Esta reseña forma parte de la serie «La Guerra Civil Española en la Literatura», escrita por José María Velasco. Puedes acceder a la relación de libros seleccionados pinchando AQUÍ.
«RÉQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL», DE RAMÓN J. SÉNDER
José María Velasco
José María Velasco
Ahora que Ramón J. Sender no parece ser un escritor de referencia, semiolvidado en un segundo plano alejado de la actualidad y las modas, creo que la lectura de Réquiem por un campesino español es más necesaria que nunca. Me gustan las historias que producen emociones desde los sentimientos más básicos, las que están bien contadas, las que explican las historias reales o ficticias de personajes inolvidables, a los que les suceden cosas normales o maravillosas. Las tramas bien construidas que no olvidan la misión fundamental de la ficción: enganchar al lector desde la primera página y hacerle vivir un gozoso disfrute hasta que cierra el libro.
Sender pone el estilo al servicio de la historia. Un estilo sencillo, directo, sin artificios innecesarios, que se dedica a narrar los hechos sin entrar a enjuiciarlos. Es el lector quien lo hace a través de lo que le sucede a los personajes. Un narrador en tercera persona nos cuenta la vida de un campesino español, fusilado de forma injusta y cruel durante la guerra, a través de la mirada del cura que le traiciona, el mismo que le bautizó, le dio la primera comunión, le vio hacerse un hombre y le casó.
Y lo hace con un manejo del tiempo narrativo magistral. Mientras espera inútilmente a que el pueblo acuda al réquiem que va a celebrar por su alma un año después de la muerte, el mosén Millán va repasando la vida de Paco el del molino. Y en esos minutos vemos, a través de los ojos del sacerdote, la evolución del protagonista a lo largo de los casi treinta años de su vida en un pequeño pueblo aragonés de la franja cercana a Cataluña; años que vienen marcados por los trágicos acontecimientos de la Primera Republica y la Guerra Civil. Todo transcurre en la iglesia vacía, a la que sólo acabarán acudiendo los tres hombres que le provocaron la muerte, los caciques de la aldea a los que se enfrentó el joven idealista Paco. El contrapunto a la narración del mosén lo encontramos en el romance que va entonando el monaguillo, que recoge la historia popular ya convertida en leyenda, o en las opiniones y comentarios del “carasol”, que, como el coro de las tragedias griegas, se convierte en el eco incómodo que recuerda el drama.
Un drama que el escritor conocía bien: durante los primeros meses de la guerra su esposa fue torturada y ejecutada por negarse a revelar el paradero de su marido –una información que además desconocía– y su hermano, alcalde de Huesca, fue fusilado. Cuentan que Sender arrastró a lo largo de su vida el sentimiento de culpa que les queda a los supervivientes, el mismo que siente mosén Millán mientras recuerda a Paco. Escribió esta obra desde la condena del exilio, desde el desengaño del idealismo traicionado, tanto del anarquismo de su juventud, como del comunismo que abrazó durante el conflicto armado. Y lo hizo además en un plazo sorprendente: en apenas poco más de una semana. El resultado es una novela que cuenta una historia emocionante desde la sencillez más brutal, un libro que se lee en apenas unas horas y que es capaz de producir el sentimiento de mayor gozo para un lector: cerrar la última página con la pena que produce el fin de la lectura, con la necesidad imperiosa de encontrar otras historias, de continuar esa magia en otras novelas y de regresar a ellas para volver a disfrutarlas.
Sender pone el estilo al servicio de la historia. Un estilo sencillo, directo, sin artificios innecesarios, que se dedica a narrar los hechos sin entrar a enjuiciarlos. Es el lector quien lo hace a través de lo que le sucede a los personajes. Un narrador en tercera persona nos cuenta la vida de un campesino español, fusilado de forma injusta y cruel durante la guerra, a través de la mirada del cura que le traiciona, el mismo que le bautizó, le dio la primera comunión, le vio hacerse un hombre y le casó.
