Catalanes en el Madrid de Isabel II

Hasta donde está Benítez llega la atronadora voz de José Antonio Ribalter. Curiosa sociedad la formada por el banquero gaditano y el viejo comerciante catalán, se dice el policía. Buena parte del vino de Valdepeñas llega hoy a Madrid en el ferrocarril de Alicante y es de esperar que, en un futuro próximo, también los vinos andaluces entren en la Corte por los caminos de hierro. Estableciéndose en las cercanías de la estación de ferrocarril, el señor Ribalter, con almacén de vinos en la calle de Toledo y proveedor de la mayor parte de los figones y tabernas de los distritos del sur de Madrid, se hace con una posición muy aventajada frente a sus competidores. Su tienda del barrio de La Latina seguirá funcionando, aunque, a partir de mañana, el almacenaje general, la distribución al por mayor y la administración del negocio se llevarán a cabo en el establecimiento de la calle de Atocha, mucho más amplio y mejor situado. El interés de Ribalter por asociarse con un capitalista que le permitiese llevar a cabo la operación es obvio, se dice Benítez, mientras contempla los exagerados aspavientos con los que el almacenista acompaña su atronadora voz. Menos clara le resulta la participación de Monasterio en el negocio de los vinos. Pero, quién es él para meterse en honduras económicas. Él, un humilde inspector de barrio cuya holgada posición debe, en gran parte, a la herencia recibida de su padre.
La cajita de rapé (Maeva, 2017)
Javier Alonso García-Pozuelo

CATALANES EN «LA CAJITA DE RAPÉ»
Javier Alonso García-Pozuelo
La presencia de Cataluña en «La cajita de rapé» no se limita a que el señor Ribalter –el almacenista de vinos en cuya casa se comete el crimen con el que arranca la novela– proceda de Sant Feliu de Guíxols y que el hecho de que él no fuese el hereu de su familia tiene una importancia capital en la novela. Desde el momento en que decidí ambientar «La cajita de rapé» en el año 1861 supe que, aunque la acción transcurriera en Madrid, habría catalanes en ella. Cataluña tendría mucha importancia en ese Madrid de Isabel II y el general O’Donnell.  Os explico por qué.

En una de las últimas reseñas dedicadas a «La cajita de rapé», Loli Ambit dice de ella que es una novela histórica y policíaca con un alto contenido político. Y en una novela ambientada en el reinado de Isabel II con un alto contenido político no podía faltar Cataluña, porque es en su reinado en el que tiene lugar el nacimiento del movimiento obrero, del asociacionismo y del distanciamiento de la clase obrera de los dos partidos liberales con mayor presencia en las Cortes (el Moderado y el Progresista) y todo ello comenzó o tuvo especial eco en
Cataluña.
 

En Cataluña, con motivo de la conflictividad entre obreros del textil algodonero y los patronos, se fundó en 1840 el primer sindicato —en la época se llamaba sociedad de resistencia— de la historia de España, la Asociación de Tejedores de Barcelona. Es en Cataluña donde se crean las primeras sociedades de socorros mutuos, que propiciaron el movimiento asociativo entre obreros. De Cataluña procedía la exposición elevada al Gobierno el 11 de mayo de 1855 reclamando mejoras de las condiciones laborales. Y en Cataluña tuvo lugar la primera huelga general de España en Julio de 1855.

Precisamente en la actitud tomada por el gobierno progresista de Espartero ante las reivindicaciones obreras está en buena parte el origen del giro que el proletariado hizo hacia el Partido Democrático y el Republicano en aquellas fechas. 

 
Baldomero Espartero
- José Casado del Alisal -
(1872)

Uno de esos simpatizantes del Partido Democrático, Nicolás Vilanova, un joven estudiante de Medicina que procede de Barcelona, juega un papel crucial en «La cajita de rapé» y, en él pensaba, cuando en la primera entrevista que me hicieron tras publicar la novela (casualmente fue para una emisora catalana, Ràdio Silenci) mencioné un hecho que, desde mi punto de vista tiene mucha importancia, al menos simbólica, para el movimiento obrero español. Me refiero a un texto publicado en «El Eco de la Clase Obrera» el 26 de Agosto de 1855, después de que el gobierno progresista de Espartero hubiese dejado patente que no estaba dispuesto a satisfacer las demandas de los trabajadores de la industria textil catalana.

Se trata de la «MANIFESTACIÓN FRATERNAL que la clase obrera de Madrid dirige a la de Cataluña en particular y a la de toda España en general», la cual contiene algunos fragmentos que me gustaría rescatar:

[…] no vacilamos en tenderos la mano como amigos, como individuos de una misma clase, como hermanos […] ¡Obreros catalanes y españoles todos! Ya se acabaron aquellos tiempos de barbarie en que el feudalismo sembraba el odio entre dos feudos, entre dos ciudades, entre dos pueblos. […] todos somos hermanos, vuestra causa es la nuestra. De los intereses vuestros como de los nuestros depende la suerte y el porvenir de todos. Los pueblos son todos solidarios: lo es la Humanidad entera.


Frente a la clase gobernante, que entonces como ahora jugaba con  mucha frecuencia la baza del “divide y vencerás”, en aquellos años comenzó a fraguarse un movimiento de asociacionismo obrero que traspasó los límites geográficos. No en vano, en la sublevación campesina de Loja, que tanta importancia tiene en la trama de «La cajita de rapé», participaron varios catalanes que viajaron por
el campo andaluz para dar a conocer las ideas del Partido Democrático, del republicanismo y del socialismo.

Muchos eran los catalanes empadronados en el Madrid de Isabel II y muchos de ellos tuvieron una participación capital en los
más destacados acontecimientos políticos, económicos y culturales del reinado isabelino. Sin embargo, contrariamente a lo que una visión reduccionista de la Historia pudiera mostrar, su ideología y los intereses que defendieron estuvieron muy lejos de ser homogéneos. Por poner un ejemplo, frente al poderoso lobby proteccionista de la industria textil catalana, podríamos mencionar a Joaquim Maria Sanromà, catedrático en la Escuela Superior de Comercio de Madridm, que fue uno de los más enardecidos defensores de las ideas librecambistas. 

Otro asunto en el que hubo grandes diferencias entre distintos sectores de la sociedad catalana fue el de la abolición de la esclavitud en la isla de Cuba, pero de este interesante tema hablaremos en otra entrada. 


*** 

es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria, además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Compagina su actividad docente con su pasión por la literatura, la historia (mantiene desde hace años Cita en la Glorieta, blog colaborativo de historia y literatura) y la música, llevando a los escenarios sus propias canciones en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica. El 28 de febrero de 2017 ha publicado con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II.


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Javier Alonso García-Pozuelo