Reseña de «La noche de los tiempos», de Antonio Muñoz Molina

Esta reseña forma parte de la serie «La Guerra Civil Española en la Literatura», escrita por José María Velasco. Puedes acceder a la relación de libros seleccionados pinchando AQUÍ.

«LA NOCHE DE LOS TIEMPOS», DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA
José María Velasco
No podía resistirme a incluir en «La Guerra Civil Española en la Literatura» a uno de los escritores a los que más admiro: Antonio Muñoz Molina. En 2009 publicó La noche de los tiempos, una novela no recomendada para lectores perezosos. A lo largo de sus casi mil páginas, el protagonista, que huye de muchas cosas, va a la búsqueda de la mujer que ama. Los personajes se van construyendo gracias a infinitas capas de pintura, todas ellas suaves, pero que acaban construyendo un trazo fuerte, profundo, que los define de forma rotunda. Un hombre casado que, al inicio de su madurez,  encuentra la pasión en una mujer joven y extranjera cuando ya no lo espera. Ese arquitecto, de origen humilde e ideas socialistas, que ha conseguido labrarse una buena posición gracias a su esfuerzo y a su inteligencia, ve cómo todo se desmorona con el inicio de la guerra. La escena en la que busca desesperadamente a su amada durante las primeras horas del conflicto tiene una tensión narrativa desbordante. Es destacable el esfuerzo que hace su autor por tratar de meternos en la mente de aquellas personas normales, que ven cómo su realidad cotidiana se hace añicos en mitad de la espiral de locura, la pasión por documentar la historia, por hacerla real y verdadera, que llega al más mínimo de los detalles.
«El lunes 20 de julio, al día siguiente de su cita fracasada con Judith, Ignacio Abel salió a las ocho y media de la mañana a la calle con la convicción absurda de que si repetía los gestos habituales de cualquier otro lunes alguna forma inteligible de normalidad se habría establecido. Hacia el oeste retumbaban disparos lejanos de un cañón. Un avión pequeño sobrevolaba la ciudad con la persistencia molesta y la falta de propósito visible de un moscardón. En las proclamas triunfales de la radio había un filo de histeria, chirriante como los himnos tocados a un volumen excesivo y los pasodobles y musiquillas de los anuncios intercalados sin apuro entre proclamas y amenazas.»
Hay escritores que necesitan decenas de páginas para contarnos algo. Otros lo consiguen en un breve diálogo. La lucha de clase, que puede ser un tema manido y en el que algunos pueden detenerse hasta el aburrimiento, Muñoz Molina lo retrata perfectamente en una conversación sobre el calzado:
cuando llega la lluvia las alpargatas de los pobres no la resisten cómo los zapatos de los ricos.
En su trama se mezclan los personajes históricos con los inventados por su imaginación, que no por ello, dejan de ser menos reales.

No es una novela para dogmáticos. Quien espere una historia maniquea de buenos y malos se decepcionará. Pese a que a lo largo de sus páginas se destila una admiración por la Republica y su fracasado intento de mejorar, a través de la ciencia y la cultura, la situación del país (los protagonistas principales se conocen en una conferencia en la Residencia de Estudiantes), tiene la suficiente objetividad como para acercarse a la verdad de los hechos. Y eso es algo que debió estar muy presente en la mente del autor durante el proceso de escritura porque esa contención trasmina a lo largo de todo el texto.

La trama se va explicando a través de continuos saltos en el tiempo, conformando un puzle en el que los personajes se van encargando de encajar las piezas. Y todo ello desde un narrador protagonista que nos cuenta, en presente y en primera persona, una historia que ha sucedido durante los últimos meses, los previos a la guerra y los primeros de la misma, sin perder en ningún momento la voz y el foco necesarios. Eso es lo más admirable de La noche de los tiempos. Es muy difícil contar, con la proximidad del presente, unos hechos que pasaron hace más de siete décadas y hacerlo a través de la mirada cercana de un personaje que nos acompaña de la mano y nos enseña todo el horror de aquellos escenarios.

«[…] en esa actitud como de replegarse para el sueño que tienen algunos cadáveres de fusilados, como de echarse para un lado y contraer las piernas y apoyar la cara en un brazo extendido a medias, durmientes tirados en una cuneta o junto a una tapia picoteada de disparos, salpicadas de borbotones de sangre».


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José María Velasco (Málaga, 1968)
Escribir poemas solo era un juego de la adolescencia y la primera juventud. Vivo en Barcelona desde hace más de 30 años. En 2008 tras décadas sin escribir (nunca ha sido mi oficio), decidí tomarme un año sabático para investigar la historia más hermosa que me habían contado: la de mi abuela, que purgó en una cárcel franquista el pecado de estar casada con uno de los primeros maquis que hubo en nuestro país, perteneciente al único grupo que le preocupó a Franco. Ocho años más tarde aún me peleo con una novela que cuenta su historia y con un blog DORMIDAS EN EL CAJON  DEL OLVIDO.

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