Y lo hace con un manejo del tiempo narrativo magistral. Mientras espera inútilmente a que el pueblo acuda al réquiem que va a celebrar por su alma un año después de la muerte, el mosén Millán va repasando la vida de Paco el del molino. Y en esos minutos vemos, a través de los ojos del sacerdote, la evolución del protagonista a lo largo de los casi treinta años de su vida en un pequeño pueblo aragonés de la franja cercana a Cataluña; años que vienen marcados por los trágicos acontecimientos de la Primera Republica y la Guerra Civil. Todo transcurre en la iglesia vacía, a la que sólo acabarán acudiendo los tres hombres que le provocaron la muerte, los caciques de la aldea a los que se enfrentó el joven idealista Paco. El contrapunto a la narración del mosén lo encontramos en el romance que va entonando el monaguillo, que recoge la historia popular ya convertida en leyenda, o en las opiniones y comentarios del “carasol”, que, como el coro de las tragedias griegas, se convierte en el eco incómodo que recuerda el drama.
«Aquella misma tarde los señoritos forasteros obligaron a la gente a acudir a la plaza e hicieron discursos que nadie entendió, hablando del imperio y del destino inmortal y del orden y la santa fe. Luego cantaron un himno con el brazo levantado y la mano extendida, y mandaron a todos retirarse a sus casas y no volverá salir hasta el día siguiente bajo amenazas graves.
Cuando no quedaba nadie en la plaza, sacaron a Paco y a otros dos campesinos de la cárcel, y los llevaron al cementerio, a pie. Al llegar era casi de noche. Quedaba detrás, en la aldea, un silencio temeroso»
Un drama que el escritor conocía bien: durante los primeros meses de la guerra su esposa fue torturada y ejecutada por negarse a revelar el paradero de su marido –una información que además desconocía– y su hermano, alcalde de Huesca, fue fusilado. Cuentan que Sender arrastró a lo largo de su vida el sentimiento de culpa que les queda a los supervivientes, el mismo que siente mosén Millán mientras recuerda a Paco. Escribió esta obra desde la condena del exilio, desde el desengaño del idealismo traicionado, tanto del anarquismo de su juventud, como del comunismo que abrazó durante el conflicto armado. Y lo hizo además en un plazo sorprendente: en apenas poco más de una semana. El resultado es una novela que cuenta una historia emocionante desde la sencillez más brutal, un libro que se lee en apenas unas horas y que es capaz de producir el sentimiento de mayor gozo para un lector: cerrar la última página con la pena que produce el fin de la lectura, con la necesidad imperiosa de encontrar otras historias, de continuar esa magia en otras novelas y de regresar a ellas para volver a disfrutarlas.
Si quieres recibir un correo cada vez que publiquemos una de estas reseñas, rellena el formulario de CONTACTO e indica en el mensaje "La Guerra Civil en la Literatura".
José María Velasco (Málaga, 1968)
Escribir poemas solo era un juego de la adolescencia y la primera juventud. Vivo en Barcelona desde hace más de 30 años. En 2008 tras décadas sin escribir (nunca ha sido mi oficio), decidí tomarme un año sabático para investigar la historia más hermosa que me habían contado: la de mi abuela, que purgó en una cárcel franquista el pecado de estar casada con uno de los primeros maquis que hubo en nuestro país, perteneciente al único grupo que le preocupó a Franco. Ocho años más tarde aún me peleo con una novela que cuenta su historia y con un blog DORMIDAS EN EL CAJON DEL OLVIDO.
TAL VEZ TE INTERESE:
| LA GUERRA DELS MATINERS, por Eduardo Montagut La Segunda Guerra Carlista, con derivaciones más allá del carlismo, es conocida en Cataluña con el nombre de Guerra dels Matiners (madrugadores, en catalán), y se desarrolló entre 1846 y 1849. LEER entrada. |
| EL FRACASO DE LA POLÍTICA, por Javier Alonso García-Pozuelo En febrero de 1936, en el contexto de una Europa sumida en una grave crisis económica y en plena efervescencia de la pugna ideológica entre democracia liberal, fascismo y comunismo, se celebraron en la España de la II República unas elecciones... LEER entrada. |
| LA LINDA TAPADA, por Javier Torras de Ugarte Julio de 1936, la reacción se alzaba frente al gobierno recién elegido y la Guerra Civil daba comienzo. Pocos días después del inicio de la insurrección se formaba en Madrid —al amparo de la II República, aún vigente— la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico... LEER entrada. |




