Reseña de «El jabalí de Erimantea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL JABALÍ DE ERIMANTEA », DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El cuarto de los doce trabajos de Hércules y de Poirot es El jabalí de Erimantea. El relato se publicó inicialmente en Strand Magazine en febrero de 1940, en Estados Unidos en mayo siguiente en This Week llevando como título Murder Mountain.

Según la mitología clásica, este jabalí era un animal feroz y enorme que frecuentaba las laderas cubiertas de cipreses del monte Erimanto, entre la Acaya y la Élide, y que causaba estragos en toda la zona. En el camino Hércules hizo una parada para visitar al centauro Folo, con quien comparte comida y vino mientras recuerdan tiempos jóvenes. Los demás centauros huelen el vino y se enfurecen, ya que les estaba reservado. Atacan a Hércules, quien logra hacerles retirarse tras matar a varios de ellos con sus flechas envenenadas. Prosigue su camino en busca del jabalí, le hace salir de su guarida y lo persigue durante horas hasta acorralarlo en una zona cubierta de nieve donde el animal anda con dificultad y, saltando sobre su lomo, lo ata con cadenas y lo lleva a Micenas cargándolo sobre sus hombros.




2. Sinopsis.

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Ya que la aventura de La corza de Cerinea le había llevado a Suiza, Poirot decide hacer un poco de turismo y visita Chamonix, Montreux y Aldermatt. En esta última población toma el funicular para subir a Les Avines, pero al entregar el billete al revisor este, disimuladamente, le deja un papel con un mensaje en la mano. En realidad, es un comisario de policía suizo camuflado, Lementeuil, que pide su colaboración para detener a un peligroso asesino, Marrascaud, “un jabalí salvaje”, que va a reunirse con su banda en Rochers Nieges, la última parada del funicular a diez mil pies de altitud y entre nieves perpetuas. Poirot decide ayudar a su colega.
   
En el funicular viajan otras seis personas; el señor Schwartz, un parlanchín turista norteamericano; tres hombres con aspecto de mozos de cuadra que juegan a las cartas; un reservado hombre mayor con aspecto distinguido, luego sabrá que es el doctor Karl Lutz de Viena, exiliado a causa de los nazis; y una misteriosa mujer vestida de negro, la señora Grandier, que peregrina cada año al lugar donde había muerto su esposo escalando. Todos se alojan en el mismo hotel, donde Poirot finge ser un comerciante en sedería de Lyon y donde un camarero llamado Gustave se identifica ante él como el inspector Drouet, trabajando de incógnito. A la mañana siguiente de su llegada este le comunica que ha habido una avería en el funicular y están aislados; ambos sospechan que puede ser un sabotaje y que Marrascaud debe de ser uno de los huéspedes, pero no ven sentido a una cita en un lugar tan remoto y sin salida.

Mientras Poirot duerme, irrumpen en su habitación los tres hombres armados con navajas con las que amenazan con acuchillarle la cara, pero en ese momento aparece el señor Schwartz con una pistola automática, les desarma y encierra en un armario. Poirot sugiere ir a hablar con el camarero, revela que es el inspector Drouet, y el americano le dice que ha sido herido en la cara por los tres maleantes y que el doctor Lutz le está curando. Encuentran unas huellas de sangre en el pasillo y, siguiéndolas, descubren un cadáver en una habitación de una parte del hotel cerrada, con un cartel que le identifica como Marrascaud. Poirot, que se ha informado sobre todo el personal, explica que probablemente es un camarero llamado Roberto que se despidió, pero al que nadie vio tomar el funicular. Schwartz sugiere que debía repartir el dinero robado con los de su banda pero que los traicionó y ellos se han vengado.

Tres días más tarde llega el comisario Lementeuil con sus hombres, alertado por señales que ha hecho Poirot con un heliógrafo. Son conducidos a la habitación donde yace herido Gustave, el supuesto inspector Drouet, al que detienen. En realidad, es Marrascaud, mientras que el asesinado Roberto era el auténtico inspector.

Poirot explica al confundido señor Schwartz que enseguida se dio cuenta de que Gustave no era policía, ya que había trabajado toda la vida entre policías, y sospechó de él. Mascarraud se alarmó ante la llegada del detective. Había llegado al hotel para encontrarse con el doctor Lutz, que no era psiquiatra como fingía ser, sino cirujano plástico, y que le iba a cambiar el rostro para hacerlo irreconocible. Había secuestrado al inspector Drouet y lo había reemplazado antes de que llegaran sus hombres. El doctor Lutz le había operado, con la excusa de que había sido acuchillado, y finalmente se propuso acabar con Poirot, pero gracias a la intervención del norteamericano sus planes fracasaron
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3. Poirot, policía


