos conocimientos al respecto que luego desarrollaría como escritora (en sus memorias cuenta que un siniestro farmacéutico que conoció, que llevaba siempre curare en el bolsillo solo por el placer de sentirse poderoso, le inspiró muchos años después el asesino de El misterio de Pale Horse). De hecho, empezó a escribir en 1916 trabajando todavía en el hospital y rodeada de venenos, lo que influyó en la forma en que se comete su primer asesinato literario. Cuenta en su autobiografía que su primera novela tuvo algunas buenas críticas, pero la que más le agradó apareció en The Pharmaceutical Journal, la publicación oficial de la Real Sociedad Farmacéutica, que la ensalzaba “por tratar las sustancias venenosas con pleno conocimiento de causa y no con los disparates a que tan acostumbrados estamos en este género. Agatha Christie conoce bien su trabajo”.

También por esa razón, a lo largo de sus historias
Agatha Christie no se limita a los populares arsénico o cianuro, sino que desarrolla ampliamente su imaginación para elegir venenos. En sus relatos y novelas aparecen, además del sulfato de atropina de El toro de Creta, la estricnina, la digitalina, la morfina, la nicotina, el ácido hidrociánico, el ácido clorhídrico, la estrofantina, el fósforo, el cloral, la cocaína, la eserina, la taxina, el ácido fórmico, la ptoína, el talio, la trinitina, el hidrocloruro de conicina o el ácido oxálico, además de otros venenos que describe de forma más vaga, como somníferos, tinte de sombreros, detergentes corrosivos o veneno de serpiente. También despliega su imaginación para exponer variopintas formas en las que sus asesinos consiguen administrar los venenos a sus víctimas: poniéndolo en el café, en el whisky, en una botella de vino, en un vaso de agua, en un vaso de leche, en un frasco de sales, en la cerveza, en un combinado, en el oporto, en bombones, en un refresco, en jarabe de higos, en unas ostras, en el champán (da título a Cianuro espumoso), en el té, o sustituyendo clandestinamente a las aspirinas o cualesquiera medicamentos. En otros casos, inyecta el veneno, lo hace inhalar, lo hace fumar, lo pone en un dardo, o en un ungüento, en una crema de belleza o, como en El toro de Creta, en la espuma de afeitar.

Por supuesto, sus protagonistas también saben manejarse bien con los venenos. En El toro de Creta, Poirot enseguida sospecha del uso de un veneno y de la forma en que se está administrando a Hugh Chandler. Desde su primera novela, El misterioso caso de Styles, Poirot demuestra un buen conocimiento en la materia y explica que tomar un narcótico con la estricnina retrasa la acción del veneno unas horas, dato esencial para averiguar la verdad en aquella ocasión. Ya en Bélgica, como se cuenta en La caja de bombones, se había enfrentado a casos de envenenamiento. Por su parte, miss Marple afirma en La huella del pulgar de San Pedro: “Desde luego, nada sé de drogas, que considero desagradables y peligrosas”. Pero tal modestia sobre sus conocimientos, rasgo usual en miss Marple que no debe engañar al lector, no le impide consultar libros de medicina y utilizar su propia experiencia en el uso de sulfato de atropina para sacar acertadas conclusiones sobre los efectos del veneno.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/