Los verdaderos héroes de Dunkerque, por José María Velasco

A lo largo de los últimos meses hemos publicado una serie de reseñas sobre novelas y relatos ambientados en la Guerra Civil Española escritas por José María Velasco. Dicen que a veces la realidad supera a la ficción, por ello el mismo autor nos introducirá ahora en historias reales del exilio republicano, historias que nada tendrían que envidiar a las aventuras de una novela.

LOS VERDADEROS HÉROES DE DUNKERQUE
José María Velasco
“Cuando 400.000 hombres no podían llegar a su país, su país vino por ellos” anunciaba la película Dunkerque de Christopher Nolan.
 

Los británicos con Churchill a la cabeza convirtieron un desastre militar en una evacuación exitosa, pero los verdaderos héroes de Dunkerque permanecen en el cajón del olvido.

El 10 de mayo de 1940 Hitler desencadenó la ofensiva invadiendo Holanda y Bélgica y, apenas cuatro días más tarde, Francia. La línea Maginot, que debía defender a los franceses, no frenó el avance. La Wehrmacht la superó por Las Ardenas y encajonó a los ejércitos inglés y francés en un pequeño espacio de terreno, cuya única salida era Dunkerque, una ciudad portuaria francesa en el Mar del Norte, a solo 10 kilómetros de la frontera belga.

A la desesperada, los británicos iniciaron la llamada Operación Dinamo para evacuar las tropas acorraladas en las playas de Dunkerque: el puerto había sido destruido por la aviación alemana. Los mitos de la historia cuentan que Churchill ordenó que cualquier bote que pudiera flotar zarpara, con el objetivo de rescatar a todos los hombres que fuera posible. La realidad es que la operación fue ocultada a la opinión pública y llevada a cabo por 40 destructores y 130 buques mercantes y de pasajeros. Solo cuando la situación era ya crítica, zarpó una flotilla de pequeños barcos pesqueros y de recreo que llegó a rescatar a un reducido número de supervivientes.

La intervención de los británicos fue menos heroica de lo que la propaganda de Churchill –que había sido nombrado Primer Ministro unos días antes
logró transmitir con éxito. La evacuación fue iniciada el 26 de mayo. A lo largo de los cinco días siguientes solo permitieron subir a los barcos a los soldados ingleses. Cuando ya estaban a salvo en su isla, se inició el rescate de los demás: los últimos, los que aguantaron la embestida enemiga hasta el final fueron los republicanos españoles que combatían bajo bandera francesa.

La desbandada de las tropas es descrita de forma magnífica por Ian McEwan en Expiación (2001), una novela que podría ser excelente si no fuera porque la insulsa historia de amor está muy por debajo de la brillante fuerza narrativa de las escenas bélicas. (McEwan es uno de los escritores con mayor talento y oficio, pero a menudo cae en la frialdad ante los sentimientos de sus personajes).

Mientras los ingleses se retiraban hacia las playas de Dunkerque, el ejército francés intentó retener la acometida alemana que, inexplicablemente, fue detenida por Hitler, en una muestra más de su escaso talento militar. Bajo bandera francesa combatían –muchos de ellos de forma obligada
antiguos soldados republicanos, que tras tres años de Guerra Civil en España, contaban con una experiencia de la que carecían el resto de combatientes. Unos 20.000 estaban encuadrados en unidades de combate como la Legión Extranjera o los batallones de Marcha y otros 60.000 participaban en tareas de fortificación en las compañías de Trabajo, la mayoría de ellos en primera línea de fuego a lo largo de la línea Maginot y la frontera con Bélgica.

Muchos españoles de las ocho compañías de Trabajo (de la 111 a la 118) murieron defendiendo las posiciones en las dunas de Bray. Buena parte de los legionarios que formaban el 11 Régiment Étranger d´Infanterie, eran antiguos combatientes republicanos reclutados en los campos de detención del sur de Francia. Tras la instrucción recibida en Argelia fueron adscritos a la 6ª División que debía frenar el ataque relámpago alemán. Participaron en los feroces combates en los bosques de Inor, muy cerca de la frontera belga, donde sufrieron los terribles bombardeos de los Stukas y el asalto de los vehículos blindados. Combatieron de forma heroica durante semanas hasta el 17 de junio. Cuando recibieron la orden de retirada ya era demasiado tarde porque estaban cercados por los alemanes en Saint-Germain-sur-Meuse. Antes de rendirse quemaron sus banderas para que no cayeran en manos enemigas. Solo quedaban con vida una cuarta parte de sus miembros.



Compañías de trabajo
-Dunkerque-

El 12e Régiment Étranger d´Infanterie, del que también formaban parte bastantes españoles, fue cercado en Soissons por blindados y aviones alemanes. A pesar de que las fuerzas enemigas les superaban 7 a 1, recibieron la orden de resistir a toda costa y en un solo día perdió un tercio de sus efectivos. Pese a la voladura de los puentes, unos 300 soldados supervivientes lograron escapar atravesando las líneas enemigas y llegaron a Limoges el día del armisticio.

Los Regimientos 21, 22 y 23 de Marcha de Voluntarios Extranjeros, formados por muchos soldados españoles (también por emigrantes judíos de Europa Oriental), se destacaron en el combate. El primero de ellos tuvo muchas pérdidas en los combates de Las Ardenas, donde fueron diezmados por la Luftwaffe. El 22 rechazó varios ataques alemanes en Villers-Carbonnel antes de ser aniquilado (se pueden ver bastantes  apellidos españoles en las lápidas del Cementerio Nacional de Mechelot). El Regimiento 23 partió del campo de entrenamiento de Barcarés hacia el frente del Aisne para combatir con la 7ª División Panzer de Rommel. Detuvo el avance enemigo durante dos días en Pont-sur-Yonne, pero un error de transmisión los dejó expuestos a la artillería enemiga. Cuando el fuego cesó, sólo permanecían con vida la mitad de sus hombres.

Se calcula que más de 5.000 soldados españoles murieron defendiendo el avance alemán, pero nadie reconoció su labor. Ni siquiera sus aliados, que pudieron escapar gracias a su coraje. Cuando el 31 de mayo finalizó el embarque de los soldados británicos, comenzó el de los franceses hasta el 4 de junio, fecha en la que se produjo la entrada de los alemanes en Dunkerque. Los supervivientes españoles de las compañías de Trabajo (habían sobrevivido ocho mil hombres de los veinte mil que las formaban) no pudieron subir a los barcos porque no les consideraron miembros del ejército francés. Todos fueron conducidos por los nazis a los campos de exterminio.

Los pocos españoles que lograron llegar a Inglaterra por sus propios medios, fueron encerrados en cárceles británicas y algunos incluso devueltos a Francia y entregados a los nazis.



La película Dunkerque reflejó el heroísmo de los ingleses, pero los verdaderos héroes fueron otros y, por desgracia, no habrá ninguna película que nos cuente su historia.

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José María Velasco (Málaga, 1968)
Escribir poemas solo era un juego de la adolescencia y la primera juventud. Vivo en Barcelona desde hace más de 30 años. En 2008 tras décadas sin escribir (nunca ha sido mi oficio), decidí tomarme un año sabático para investigar la historia más hermosa que me habían contado: la de mi abuela, que purgó en una cárcel franquista el pecado de estar casada con uno de los primeros maquis que hubo en nuestro país, perteneciente al único grupo que le preocupó a Franco. Ocho años más tarde aún me peleo con una novela que cuenta su historia y con un blog DORMIDAS EN EL CAJON  DEL OLVIDO.

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