Poirot afirma ante Schwartz que “he tenido que tratar con policías durante toda mi vida”, pero podría haberle precisado que él mismo fue policía. La vida de Poirot antes de su llegada como refugiado al Reino Unido durante la I Guerra Mundial (Alemania había atacado a traición y ocupado Bélgica) nunca es expuesta por completo, pero conocemos algunos detalles. En El misterioso caso de Styles, de 1920, la primera novela de Agatha Christie, donde Poirot se reencuentra con su amigo el capitán Hastings, que ha sido retirado por invalidez y convalece de sus heridas de guerra, se dice que fue “uno de los miembros más destacados de la policía belga”. Él mismo se define como “un policía belga retirado” y el inspector Japp recuerda que trabajaron juntos en 1904 en el caso del falsificador Abercrombie, que fue detenido en Bruselas. Nunca sabemos la edad de Poirot (tampoco hay manera de establecer una cronología coherente de sus aventuras), ni por qué no regresó a su país y decidió, en cambio, trabajar como detective privado en Londres. En Tragedia en tres actos, de 1934, dice que se retiró antes de la guerra y se presenta como nuevamente jubilado y dedicado a recorrer el mundo después de hacerse rico con su segunda carrera como investigador privado. Antes de finalizar la Gran Guerra ya le vemos trabajando en el relato El rapto del primer ministro, de 1923, y se deduce que en Bélgica ocupó un cargo importante ya que, cuando pregunta si le ha recomendado al Gobierno británico “mi viejo amigo el Préfet”, le responden que “uno que está por encima del Préfet. ¡Uno cuya palabra fue una vez ley en Bélgica… y volverá a serlo! ¡Eso lo ha jurado Inglaterra!”, insinuando que ha sido el propio rey Alberto. En La caja de bombones, relato también de 1923, Poirot confiesa a Hastings un fracaso en su época en Bélgica “en la época de la terrible lucha entre la Iglesia y el Gobierno francés” (debe referirse a la época de la ley de 1905 de separación de las iglesias y el Estado) y dice que “formaba parte de la Brigada de Investigación belga”. En El caso del baile de la Victoria, igualmente de 1923 y recopilado también en Primeros casos de Poirot, Hastings dice que fue “antiguo jefe de la Force belga”.

4. Rompiendo las normas.
 

No son pocos los autores que han establecido unas normas a las que teóricamente deben ajustarse las novelas policíacas, y no menos son los escritores que las ignoran olímpicamente o establecen tantas excepciones que en la práctica ofrecen el mismo resultado. Son famosas las 20 reglas de S.S. Van Dine, el creador del detective Philo Vance, publicadas en 1928 en American Magazine. La primera de ellas es que “el lector y el detective deben estar en igualdad de condiciones para resolver el problema”. Agatha Christie no solía seguir ningún tipo de normas, jugaba con los lectores y, desde luego, no respetaba ese precepto. Hércules Poirot suele saber cosas que el lector ignora hasta el final. En El jabalí de Erimantea sabe que el camarero Gustave no es policía, convencimiento derivado de su experiencia profesional, pero el lector no tiene manera de conocerlo. Algo parecido sucedía en La corza de Cerinea, sus sospechas sobre la verdadera identidad de la joven que busca derivan de haber visto actuar a la bailarina Katrina Samoushenka. Y también entre los trabajos de Hércules hay alguno, como Los pájaros de Estinfalia, donde Poirot ni siquiera se molesta en explicar cómo averiguó la verdad. Agatha Christie tampoco sigue la regla de Van Dine de que “el culpable nunca debe ser el mismo detective” (la rompe en Telón o La ratonera) o de que “el culpable debe ser uno solo” (veáse Asesinato en el Orient Express).

Agatha Christie perteneció y presidió durante años el Detection Club, formado por escritores británicos del género policíaco. Uno de sus miembros, Ronald Knox, publicó diez normas para escribir novela policíaca que sus colegas tampoco se tomaron muy en serio. Una de ellas es que “ningún accidente debe ayudar al detective”, ignorada en El jabalí de Erimantea ya que, si no aparece por pura casualidad Schwartz con su automática, Poirot habría muerto prematuramente, y otra que “no deben aparecer hermanos gemelos o, en general, dobles”, que Agatha Christie se salta en obras como Asesinato en el campo del golf o Se anuncia un asesinato, por no mencionar Los Cuatro Grandes donde Poirot finge tener un hermano gemelo, Aquiles.

Chesterton redactó un juramento que debían hacer los nuevos miembros del Detection Club en el que se comprometían a que sus detectives no utilizaran revelación divina, intuición femenina, artes mágicas, coincidencias, “Mumbo Jumbo”, “Jiggery-Pokery” (ambas expresiones en inglés equivalen a irónicas palabras mágicas o expresiones altisonantes utilizadas para encubrir un engaño) o acto de Dios. También debían comprometerse a no ocultar pistas esenciales al lector y a hacer un uso moderado de bandas, complots, rayos de la muerte, fantasmas, hipnotismo, rampas ocultas, chinos, supercriminales y locos. Es obvio que el juramento tampoco se tomaba demasiado en serio; despojando a miss Marple de su intuición femenina difícilmente hubiera resuelto ningún crimen, mientras que Poirot a lo largo de su carrera, aparte de aprovecharse de las coincidencias y seguir su intuición, se enfrenta a un buen número de complots y supercriminales (en Los Cuatro Grandes, uno de los sospechosos, además, es chino). La única regla válida, en el fondo, es que todo vale si se consigue contar una buena historia
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Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/