Reseña de «El lobo feroz», de Nele Neuhaus

Reseña de «El lobo feroz», de Nele Neuhaus, por
Maya Velasco
El cielo empezaba a iluminarse por el este; pronto saldría el sol, como lleva haciéndolo miles de millones de años, todas las mañanas, ajeno a las tragedias que pudieran desarrollarse en la tierra.
Hasta ahora no había leído nada de Nele Neuhaus y he quedado gratamente impresionada. Soy una verdadera fanática de la novela negra nórdica y El lobo feroz, última de la serie de Taunus, me ha captado para la alemana.

Nele vive en la cordillera del Taunus, cerca de Frankfurt, región en la que ambienta sus novelas. Su primer gran éxito fue Blancanieves debe morir. Después de ello, volvió a publicar los títulos anteriores de la serie, Amigos hasta la muerte y Algunas heridas nunca se curan.

En El lobo feroz, los policías Pia Kirchhoff y Oliver von Bodenstein, que forman parte del K11, la Brigada Central de Delitos contra las Personas de la Policía Judicial Regional de Hofheim, tendrán que descubrir qué le ha pasado a una joven encontrada muerta en un lago. La víctima, que muestra serias lesiones y rastros de abuso sexual, está deshidratada y desnutrida.

El tema principal de la novela es, entre otros, del terrible tema de los abusos sexuales a menores.

En la vida real, Nele Neuhaus está muy sensibilizada con los abusos a menores y forma parte de una asociación en Frankfurt que ayuda a niñas y jóvenes en situaciones difíciles, sobre todo de violencia psíquica o física.

El lobo feroz no es la típica novela negra de fácil lectura, asesinato, investigación, resolución. No hay un reducido número de personajes: el bueno, el malo, la víctima… La autora comienza presentándonos varios grupos de personas en un entorno más o menos cercano. Más que contarnos sus vidas, irá relatando situaciones e insinuándonos cosas que pudieran estar pasando o no; posibles relaciones entre los personajes, de manera que el lector va haciéndose una idea sobre cada uno de ellos, sobre lo que pudiera estar pasando y lo que va pasar, y sobre lo que pasó.

En primer lugar, como es tendencia últimamente en la novela negra, los investigadores son policías: Pía dotada de una intuición fuera de lo común (“¡Y en ese momento algo hizo clic en la cabeza de Pia! Como el agua que baja arrasando el cauce sinuoso de la riera seca después de una fuerte tormenta, la información fluyó por el cerebro, encajó por sí sola en el lugar y cobró sentido de pronto.”) y su jefe Oliver, con el que tiene una muy buena relación de trabajo (“[...] alguien con un marcado sentido de la justicia y elevados valores morales, insobornable, disciplinado, justo y recto.”) A su lado, otros investigadores que irán poniendo su granito de arena en la trama, y sus familias que de alguna manera, también estarán inmersas en la historia.

Una familia adinerada y respetada en su entorno, dedicada al cuidado de niños huérfanos o en situaciones difíciles, que ha creado un hogar para ellos. Las relaciones y problemas entre los padres y hermanos (algunos de ellos adoptivos) ayuda también a crear una serie de hilos invisibles enlazados con la historia.
 

Una famosa presentadora de televisión, muy bella y muy egoísta, y su hija. Un hombre que lo ha perdido todo menos la belleza de sus ojos azules, un reputado fiscal, un grupo de moteros, una psicóloga… y alguna que otra niña que pone el punto divertido a la historia:
No lleváis nada puesto —contestó Lilly, y se acercó más con curiosidad—. ¿Queréis hacer un bebé? Mamá y papá también lo intentan casi todas las noches, y a veces también de día.
Cómo la autora es capaz de crear tantos personajes tan bien definidos, insinuarnos lo que pasa sin dejárnoslo saber y crear una historia tan bien construida es la verdadera esencia de El lobo feroz.

En común con la novela negra nórdica, están los bellos paisajes en los que transcurre la novela, con meras referencias a ciudades; la implicación de las familias de los investigadores en la trama y, al menos para mí, la dificultad de lidiar con nombre tan difíciles y la relación de los casos del presente con casos del pasado.
 

Como toda novela negra, El lobo feroz presenta una atmósfera asfixiante de miedo, violencia, injusticia, inseguridad y corrupción del poder político. Como ya he dicho, lo que esta novela quiere mostrar es el sórdido mundo de los abusos sexuales a menores y de las redes de pornografía infantil. Lejos de victimismos sensibleros, la autora se limita a mostrarnos la cara oculta de esta realidad con la que chocamos cada día y que, a menudo, está más cerca de los que creemos. Esta aberración sucede en todas las clases sociales, en las propias casas de los niños y casi siempre hay alguien que hace la vista gorda, no solo las madres sino las autoridades, el entorno más cercano de los miserables que las cometen. No hay un solo lobo feroz: 
No tienes nada que temer —tuvo que esforzarse porque su voz sonara tranquila y segura—. Aquí no va a entrar ningún lobo. Sí que entra —susurró Louisa, adormilada—. Cada vez que tú te vas. Pero es un secreto. No puedo decir nada porque, si no, me comerá.
Pero además encontraremos, crímenes espeluznantes por su crueldad, inocentes desesperados por demostrar su inocencia, culpables que se sienten a salvo de cualquier sospecha.

Mi impresión es que nos encontramos ante una novela magistralmente construida, sensible con los temas actuales y con personajes realmente bien trabajados. No solo os invito a leerla, cuando acabas la última página, solo piensas en leer toda la serie de Taunus.


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Maya Velasco
Nací en Madrid (1962) y crecí rodeada de libros. Estudié Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid. Al terminar la carrera, impartí clases de literatura española a través de una ONG realizando dos de mis sueños que son compaginar mi pasión por la literatura con la enseñanza, compartiendo lo que esta me aportaba con ellos. En este periodo también organizaba obras de teatro en las que actuaban sus alumnos. Actualmente trabajo en un Despacho de Abogados de Madrid y escribo reseñas literarias para el blog colaborativo de Historia y Literatura  Cita en la Glorieta.

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